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El Heredero del Vacio - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 CAPÍTULO 2 —Lo Que Devora el Silencio
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2: CAPÍTULO 2 —Lo Que Devora el Silencio 2: CAPÍTULO 2 —Lo Que Devora el Silencio El cubo cayó al suelo.

Zhen Wu no lo soltó.

Sus manos simplemente dejaron de responder, porque toda su atención estaba dentro —metida en ese espacio oscuro que desde los siete años llamaba su vergüenza y que ahora, por primera vez, le había contestado.

El Vacío no había absorbido el Qi esta vez.

Lo había organizado.

Era una distinción pequeña, casi imperceptible, como la diferencia entre el silencio de una habitación vacía y el silencio de alguien que respira pero no habla.

Uno era ausencia.

El otro era espera.

¿Qué fue eso?

Se arrodilló junto al cubo caído, fingiendo que lo recogía, y volvió a intentarlo.

Cerró los ojos.

Llamó al Qi ambiente con la técnica básica que le había enseñado el maestro Gao —la misma que a él le llevó seis intentos aprender y a Zhen Wu cuatro años de fracasos consecutivos.

El Qi respondió.

Fluyó hacia su dantian.

Y el Vacío lo recibió.

No lo devoró.

Lo…

sostuvo.

Solo un segundo.

Luego desapareció de nuevo.

Pero ese segundo había sido suficiente para que Zhen Wu sintiera algo que no tenía nombre en el vocabulario de un chico de quince años que limpiaba establos: la sensación de que dentro de él había algo más grande que él mismo, algo que apenas empezaba a abrir los ojos.

—¡Zhen Wu!

¡El agua!

¿Quieres que te azote con el látigo de entrenamiento?

Se levantó.

Recogió el cubo.

Fue al pozo.

Pero mientras bajaba el balde a las profundidades del agua, su mente estaba en otro pozo —uno interior, negro y sin fondo— y se preguntaba hasta dónde llegaría si alguna vez aprendiera a caer sin miedo.

⸻ ⸻ ⸻ Esa noche, después de limpiar los tres establos, fregar el patio trasero y acarrear dieciséis baldes de agua, Zhen Wu se sentó en el umbral de la pequeña choza que le asignaban junto a los almacenes de grano.

La aldea Cimientos de Piedra se dormía temprano.

Los discípulos de la Pequeña Secta del Jade Roto tenían dormitorios de verdad —paredes sólidas, esteras de paja limpia, lámparas de aceite.

A Zhen Wu le correspondía una manta raída y la luz de la luna si el cielo estaba despejado.

Esta noche estaba despejado.

Cruzó las piernas, apoyó las manos en las rodillas con las palmas hacia arriba —postura de meditación, la única forma de cultivo a la que técnicamente tenía derecho aunque nunca le hubiera funcionado— y cerró los ojos.

Una vez más.

El Qi del ambiente era denso esa noche.

Las horas de quietud después de medianoche siempre concentraban más energía espiritual —era una de las pocas cosas que el maestro Gao le había explicado antes de dejar de molestarse en explicarle nada.

Llamó al Qi.

Llegó.

El Vacío lo recibió.

Esta vez no lo sostuvo un segundo.

Lo sostuvo tres.

Para un cultivador normal, tres segundos de Qi condensado en el dantian no significaban nada.

Era el equivalente a haber puesto una gota de agua en un cubo.

Pero para Zhen Wu, que durante ocho años había visto esa gota evaporarse antes de tocar el fondo, tres segundos eran una eternidad.

El cubo tenía fondo.

Solo que estaba mucho más abajo de lo que cualquiera podría imaginar.

Trabajó hasta el amanecer.

No durmió.

Cuando el primer gallo cantó, había repetido el proceso ciento cuarenta y siete veces, y la centésima cuadragésima séptima vez, el Qi se sostuvo durante once segundos antes de disolverse.

Zhen Wu abrió los ojos.

Los tenía secos —no había parpadeado en horas.

Se frotó la cara con las manos callosas y miró el cielo que empezaba a ponerse claro.

No sé qué estoy haciendo.

Pero está funcionando.

Por eso, decidió, era suficiente razón para seguir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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