El Heredero del Vacio - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 CAPÍTULO 20 —El Primer Destello del Espejo
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20: CAPÍTULO 20 —El Primer Destello del Espejo 20: CAPÍTULO 20 —El Primer Destello del Espejo El Espejo del Abismo, en su primera etapa de práctica, se sentía como intentar sostener agua en las manos juntas: era posible, pero requería una concentración tan precisa que cualquier distracción lo dispersaba por completo.
Wei Shan lo había explicado en términos que Zhen Wu tardó en entender completamente: el Vacío podía absorber cualquier tipo de energía, pero devolver esa energía requería que el Vacío la sostuviera en un estado intermedio —ni completamente absorbida ni expulsada— el tiempo suficiente para que la deconstrucción y la reconstrucción se completaran.
Ese estado intermedio era el punto crítico de la técnica.
Era el momento en que el Vacío era más vulnerable, porque estaba sosteniendo energía que no era suya y que, si se desestabilizaba, podría liberarse en cualquier dirección.
La primera semana de práctica con el Espejo del Abismo fue, en términos honestos, un fracaso productivo.
Zhen Wu intentó la técnica con las piedras espirituales — absorbiendo su Qi y devolviéndolo hacia una superficie de referencia que Wei Shan colocaba frente a él.
De diez intentos, lograba sostener el estado intermedio en tres.
De esos tres, lograba completar la devolución en uno.
Y de ese uno, la energía devuelta tenía la dirección correcta aproximadamente la mitad de las veces.
Un éxito por cada veinte intentos.
En técnica de combate, eso era inútil.
—No te desanimes —dijo Wei Shan al final de la primera semana—.
La curva de aprendizaje del Espejo es lo más empinada que existe en el Vacío.
Pero una vez que la superas, no la olvidas.
Es como montar en caballo: las primeras veces caes constantemente.
Después de cierto punto, tu cuerpo lo sabe aunque tu mente esté distraída.
—¿Cuánto tardó usted en llegar a ese punto?
—Tres meses.Pero yo lo aprendí sin el pergamino, sin la Segunda Profundidad establecida, y con un maestro que no tenía ningún contexto del Vacío.
Tú tienes mejores condiciones.
—¿Cuánto tardará yo entonces?
—Eso no lo sé.
El Vacío no sigue plazos que yo pueda predecir.
Era una respuesta honesta.
Zhen Wu la aceptó como tal y continuó practicando.
⸻ ⸻ ⸻ Fue en la segunda semana cuando ocurrió el incidente.
Liang Hu volvió a interceptarlo, esta vez en el patio trasero durante la hora de limpieza matutina.
Esta vez no había nadie más cerca.
El maestro Kong estaba en una reunión con el maestro Gao.
Los otros discípulos estaban en el patio de entrenamiento del frente.
Lo que motivó el ataque de Liang Hu ese día era oscuro en su origen —quizás el torneo había ido mal, quizás alguien en la secta había cuestionado su liderazgo de forma que lo irritara, quizás simplemente la combinación de tener dieciséis años y un ego construido sobre bases frágiles lo hacía propenso a actos de violencia gratuita cuando la audiencia era cero y el objetivo era confiable—.
Cualquiera fuera la razón, lo que llegó no fue un puño sino una técnica completa: Presión de Jade Roto, la técnica de sello de segunda capa de la secta, que concentraba el Qi en la palma y lo proyectaba hacia el exterior como una onda de presión.
Era más potente que un puño.
Tres veces más, aproximadamente.
El Vacío lo sintió con suficiente anticipación como para que Zhen Wu tuviera dos segundos de preparación.
Espejo del Abismo — Primer Estadio.
Extendió la Absorción Dirigida hacia la técnica que se aproximaba.
La onda de Presión de Jade Roto llegó, y el Vacío la interceptó —no toda, pero el setenta por ciento antes del impacto.
El treinta por ciento restante llegó al pecho de Zhen Wu y lo empujó hacia atrás medio paso.
No dos pasos.
No uno.
Medio paso.
El Vacío tenía el setenta por ciento de la técnica en su interior, en ese estado intermedio crítico.
La deconstrucción comenzó.
La reconstrucción.
Zhen Wu sostuvo la concentración con los dientes, con la atención en un punto de precisión que excluía todo lo demás, y cuando la devolución se completó la proyectó hacia el suelo, no hacia Liang Hu.
No estaba listo para devolverla a un objetivo vivo.
Todavía no.
Pero el Qi que impactó el suelo de tierra del patio dejó una marca visible: un círculo quemado de treinta centímetros de diámetro, con bordes perfectamente definidos, del tipo que normalmente producían técnicas de cuarta o quinta capa, no de segunda.
Porque el Espejo del Abismo no había devuelto la Presión de Jade Roto.
Había devuelto la Presión de Jade Roto perfeccionada —con las ineficiencias de la ejecución de Liang Hu eliminadas y la energía reorganizada con la precisión del Vacío.
Liang Hu miró el círculo en el suelo.
Miró a Zhen Wu.
Miró el círculo.
Su expresión pasó por varias fases con la rapidez de quien no tiene entrenamiento para ocultar lo que siente: primero confusión, luego algo que intentó ser indiferencia, y por debajo de ambas, tan visible que incluso un chico de quince años sin ningún entrenamiento en lectura de personas podía verlo, una pregunta que Liang Hu no sabía cómo formular porque nunca había necesitado formularla antes respecto a Zhen Wu.
—¿Qué fue eso?
—dijo, con una voz que intentaba ser despectiva y conseguía ser algo diferente.
Zhen Wu lo miró durante un momento.
Recogió la escoba que había soltado en el proceso.
Continuó barriendo.
—Un error de dirección —dijo—.
El patio necesitaba limpiarse de todas formas.
Liang Hu estuvo en pie en el patio durante diez segundos más.
Luego se fue.
Zhen Wu terminó de barrer el patio con la misma concentración con que había sostenido el Espejo del Abismo.
El círculo quemado en la tierra fue barrido junto con el resto del polvo.
Para cuando llegó el mediodía, no quedaba evidencia de que algo inusual había ocurrido allí esa mañana.
⸻ ⸻ ⸻ Esa tarde, bajo el árbol muerto, Zhen Wu describió el incidente a Wei Shan con precisión clínica: el setenta por ciento de absorción, el estado intermedio sostenido bajo presión real, la devolución al suelo, la marca resultante.
Wei Shan no dijo nada durante un minuto.
—El estado intermedio sostenido bajo presión real —repitió finalmente—.
Eso es lo que separa la primera etapa de la segunda.
Los que aprenden el Espejo en condiciones de práctica controlada y luego no pueden aplicarlo en combate real son los que nunca llegaron al segundo estadio.
Tú acabas de superarlo.
—¿En la segunda semana?
—En la segunda semana.
—El anciano sonó distinto al decirlo.
No exactamente orgulloso —más parecido a aliviado, de la misma forma que había sonado la noche del regreso de Lianshan—.
Chico, llevas en el cuerpo ocho años de entrenamiento que nunca llamamos entrenamiento.
Eso tiene un coste.
Pero también tiene un rendimiento.
Y su rendimiento aparece ahora.
Zhen Wu guardó silencio un momento.
—Usted dijo que conoció a personas que conocían a mi padre.
Wei Shan no respondió de inmediato.
Bebió de su calabaza con la calma de quien necesita un momento para decidir cuánto decir.
—Tu padre fue al Vacío como tú —dijo finalmente—.
No el mismo nivel.
Más.
Mucho más.
—Una pausa—.
Era alguien que sabía que el mundo no estaba listo para lo que llevaba, así que vivió de una forma que el mundo no pudiera ver lo que llevaba.
—Otra pausa—.
No me pidas más por ahora.
El pergamino te dará el resto cuando llegues.
—¿Cuándo llegaré?
—Cuando lo que llevas en el pecho sea suficientemente grande para que el mundo tenga que mirarte aunque no quiera.
Zhen Wu miró el árbol muerto.
Las ramas negras contra el cielo de la tarde, retorcidas y sin hojas, apuntando en todas direcciones con la insistencia de algo que tiene cosas que decir y no ha encontrado todavía el idioma correcto.
Pronto, pensó.
Pronto encontraría ese idioma.
Y cuando lo encontrara, todos escucharían.
⸻ ⸻ ⸻ Esa noche, Luo Bai completó algo que llevaba semanas persiguiendo: la forma embrionaria de su Núcleo de Condensación.
No era sólido todavía —tenía la consistencia del vidrio fundido, brillante y maleable, con el color del rayo justo antes de descargar.
Pero era su forma.
Su núcleo.
Su primer paso hacia el sistema de reinos del mundo convencional.
—Lo conseguiste —dijo Zhen Wu, cuando Luo Bai le describió lo que había sentido durante la meditación.
—Creo que sí.
—Luo Bai sonaba como alguien que no quiere equivocarse al alegrarse—.
¿Se nota?
—Se nota —confirmó Zhen Wu.
El Vacío podía sentir el Qi de otros con suficiente claridad para que la diferencia fuera obvia—.
Es rayo.
Limpio.
Luo Bai exhaló despacio.
—¿Y tú?
¿Algo?
—Sí.
—¿Qué?
Zhen Wu consideró cómo explicarlo.
—Aprendí algo hoy que todavía no sé cuán grande es.
—Pausa—.
Pero cuando lo sepa, te cuento.
Luo Bai asintió con la confianza de quien ha aprendido que ese tipo de respuesta es la más honesta que Zhen Wu puede dar.
Se durmió rápido, con el agotamiento feliz de alguien que ha cruzado un umbral y todavía no ha procesado completamente lo que hay al otro lado.
Zhen Wu meditó hasta el amanecer.
El Vacío era más profundo que ayer.
El Espejo del Abismo era más estable que esta mañana.
El pergamino seguía en la caja, con sus instrucciones del tercer nivel que todavía no podía leer, esperando con la paciencia de las cosas escritas para alguien que todavía no ha llegado.
Llegaré —le dijo al pergamino, y al Vacío, y a los autores anónimos de ambos—.
No rápido.
Pero llegaré.
Y cuando lo haga, el mundo va a tener que decidir cómo llamarme.
Porque «inútil» ya no va a alcanzar.
El amanecer llegó sobre la aldea Cimientos de Piedra con la indiferencia de siempre.
Zhen Wu lo recibió de pie, con los ojos abiertos, y por primera vez en quince años le devolvió esa indiferencia con algo que se parecía, si uno sabía dónde mirar, a una promesa.
— FIN DE LOS CAPÍTULOS 11 AL 20 — Continúa en el Capítulo 21: «El Torneo que Nadie Esperaba»
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