“El Humano Más fuerte de Dragon Ball” - Capítulo 63
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63: TEMP 2: CAPÍTULO 24 63: TEMP 2: CAPÍTULO 24 TÍTULO: Búsqueda y desesperación __________________________________________ -Punto de vista en tercera persona- Descendiendo hasta una roca alta, el recién llegado miró con gran interés a las personas frente a él.
A unas decenas de metros, Ten Shin Han se encontraba meditando, mientras un anciano muy similar a él lo inspeccionaba, como si esperara que el triclópeo cometiera un solo error.
 -Parece que ese es el familiar del que Ten nos habló antes…
Tal vez debería acercarme sin interrumpir lo que sea que esté haciendo -pensó Shingen, con una mano en la barbilla.
Habiendo superado la etapa de entrenamiento en la Habitación del Tiempo, los guerreros Z optaron por entrenar por separado hasta la llegada de Freezer.
Y como estaba previsto, el día que Jaco les anunció finalmente llegó.
Como tarea autoimpuesta, Shingen se encargó de encontrar a sus amigos y, si era posible, observar qué tipo de entrenamiento estaban realizando.
Levitando suavemente desde donde estaba, el hombre se acercó, mientras el anciano -atento a la meditación de Ten Shin Han- lo volteaba a ver.
Con los ojos cubiertos por una tela blanca que denotaba su ceguera, Shingen sintió -para su desconcierto- que el anciano, pese a estar ciego, fijaba sus tres ojos en él.
-Aterrador…
-susurró Shingen mientras se acercaba a la figura.
Con expresión curiosa, Shingen no pudo notar a simple vista el tipo de entrenamiento que realizaba Ten Shin Han.
Intuyendo que no se trataba de una simple meditación, usó un poco de energía natural para mejorar su vista e intentar detectar alguna novedad.
Tal como sospechaba, abrió mucho los ojos al notar cómo el Ki de Ten Shin Han se contraía y expandía dentro de su cabeza, en distintas zonas del cerebro, como si intentara despertar ciertas habilidades motoras ocultas.
-¿Qué se supone que está haciendo…?
-murmuró antes de ser silenciado por el anciano a su lado.
Golpeando su bastón contra el pecho de Shingen, el anciano levantó su vieja mano y colocó un solo dedo sobre sus labios.
-«Si no quieres que todo el duro entrenamiento de tu amigo se desvanezca en el viento, será mejor que te calles y observes» -regañó el anciano.
Sin embargo, lo que sorprendió a Shingen fue que de la boca del viejo no salió ni un solo sonido.
Pasando una mano por su cabello, Shingen se dio cuenta de que el anciano había usado algo parecido a la telepatía para comunicarse.
Sintiendo una extraña conexión aún presente, Shingen se recompuso y preguntó mentalmente al anciano: «¿Es algún tipo de entrenamiento especial de su raza?» «Sí…
Es una meditación que despierta todos los dones latentes en nuestros cuerpos.
Como el joven Ten Shin Han proviene de una sangre muy diluida, este despertar de sus habilidades lo ha estado realizando desde la primera vez que vino a entrenar aquí, hace ya varios años» -respondió el anciano mentalmente, con un tono relajado y sin pizca de emoción.
Para alguien como Shingen -quien, aunque con recuerdos muy diluidos, aún se sorprende por la gran historia y trasfondo entre los personajes y razas, muchas veces apenas mencionadas o reveladas en entrevistas con Akira Toriyama-, la posibilidad de descubrir cosas nuevas en este mundo lo mantenía absorto.
No notó que sus divagaciones eran compartidas con el anciano, quien, al escuchar algo que no debía, simplemente cortó la comunicación sin cambiar su expresión.
Mientras terminaban su conversación mental, el cuerpo de Ten Shin Han tembló.
Al instante, los temblores se convirtieron en movimientos más notorios, hasta que sus tres ojos se abrieron.
Con una claridad recién descubierta, el triclópeo fijó su mirada en Shingen y en el anciano que tan amablemente lo había estado guiando.
-Veo que lo lograste, joven.
Dime, ¿qué tal se siente…?
-preguntó el anciano de forma ambigua.
Ten Shin Han asintió, mientras era observado por Shingen con mirada desconcertada.
Sin darle tiempo al peliplateado de preguntar a qué se refería, Ten Shin Han se levantó del suelo y, sin esfuerzo, un enorme Ki brotó desde su interior.
Como si se tratara de un estallido de energía pura, llamó la atención de todo ser viviente a kilómetros.
Curioso, Shingen notó que, pese a esta bestial expulsión de Ki, el cuerpo de Ten Shin Han no se había tensado ni un poco, demostrando un nuevo nivel de control.
-Impresionante.
Aunque a primera vista noto tu mejora en el control de tu energía, sé que lograste algo más…
¿o me equivoco?
-dijo Shingen con una sonrisa retadora, a lo que Ten Shin Han le devolvió la misma expresión.
-Si quieres saberlo, ¿qué mejor forma que por medio de un combate?
¿Me permite, maestro?
-preguntó Ten Shin Han al anciano, quien, ante la conversación de los jóvenes, se mantuvo al margen, quieto y desapercibido como una piedra.
-Puedes hacer lo que quieras, chico.
Mi asunto contigo ha terminado -dijo el anciano triclópeo antes de voltearse y desaparecer entre la neblina.
Sintiendo una leve incomodidad en su cabeza, Shingen no pudo percibir la dirección en la que se marchó el anciano, casi como si una interferencia molesta le hubiese sido implantada en la mente, y más concretamente en su sentido del ki.
«Increíble…
No puedo sentir su ki en ningún lugar, casi como si se lo hubiera tragado la tierra.
Qué anciano más aterrador» -pensó Shingen, con una sonrisa nerviosa.
Sin más, ambos compañeros se alejaron del lugar original hasta hallar cinco picos formados de roca y vegetación, dando una vista mística e imponente.
Al llegar, Shingen supo que el combate sería mitad enfrentamiento, mitad entrenamiento sobre control del ki.
El objetivo de Ten Shin Han era demostrar los resultados de su entrenamiento y ver si lograba superar a Shingen.
-Lindo lugar…
¿De verdad quieres perder aquí?
-preguntó el peliplateado, fingiendo una sonrisa arrogante que solo hizo sonreír levemente a Ten Shin Han.
-Ya veremos quién vence aquí…
Inesperadamente, el triclópeo se disolvió en la neblina, haciendo que Shingen sintiera nuevamente esa incomodidad en su cabeza y, otra vez, en su sentido del ki.
Pero antes de que pudiera analizar más, su sentido natural del peligro lo alertó…
aunque tarde.
-¿Qué diablos…?
-¡Te descuidaste!
En un abrir y cerrar de ojos, una patada proveniente desde detrás de Shingen le acomodó las costillas, haciéndolo volar sin control.
Expectante ante el impacto de su amigo contra las rocas, Ten Shin Han se sorprendió al ver cómo el cuerpo de Shingen retomaba el control justo antes de chocar contra el pico más pequeño.
-Nada mal, Ten.
Veamos si logro descifrar cómo lo haces…
y derrotarte con una sola mano -dijo Shingen, emocionado por la técnica misteriosa, mientras se preparaba para el combate.
Con fuego ardiente en sus ojos, el peliplateado hinchó sus músculos y expulsó un ki potente y abrasador desde su interior.
-¡Cénit Kai x3!…
¡Ha!
Desdibujándose de la vista, Shingen se movió a todos lados mientras Ten Shin Han se mantenía increíblemente quieto.
Su tercer ojo, rodeado de venas hinchadas, brillaba levemente en dorado.
-¡Lento!
Al descender con lo que creía sería un devastador puñetazo, Shingen quedó incrédulo al ver cómo Ten Shin Han, sin voltearse, anticipó el movimiento y lo esquivó con precisión.
-¡PUM!
Respondió Ten Shin Han con un codazo directo al rostro de Shingen, aprovechando el impulso para hacerlo aún más devastador.
Tras el impacto, Shingen retrocedió, sanando su nariz y dientes rotos con el Kairiki.
Luego se pasó una mano por el cabello y miró al cielo con una sonrisa creciente.
-Una extraña ocultación, ilusión y premonición…
Qué habilidades más rotas.
¡Debo superarlas!
-dijo con la sonrisa más grande desde que aprendió artes marciales con Tsuru, dejando ver sus dientes mientras hacía un movimiento.
Desdibujándose en el aire, el combate entre compañeros y hermanos en las artes marciales continuó.
Entre los claros y muy impresionantes logros de Ten Shin Han en sus nuevas habilidades, Shingen intentaba revertir dichas ventajas con toda la lógica de combate que tenía en ese momento.
Para la incredulidad de muchos, Ten Shin Han era perfectamente capaz de esquivar y desviar golpes de un Shingen con el Cénit Kai x3.
Sin perder el ánimo por su situación, el peliplateado intentó de todas las formas posibles inclinar la balanza hacia él; sin embargo, parecía en vano…
hasta que un milagro sucedió.
-¡UFF!
Golpeado por un puñetazo en el estómago de un Shingen tres veces más fuerte, el cuerpo de Ten Shin Han se dobló ante la fuerza.
Sonriendo ante su primer logro, Shingen enseguida notó los claros síntomas de orgullo y confianza extrema en Ten Shin Han, entendibles si se recuerda que había logrado obtener habilidades que incluso podrían ponerlo en la posición del humano más fuerte de la Tierra.
-Recuerda, Ten: el exceso de confianza no te llevará a otro lugar que no sea la derrota.
Y te lo mostraré…
No eres el único con capacidades extras -dijo, para luego, bajo los tres ojos atónitos del triclópeo, demostrar aún más de su poder.
-¡¡!!
Atónito y confundido por primera vez en el combate, Ten no pudo seguir los movimientos de Shingen.
Ni siquiera cuando su clarividencia le señalaba el lugar del ataque, su cuerpo y mente lograron procesar la inmensa velocidad que tendría que liberar para siquiera bloquearlo.
Tarde, y sin otra opción, intentó aumentar su poder con el Cénit Kai, pero…
-Te descuidaste, amigo…
-susurró Shingen, devolviéndole irónicamente la frase que Ten Shin Han le había dicho al principio.
El triclópeo, antes arrogante por su clarividencia, solo pudo ver -por medio de su tercer ojo- la apariencia de Shingen.
Con el cabello levantado como si le hubiera caído un rayo, sus músculos tan hinchados que parecerían entorpecerlo -pero no era así-, y un aura de ki ardiente por el Cénit Kai, había un añadido: en su piel blanca apareció un tenue color azul que contrastaba con todo lo demás.
-¿Eso es…!?
Sin oportunidad de pensar otra palabra, la conciencia de Ten Shin Han se apagó, dejando una sola emoción en su rostro antes de caer: incredulidad.
-…..
-¡!
Despertando de inmediato, Ten Shin Han miró el techo de la habitación, notando que estaba en un lugar diferente al de la pelea que tuvo con Shingen.
Incorporándose, el triclópeo notó que estaba en su casa, en los terrenos de la Escuela Grulla, lugar en el cual casi nunca permanecía mucho tiempo al ser alguien más de espíritu libre.
Saliendo del lugar, Ten se dirigió al centro del recinto para encontrarse con su amigo y averiguar cómo logró tal forma.
Sin embargo, para su decepción, no sentiría el ki de Shingen por ningún lado, dejando por sentado que, mientras él descansaba, Shingen salió a buscar a los demás miembros.
-Ese tipo…
Parece que, incluso con mi despertar de habilidades raciales, logró enseñarme a golpes que no debo dejarme guiar por el orgullo ni creerme superior a los demás solo por mi ascendencia.
Después de ese día, Shingen fue a buscar a todos y cada uno de sus amigos, quienes, al momento de encontrarse con él, demostraron su poder en un corto sparring.
Con gran orgullo por ellos, Shingen sintió que su presencia hizo más bien que mal en esta nueva realidad suya, la cual ya dejó hace mucho tiempo de considerar como una simple vida alternativa.
Ya no veía a los personajes como simples NPC de los que podía aprovecharse.
No ahora.
Con sus nuevos lazos de compañerismo y su propia familia, Shingen se complementó totalmente con ellos y con el mundo en general, considerándose completamente como un nativo y dejando totalmente de lado su anterior vida.
Olvidando completamente los rastros de su antiguo yo, Shingen encontraría a cada uno: desde Motobe, aniquilando demonios en el lugar donde conoció a Mera, hasta Piccolo, meditando en Egipto mientras hacía levitar una enorme pirámide por decenas de metros.
Así fue como todos los guerreros Z, después de una ardua preparación, se reunieron mientras esperaban la llegada de su invitado no grato.
-Está cerca…
-diría Shingen, gracias a la ayuda de Bulma, quien, pese a no participar en la pelea, estuvo atenta a encontrar las naves del ejército de Freezer entrando cerca de la órbita de Marte.
Enviando una señal aproximada sobre el lugar en donde aterrizarían, los guerreros Z se movieron de inmediato a la zona marcada para enfrentar su destino.
Al llegar a una ciudad vacía, el grupo -seguido por varios estudiantes de la Escuela Grulla- miró al cielo y, sin esperar mucho más, todos sintieron el enorme ki que había llegado a la Tierra.
-Están aquí…
-diría un serio Piccolo, de pie en el techo de una casa, con los brazos cruzados en tensión.
Sin más, las nubes del cielo se abrieron, dejando ver una masiva nave espacial nunca antes vista por la humanidad.
Asustados, algunos camarógrafos -pese a la orden de retirada por parte del gobierno- se quedaron para filmar todo lo que podían.
 Desde una de sus más secretas residencias, el Rey Furry miraba la televisión junto a sus guardias, con sudor frío descendiendo por su frente y espalda.
Aunque una parte de él estaba enojada porque algunas cadenas de televisión no hicieron caso a su orden de evacuar.
Apretando con fuerza sus sudorosas manos, el Rey Furry recordó de repente su charla con Shingen hace un mes…
y cómo terminó dicha reunión.
////////////////////////////////////////// – Un mes antes – -……
-¡¿QUÉ?!
Saltando de su cómodo asiento, el Rey Furry miró atónito a la persona frente a él, quien le comunicaba una terrible noticia.
 Con el rostro serio, Shingen miró sin pestañear al pequeño semi-humano, notando con comprensión el miedo y la ansiedad de este último.
Incluso, por el rabillo del ojo, vio las expresiones atónitas de los guardias del Rey.
-Pu…
pero…
¿estás seguro de que puedes hacerte cargo de ese tal Freezer, verdad?
-preguntó el Rey Furry con una sonrisa forzada, esperando que lo dicho por su invitado haya sido una alucinación.
La atmósfera de la amplia oficina descendió varios grados mientras la mirada seria de Shingen dejaba entrever su respuesta al asustado Rey y a sus guardias.
-No lo estoy.
Repito: Freezer es un monstruo temido en todo el universo.
Bajo su mando, su ejército sitió y esclavizó mundos y civilizaciones enteras, borrando incluso planetas que no eran de su agrado.
Incluso los Saiyajins y Turles con los que peleamos no son más que basura para él -dijo Shingen con tono seco, mientras veía a los presentes entrar poco a poco en pánico.
-Pero…
pero…
eso no puede ser posible.
Esto no debería estar pasándonos.
¿Qué hicimos para tener tan mala suerte?
-angustiado, el Rey Furry se tomó la cabeza con las manos, intentando entender cómo su vida y su mundo podrían terminar así, de repente.
-¡No!
¡Fue por su culpa!
¡Ustedes, malditos, atrajeron la desgracia!
¡Por su culpa todos moriremos!
-gritó un guardia, con los ojos desorbitados y la voz quebrada por el miedo.
Su reacción no era solo por la noticia, sino por el recuerdo de su familia: esposa e hijos.
El pensar en el próximo desastre lo llenaba de angustia.
La desesperación lo cegó.
Uniéndose a él, otro guardia -más joven, con el rostro pálido y tembloroso- sacó su pistola y apuntó a Shingen.
Este último solo les dio una leve mirada, notando cómo los ojos de ambos estaban tan dilatados que incluso podía ver su reflejo en ellos.
El primero, incapaz de contener la mezcla de rabia, impotencia y pánico, dio un paso al frente.
-¡MALDITO, NO ME DES LA PUTA ESPALDA!
-gritó, enloquecido, mientras sacaba su arma y apretaba el gatillo, dejando salir un escandaloso disparo.
-¡!
-¡!
Después de esta acción, todo en la sala se detuvo.
Como si el tiempo se hubiera congelado, todos se quedaron de piedra mientras veían al guardia que disparó.
Este último, como si sacase su cabeza del trasero, miró con temor lo que había hecho, y sobre todo a la persona sentada frente a él.
Imperturbable ante la bala que se deformó al chocar con su cabeza, Shingen giró lentamente mientras miraba fijamente al hombre que le disparó, notando con algo de lástima cómo el adulto se orinaba encima bajo su mirada.
-…..
-Suspiro…
Haré como si no pasó nada.
Por favor, llévense a su amigo -habló Shingen con vergüenza ajena ante la situación.
Retomando el sentido, el Rey Furry pronto despidió a los guardias para estar a solas con Shingen, a quien solo podía agradecer a los cielos por no estar enojado con él por culpa de sus subordinados.
Lo último que el pobre hombre quería ahora era que el líder de la organización o ejército privado más poderoso del mundo se convirtiera en su enemigo.
-Ejem…
ejem…
Lamento mi anterior comportamiento, tanto el mío como el de mis subordinados.
Por favor, entiéndalos.
Están tan asustados como yo por la situación -se excusó el Rey de toda la Tierra, humillándose ante Shingen, quien solo asintió a sus palabras.
-Descuida.
Ya lo dije antes: haré como si nada de eso pasó.
Ahora bien, volviendo al tema…
-tras sus palabras, el Rey Furry solo tragó saliva, nervioso-.
Aunque la probabilidad de ganar es más baja que la de perder, eso no significa que dejaré que Freezer nos aniquile sin más.
Tengo pensado usar toda la fuerza de mi escuela marcial, mientras le pido a usted que se encargue de todo lo que tenga que ver con la evacuación de las personas en las ciudades capitales para cuando los enemigos ya estén aquí.
¿Es posible?
Ante esa propuesta, el Rey Furry apretó sus manos empapadas de sudor mientras intentaba imaginar la colosal labor de evacuar a millones de personas, haciendo que la propia economía se detuviera.
Sin embargo, bajo la perspectiva de enfrentar un posible fin del mundo, el Rey solo podía imaginar la gran cantidad de presión que le caería encima.
-Yo…
no pued…
¡No!
¡Sí!
¡Puedo hacerlo!
Déjemelo a mí -dijo el pequeño hombre, sacando una inmensa cantidad de coraje ante la situación.
Alzando las cejas con sorpresa, Shingen pronto sintió un nuevo respeto recién descubierto por el hombre frente a él.
Después de todo, no era ignorante ante la absurda petición que le había hecho.
Es más, ya venía preparado para cambiar ese plan a una sola ciudad capital, pero no esperaba en lo más mínimo tal muestra de coraje y determinación en una persona común y corriente.
Asintiendo en reconocimiento, Shingen se levantó de su silla sin querer pasar más tiempo con el Rey Furry.
Pero antes de salir por la puerta, se volteó y miró con total sinceridad al hombre.
-Descuida.
Este también es el mundo de mis compañeros…
y, sobre todo, el mío.
No dejaré que ese Freezer logre su cometido aquí -con un significado en sus palabras muchísimo más valioso para él que para el Rey Furry, Shingen salió de la sala, dejando un pesado silencio consigo.
///////////////////////////////////////////////// – Actualidad – Pellizcándose el puente de la nariz con preocupación, el Rey Furry solo pudo hacer una única cosa que alguien común y corriente como él podía hacer: rezar.
A su alrededor, los guardias y demás empleados imitaron su acción, suplicando por la victoria de sus defensores.
-Por favor…
Kami-sama, ayúdalos.
No los dejes solos contra ese enemigo…
-suplicó el hombre, mientras sus palabras eran oídas por un viejo namekiano al borde de una atalaya.
Con expresión serena al fijarse en tal mortal, Kami-sama solo respondió en voz baja: -Mmmm…
Descuida, mortal.
Por muy fuertes que sean sus enemigos, Shingen no perecerá.
Después de todo, en él confío para proteger la Tierra…
-cerrando nuevamente los ojos, el namekiano se concentró en el lugar más importante y peligroso del planeta.
Mientras la enorme nave descendía, colisionó con varios rascacielos, destrozándolos al instante.
Tal acción, aunque no dañó la nave, dio un claro mensaje a los habitantes de la Tierra sobre lo poco que le importaba al ejército de Freezer su civilización.
-¡KRAASH!
Destruyendo el asfalto de las calles, la nave presionó unas patas de metal sobre el suelo, destrozándolo sin esfuerzo alguno.
Sintiendo que el momento había llegado, las docenas de guerreros de élite de la Escuela Grulla se tensaron mientras permanecían alejados, como si esperaran su momento.
Sin embargo, un grupo de ellos no estaba lejos; al contrario, estaban justo frente a la enorme nave, como si impusieran su presencia y no se dejaran intimidar.
-¡!
Al instante, todas las aberturas de la nave se abrieron, dejando salir a cientos de soldados rasos, quienes, con sus blásters listos, se reunieron frente a los guerreros Z con sonrisas arrogantes y uno que otro chiste sarcástico.
-Será mejor que escuchen muy bien, míseros insectos.
El gran señor Freezer les ordena entregar al guerrero llamado Shingen inmediatamente, ¡o de lo contrario sufrirán las consecuencias!
-¡Apresúrense!
-¡Mejor matémoslos!
Decenas de voces se oyeron mientras las expresiones de los guerreros Z se volvían sombrías.
-¿Qué clase de estupideces están diciendo?
Llegan a nuestro planeta a exigir como si fueran los malditos amos…
-dijo Motobe, enojado, sintiéndose subestimado.
Mientras hablaba, una persona se acercó a él.
Con su cabello largo hasta las rodillas y una armadura Saiyajin modificada, Raditz cruzó los brazos con la mirada fría hacia la multitud de soldados.
-Ciertamente.
Honestamente, si yo estuviese en su lugar también tendría esa actitud, ya que, obviamente, los datos sobre el poder de la Tierra estaban totalmente equivocados -añadió Raditz, quien llegó junto a Goku justo cuando la nave de Freezer entró en la atmósfera.
-Parece que quieren que hagamos un espectáculo.
¿Por qué no darles uno?
¿No lo crees, Shingen?
-dijo un sonriente Yamcha hacia su amigo y líder, quien permanecía con los brazos cruzados, sin reaccionar.
Ver cómo la otra parte se dignaba a enviar a la basura desechable para exigir su captura solo hizo que la determinación y el enojo del peliplateado se asentaran aún más.
-Muy bien, pero no será como él lo quiere.
¡Motobe!
-¡A la orden, jaja!
-con una sonrisa cruel, Motobe estiró su brazo, apuntando directamente hacia la nave.
Notando las acciones de uno de los nativos, varios soldados lo miraron desconcertados, sin saber qué era lo que pretendía hacer.
-¡Malditos atrasados!
¡Ni siquiera entienden lo que digo…!
¡¿QUÉ DEMONIOS?!
-gritó en pánico uno de los soldados al ver la increíble concentración de energía en la mano de Motobe.
-Veamos si con esto los saco del nido…
¡SUPER DODOMPA!
– FIN DEL CAPÍTULO N°24 – ____________________________________________________ Espero de corazón que apoyen esta historia, ya que es gracias a ustedes que sigo escribiendo, aunque me tarde cada vez más en actualizar.
De todo corazón, ¡muchas gracias!
❤
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com