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El invocado del rey demonio - Capítulo 10

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10: Capítulo 10.

La Defensa Desesperada 10: Capítulo 10.

La Defensa Desesperada El rugido se acercó como un trueno hasta que la bestia emergió del bosque, rompiendo ramas como si fueran palillos.

Era inmenso, de casi cinco metros de altura.

Su piel parecía corteza de roble antiguo cubierta de musgo, sus ojos brillaban como brasas rojas y arrastraba una maza de piedra que debía pesar media tonelada.

El caballo de la carreta relinchó aterrorizado, rompió las riendas y escapó al galope, dejándonos solos en medio del camino oscuro.

—¡Carne fresca!

—rugió el Troll con una voz grave que hizo vibrar mi pecho—.

¡La comida viene a mí!

El Troll golpeó el suelo con su maza.

¡BOOM!

El impacto creó un cráter y la onda de choque nos lanzó hacia atrás.

—¡Escudo de Viento!

—gritó Elarael.

Lanzó una ráfaga para desviar la onda expansiva, pero cayó de rodillas al instante, jadeando.

El uso de magia en el campamento elfo la había dejado casi vacía.

—¡Déjamelo a mí!

—gritó Lioren.

Intentó crear ilusiones de múltiples guerreros para confundir a la bestia, pero el Troll ni siquiera parpadeó.

Su piel gruesa parecía tener una sensibilidad mágica natural; ignoró los fantasmas de luz y fijó sus ojos en el hada real.

—¡Tus trucos no huelen a sangre!

—bramó el monstruo, lanzando un manotazo.

Me lancé para interceptarlo, intentando atacar por la espalda, pero el Troll fue engañosamente rápido.

Giró el torso y me conectó un codazo brutal.

Salí volando y me estrellé contra un árbol.

El dolor fue agudo, pero desapareció rápido.

Sentí cómo mi maná empezaba a regenerarse a una velocidad anormal, como si el estrés de muerte activara un mecanismo de supervivencia en mi Sistema.

Me levanté, limpiándome la sangre de la frente.

Elarael y Lioren estaban acorralados.

«¡Necesito ayuda!

¡Aiden, deja de dormir!», pensé con desesperación.

De repente, mi cuerpo ardió por dentro.

No fue dolor, fue poder puro.

[Habilidad Evolutiva Activada: Clon de Sombras – Posesión Espiritual] Al crear un clon esta vez, la figura no salió como una copia exacta de mí.

El espíritu de Aiden tomó el control, moldeando el maná a su gusto.

El clon se transformó en una figura humanoide, pero con rasgos felinos, garras de sombra afiladas y ojos que brillaban con luz violeta.

—¡Por fin puedo estirar las patas!

—gritó el Clon-Aiden con una risa maniática.

Se lanzó contra el Troll con una velocidad que ni yo poseía.

Era un borrón de sombras.

Mientras el Troll intentaba aplastar al gato-sombra, activé mi Sigilo (heredado del Naga) para trepar por la espalda rugosa del monstruo.

Clavé mi daga envenenada entre sus vértebras cervicales.

—¡Muere!

El veneno empezó a extenderse, poniendo la piel del Troll negra, pero la bestia era demasiado grande.

Solo sirvió para enfurecerlo más.

Se sacudió violentamente, lanzándome al suelo de nuevo.

Levantó la maza para aplastar a Elarael y Lioren de un solo golpe.

—¡No!

—grité.

Pero entonces, el sonido de cascos retumbó en el bosque.

Cinco flechas de piedra volaron desde la espesura, clavándose en el brazo del Troll.

Cinco Centauros musculosos, armados con lanzas de madera y hachas de piedra, salieron a la carga.

—¡Grog!

—gritó el líder, un centauro imponente con una cicatriz en la pata trasera—.

¡Pagarás por haber devorado a nuestros hermanos!

Los Centauros rodearon al Troll, atacando sus patas y tendones para hacerlo caer.

El Clon-Aiden aprovechó la distracción y saltó directo a la cara del monstruo, arañando sus ojos.

—¡Ahora, Zyro!

—gritó Aiden.

Saqué la espada negra que me dio el capitán.

Corrí hacia el Troll, que se tambaleaba ciego y herido, y salté impulsándome en la grupa de uno de los centauros aliados.

Hundí la espada en el pecho del monstruo.

La hoja negra brilló con una luz azul lúgubre al probar la sangre del Troll.

La bestia dio un último grito agónico que hizo temblar las hojas de los árboles y se desplomó, muerto.

El silencio volvió al bosque, solo roto por nuestra respiración agitada.

El Clon-Aiden se disolvió en humo y volvió a mi cuerpo.

«Eso fue divertido.

Más así la próxima vez, ¿vale?», resonó su voz en mi cabeza.

Pero el peligro no había pasado.

Al caer el Troll, los cinco Centauros apuntaron sus lanzas hacia nosotros.

—Quietos —ordenó el líder.

Se acercó a mí, sus fosas nasales dilatándose.

Me olió y frunció el ceño con confusión.

—¿Qué…?

Siento la esencia de un Guerrero…

de un Jefe Centauro en ti.

¿Cómo es posible, humano?

Antes de que pudiera responder, el líder hizo un movimiento rápido con su lanza, cortándome superficialmente en el antebrazo.

—¡Oye!

—gritó Lioren, intentando levantarse.

Pero el líder levantó la mano.

Todos miramos mi brazo.

La sangre que brotó no era roja brillante.

Era de un color cobrizo oscuro.

El líder bajó su lanza, mirándome con una mezcla de curiosidad sagrada y desconfianza.

—No entiendo cómo lo tienes, ni por qué caminas en dos patas…

pero nuestra sangre corre en ti.

La sangre de un Jefe antiguo.

Hizo una señal a los suyos.

—Te dejamos en paz por ahora, por respeto a la sangre que portas…

pero si volvemos a verte en el bosque, tendrás que explicarnos todo.

Y si deshonras esa sangre, nosotros mismos te cazaremos.

Antes de irse, me acerqué al cadáver del Troll y le corté una oreja como prueba.

Los Centauros cargaron el cuerpo masivo, desmembrándolo rápidamente para llevárselo, y desaparecieron en la espesura.

Nos quedamos solos, agotados, bajo la luz de la luna.

—Sangre de Centauro…

—murmuró Lioren, mirándome con nuevos ojos—.

Zyro, ¿qué eres realmente?

No respondí.

Me agaché y recogí algo que brillaba entre los restos que dejó el Troll: un amuleto oscuro.

—Soy el que los mantiene vivos —dije, guardando el amuleto—.

Vámonos.

Aethelgard nos espera.

—Espera, Zyro…

estamos muy cansados.

¿Podríamos hacer una fogata?

—dijo Elarael, dejándose caer sentada en el suelo.

Suspiré mientras tomaba algunas ramas caídas, llevándolas al borde del camino de tierra.

—Tienes razón.

Estamos agotados y tal vez otra criatura podría atacarnos si seguimos a ciegas.

Lioren volvió a guardar sus alas y se sentó cerca del camino mientras sacaba algo de pan y una cantimplora de agua.

Dejé las ramas en una pequeña montaña.

—Sé que estás cansada, pero ¿puedes hacer un poco de fuego?

Elarael estiró su mano y una pequeña llama mágica encendió la fogata.

Me senté cerca del calor mientras miraba la espada negra.

Rompí un pedazo de tela de mi camisa y empecé a limpiarla.

Todos permanecimos en silencio mientras comíamos.

—Zyro, ¿y tu mochila?

—preguntó Elarael, viendo que no estaba comiendo.

—La dejé caer cerca de los elfos y la olvidé ahí.

Mi estómago gruñó de hambre.

Elarael se levantó y se sentó a mi lado.

—Por suerte compraste mucha comida.

Ten.

Tomó un trozo de carne seca y me lo dio.

—No es mucho, pero tienes hambre.

Comimos y poco a poco nos quedamos dormidos; el cansancio era más fuerte de lo esperado.

…

Lioren nos despertó cuando el sol ya estaba alto.

—Zyro, Zyro, nos quedamos dormidos.

Abrí mis ojos viendo a Lioren flotando con sus alas, mientras Elarael dormía apoyada en mi pecho.

—Lioren, no queremos que te vea alguien.

Guarda tus alas, por favor.

Suavemente toqué la cabeza de Elarael para despertarla.

—Lo sé, lo sé, pero es molesto si no las estiro de vez en cuando —se quejó el hada, poniéndose de pie y ocultando sus alas.

Cuando Elarael se despertó, nos levantamos y retomamos el rumbo al reino.

Elarael, al ver las murallas a lo lejos, volvió a cubrirse con la capucha.

Al llegar, los guardias nos detuvieron en la entrada.

—¿Quiénes son y a qué vienen?

—preguntó uno, mientras yo sacaba la ficha de mi bolsillo.

—Aventureros de rango blanco.

Ayer salimos por la otra puerta con raciones al pueblo de Arroyo Cantor, pero de regreso tuvimos problemas, así que nos quedamos en el bosque.

El guardia miró la ficha, vio el sello de salida y nos dejó pasar.

Caminamos directo al gremio y fuimos a la recepción.

—Buenos días, ¿en qué los puedo ayudar?

—dijo la chica de recepción, reconociéndonos vagamente.

—Buen día.

Somos el nuevo equipo.

Venimos a reportar.

Tomó un rato, pero le expliqué lo que pasó con los elfos y el encuentro de regreso con el Troll, mientras dejaba la oreja cercenada de la bestia sobre el mostrador.

Su cara pasó por varias expresiones: duda, asco y sorpresa.

—¿UN TROLL?

¿Derrotaron a un troll?

Miró nuestras fichas blancas mientras la multitud de aventureros empezaba a acercarse.

—Pero si son rango blanco…

esperen, iré a hablar con el Jefe del Gremio.

Subió unas escaleras de madera casi corriendo.

—¿Es cierto eso?

—murmuró un aventurero cercano.

—No creo.

Seguro solo lo encontraron ya muerto y le cortaron la oreja.

Los otros miembros murmuraban mientras esperaban.

De repente, de las escaleras se escucharon pisadas pesadas que dejaron en silencio a toda la sala.

Todos regresaron a sus mesas o fingieron estar ocupados.

Un hombre de unos 50 años bajaba acompañado de la recepcionista.

Tenía una cicatriz profunda que cruzaba su rostro desde la mandíbula hasta su ojo izquierdo, el cual estaba cubierto por un parche de cuero.

Se acercó a mí, mirando mi ficha.

—Mi nombre es Vancer, líder y fundador del Gremio de Aventureros en esta ciudad.

Su voz era rasposa, como si hubiera tragado vidrio.

—Mi asistente me dio tu reporte.

Y por lo que leo en el registro oficial, el capitán de los soldados que fueron a Arroyo Cantor firmó su entrega de víveres y agregó una nota confirmando que eliminaron a una patrulla de Elfos Oscuros en las ruinas de Cipreses Luminosos.

Tomó la oreja del Troll y la examinó con cuidado, oliendo la base del corte.

—Al parecer fue cortada cuando el cuerpo estaba fresco…

pero sin cuerpo, no hay recompensa completa por ese Troll.

Cualquiera podría cortar una oreja y huir.

Me reí con amargura.

—Entiendo.

Como quieras.

No necesito tu aprobación para saber lo que hicimos.

Vancer colocó su mano pesada en mi hombro derecho y lo apretó.

—Muchacho, no te enojes.

No lo digo porque no te crea, sino porque son las reglas.

Igual tendrán una recompensa por sus actos contra los elfos, más el pago de los víveres.

Y su rango subirá.

Soltó mi hombro y volvió a subir las escaleras sin mirar atrás.

En la recepción, la chica nos cambió las fichas blancas por unas de color gris opaco y nos dio la recompensa.

—Bien, son 3 monedas de plata por los víveres y 1 moneda de oro por los elfos.

Aquí tienen sus nuevas fichas Grises (Aprendiz) más la recompensa.

Felicidades.

Tomé las cosas y salimos en silencio del edificio.

—Podríamos comer algo para festejar.

Hay un restaurante en la esquina que huele bien —sugirió Lioren, mirando la moneda de oro con brillo en los ojos.

—Está bien.

Lo merecemos.

Fuimos al restaurante y pedimos una mesa alejada para festejar nuestra primera victoria real.

Fin del Capítulo 10.

Pregunta para mis lectores: ¿Qué creen que significa la sangre cobriza de Zyro?

¿Se está transformando en monstruo o es solo una habilidad?”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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