El Lord que no podía olvidar - Capítulo 19
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19: Traicionado [3] 19: Traicionado [3] Eloise respiró hondo y entró en la habitación donde oyó a Agatha apremiar a Iris para que se vistiera.
Llamó a la puerta para atraer su atención.
—¡Eloise!
—la saludó Iris alegremente—.
He estado esperando con mucha paciencia a que llegaras.
¿Ves?
Dije que vendría —dijo, apartándose del lado de Agatha—.
¿Has visto a tu padre?
Eloise sonrió mientras Iris le cogía la mano.
—Sí, lo vi.
Gracias por lo que hiciste por mí.
—Fue una imprudencia de tu parte escaparte cuando tu tío no estaba contigo.
Por no mencionar lo desconsiderado que fue involucrar a Iris en tus planes.
Espero que esta noche te haya hecho despertar y que no vuelvas a ser tan negligente —dijo Agatha, poniéndose las manos en las caderas.
—He despertado del sueño en el que parecía estar viviendo.
Iris, ¿podría hablar contigo a solas…?
—¿Te atreves a pedir privacidad en mi casa y conmigo delante?
Después de lo que hiciste anoche, has perdido el derecho a hablar en privado con mi hija.
Mantente alejada de ella por ahora.
No permitiré que arruines su oportunidad de conocer a un buen pretendiente —dijo Agatha, volviendo a buscar un vestido adecuado.
Iris deseó que su madre se callara.
—Quiero oír lo que tienes que decir.
He estado muy preocupada por ti, viajando sola.
—Iris —la regañó Agatha—.
No quiero oír ni una palabra.
Es hora de que te centres en ti misma.
Sal de la habitación de inmediato, Eloise.
Ya me ocuparé de ti cuando Lord Hawthorne se marche.
—He venido aquí con Lord Hawthorne.
Ha venido a hablar de nuestro compromiso —dijo Eloise, soltando por fin la confesión—.
Por eso quería hablar con Iris en privado.
Puedo explicároslo todo.
Iris se rio y apartó bruscamente su mano de la de Eloise.
—¿Bromeas?
Dime que esto es una broma de mal gusto.
No puedes casarte con el hombre del que te he hablado desde que llegaste.
Tú no me harías algo así.
—Lo lamento de verdad, y te aseguro que tengo mis razones —dijo Eloise, con el corazón encogido al ver la mirada de traición de Iris—.
No pretendía hacerte daño.
Agatha, que se había quedado inmóvil al oír la noticia, se recuperó de la conmoción y se acercó a Eloise.
Alzó la mano y la descargó con fuerza, dándole una bofetada en la cara.
—¡Maldita mocosa!
Sabía que no saldría nada bueno de traerte a nuestra casa —dijo Agatha, hirviendo de rabia—.
Siempre supe que intentarías robar lo que le pertenece a Iris.
Eloise soportó el dolor en la mandíbula.
Apretó el puño, deseando devolverle el golpe a Agatha, pero se contuvo por el momento.
Se contuvo solo por Iris.
—¿No lo sabía?
El robo es cosa de familia —dijo Eloise, mirando a Agatha con desafío en lugar de acobardarse como siempre—.
Iris, no lo hice para herirte.
Ellos…
—Pero sabías que me haría daño —replicó Iris, sin querer escuchar las excusas de Eloise—.
Sabías que yo quería casarme con él.
Te conté mis planes, y tú estabas ahí mismo, animándome.
Creí que de verdad te alegrabas por mí.
—Anoche no tenía intención de aceptar ninguna proposición, pero un horrible secreto que descubrí me ha obligado a hacerlo.
Mi padre fue asesinado, y el culpable es el tuyo.
Tu madre también lo sabe —dijo Eloise, viendo cómo el rostro de Agatha se transformaba de la ira al horror.
—N-no —Iris negó con la cabeza, rehusándose a creer la historia de Eloise—.
No es verdad.
Esta broma no tiene ninguna gracia.
—No te mentiría, Iris.
Él ya no está, y tus padres están conspirando para quedarse con la casa…
—¡Basta!
—La exigencia provino de Agatha.
Agatha se acercó a Eloise y la agarró por los hombros.
—Tienes que dejar de decir esas mentiras antes de que arruines a esta buena familia.
—Entonces, dígalo usted.
Jure ahora que mi padre está vivo y que su marido no le hizo ningún daño.
Júrele a ella que ustedes dos no hablaron de lo que hizo mi tío anoche en el baile.
Que no estaban conspirando para enviarme con Percival.
Júrele ahora que nada de eso ocurrió —dijo Eloise, dándole a Agatha una oportunidad.
Iris miró a su madre en busca de una respuesta sincera.
Eloise tenía que estar equivocada.
Su padre nunca haría daño a su tío ni intentaría arrebatarles la casa.
—Juro que nada de eso ha ocurrido.
Este es el último día que pasarás en esta casa.
Ten las maletas hechas para cuando vuelva —dijo Agatha y salió de la habitación hecha una furia.
Por mucho que Agatha quisiera hacerle las maletas a Eloise ella misma, tenía que ir a ver a Clive.
Si Clive se quedaba a solas con Lord Hawthorne y salían a relucir estas acusaciones, entraría en pánico y revelaría lo que hizo.
No podían permitirse un traspié ahora.
Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de Eloise.
—Iris, lo que te digo es la verdad.
Escuché a tu padre confesar que mató al mío y, cuando fui a casa de mi padre, encontré sus cenizas.
Me ha robado la oportunidad de darle un entierro digno.
Por primera vez en su vida, Iris sintió el corazón roto.
No podía mirar a Eloise.
Eloise era la última persona de la que Iris habría esperado una traición.
La vista de Iris se nubló a causa de las lágrimas.
Eloise dio un paso al frente, con la intención de abrazar a Iris.
—No te mentiría, y ciertamente no pretendía hacerte daño con el compromiso.
No tenía a nadie más a quien recurrir en ese momento que a Lord Hawthorne.
Iris giró la cabeza bruscamente, incapaz de creer las palabras que Eloise se atrevía a pronunciar.
—¿Que no tenías a nadie más a quien recurrir?
Entonces, ¿qué soy yo?
¿Acaso no te ayudé?
La mano derecha de Iris temblaba mientras se contenía para no abalanzarse sobre Eloise como había hecho su madre.
—Y yo, aquí, preocupándome por ti como una tonta, mientras tú te colocabas al lado de Lord Hawthorne.
No solo me robas al hombre con el que pensaba casarme, sino que además acusas a mi padre de un crimen atroz.
Iris bajó la mirada al suelo y se secó los ojos llenos de lágrimas.
—Digo la verdad sobre tu padre.
Debes creerme —dijo Eloise, desesperada por que Iris la creyera.
Nunca antes le había mentido, no era posible que no le creyera ahora—.
Ha matado a mi padre, y tengo las cenizas para demostrar que quemó el cuerpo para ocultar lo que hizo.
Iris negó con la cabeza.
—No sé qué crees que oíste, pero mi padre no es un asesino.
Tal vez perder a tus dos padres te ha trastornado el juicio, pero no es justo que acuses a nadie a ciegas.
—Iris…
—Te ruego que te alejes de mí, Eloise.
No reconozco a la mujer en la que te has convertido, ni quiero que se me relacione contigo.
Me traicionaste después de toda mi amabilidad, y te odio por ello —dijo Iris, decidiendo seguir el consejo de su madre—.
Debo pensar en mí misma, ya que preocuparme por los demás solo me ha herido al final.
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