El Lord que no podía olvidar - Capítulo 2
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2: Reencuentro [2] 2: Reencuentro [2] Agatha desvió la mirada hacia la clave para su supervivencia.
Eloise había sido enviada a su hogar para que la cuidaran mientras su padre recibía tratamiento, pero pronto perdería todo lo que una vez atesoró.
Los labios de Agatha se curvaron en una sonrisa al pensar en cómo Eloise no era tan afortunada como otros afirmaban.
—Debes casarla después de que Iris haya encontrado un esposo.
No puede ser que Eloise venga a la ciudad y encuentre marido antes que tu hija.
Deberías oír todo lo que se dice de Eloise —dijo Agatha.
—Hablas como si fuera algo malo.
Tan solo esta noche, cuatro hombres han venido a preguntar si pueden concertar una visita para traerle flores a Eloise mañana.
No pasará mucho tiempo hasta que podamos casarla con el pretendiente adecuado —dijo Clive, pensando en el estatus que podrían alcanzar.
Clive pensó que Eloise se estaba perfilando como la belleza de la temporada.
—No hay dinero suficiente para sanear nuestras finanzas y casar a las dos jóvenes con un buen hombre.
Si tienes que elegir a una, debes usar la dote para Iris.
Ella se casará con Lord Hawthorne.
Mejor hubiera sido que tu hermano nos pagara por cuidar de Eloise —masculló Agatha.
Agatha seguía molesta con Clive por haberse ofrecido a acoger a Eloise sin ninguna compensación, a pesar de saber que no podían permitirse alimentar una boca más.
—Mi hermano estaba enfermo cuando me envió la carta.
¿Cómo iba a preguntarle por dinero en ese momento?
Llevaba un mes sin trabajar, así que no tenía dinero que ofrecerme.
Solo aguanta un poco más —dijo Clive, dándole unos golpecitos en la mano a Agatha—.
Su casa es el premio.
La sequía de dinero estaba a punto de terminar.
Clive frunció el ceño al pensar que la muerte de su hermano sería la respuesta a sus plegarias.
«¿Cómo puedo tener estos pensamientos?», se preguntó Clive.
Su difunta madre se levantaría de la tumba y lo abofetearía hasta dejarlo sin sentido si supiera lo que estaba tramando.
Clive estuvo a punto de cambiar de opinión, hasta que su mirada se cruzó con la de los hombres a los que les debía dinero.
Su hermano no necesitaba el dinero, pero él sí.
—Llevo aguantando bastante tiempo.
En lugar de entusiasmarte con lo que hace tu sobrina, te sugiero que te relaciones con los hombres presentes para encontrar más trabajo y busques la manera de poner a Lord Hawthorne delante de nuestra hija.
Debe enamorarse de ella —dijo Agatha, poco dispuesta a dejar pasar la oportunidad.
Agatha se percató de la presencia del hermano menor de los Hawthorne y pensó que Damien no tardaría en aparecer.
—¡Eloise!
—llamó Agatha a la joven.
—¿Sí, tía Agatha?
—respondió Eloise mientras se acercaba a donde estaba Agatha.
—Refresca un poco.
Sé buena y tráeme mi chal —dijo Agatha, dándole un suave empujón a Eloise.
No dejaba de mirar hacia donde estaba Kyle, con la esperanza de ver a Damien.
—¿Por qué mandas a Eloise, madre?
Están pasando doncellas —dijo Iris, que quería mantener a Eloise cerca.
—No pasa nada.
Vuelvo enseguida —dijo Eloise.
—Entonces yo iré con…—
—No —la detuvo Agatha—.
Hay un caballero al que debo presentarte ahora mismo.
Por fin está solo.
Iris hizo un puchero.
—Entonces, que padre acompañe a Eloise.
No puede estar sola en un lugar que no conoce.
No es seguro para una dama.
—No me importa ir sola.
Seré rápida y volveré antes de que nadie note mi ausencia.
Deberías ir con tu madre —dijo Eloise, instando a Iris a que se fuera.
Eloise comprendió que Agatha quería estar a solas con Iris y no quiso entrometerse.
—¿Ves?
A ella no le importa.
Ahora, sonríe —dijo Agatha, tomando a Iris del brazo para apartarla—.
¿Dónde está Lord Hawthorne?
—Sé rápida —le indicó Clive a Eloise.
—Sí, tío —respondió Eloise, girando sobre sus talones para buscar el chal.
Mientras salía del jardín, Eloise no dejaba de mirar hacia los músicos.
Quería escuchar la pieza que tocaban, pues era una canción que su padre adoraba.
—¡Oh!
—exclamó Eloise, al chocar su cuerpo contra alguien—.
Le pido disculpas.
No estaba mirando por dónde… Lord Hawthorne.
—Señorita Eloise —dijo Damien, sujetándola por los brazos para que no perdiera el equilibrio—.
¿Pies inestables?
—¿Disculpe?
—preguntó Eloise, dando un paso atrás.
—Ya es la segunda vez que se topa conmigo.
O bien busca mi atención, o sus pies no le responden.
Por lo que recuerdo de usted, siempre ha sido una pésima corredora, pero ahora parece que también le afecta al caminar.
—Ni lo uno ni lo otro.
Intentaba echar un vistazo a los músicos, pero debería haber estado atenta a mi camino.
Le pido disculpas una vez más —dijo Eloise.
Eloise apartó la vista de Damien cuando la mirada de él se intensificó.
Tragó saliva, nerviosa por si había hecho algo malo.
—¿Hay algo que desee preguntarme, Lord Hawthorne?
—¿Cómo sigue su padre?
Lamento mucho saber que está enfermo.
—Mi padre siempre ha sido propenso a enfermar, pero su salud ha empeorado drásticamente en las últimas semanas.
A pesar de lo que dicen los médicos, me aferro a la fe de que lo superará, y entonces volveré al lugar al que pertenezco.
Ya no tendrá que preocuparse de que me tropiece con usted —dijo Eloise, restándole importancia a su torpeza.
—Es una lástima que esté enfermo, pero estoy disfrutando bastante de su decisión de enviarla aquí.
He podido ser testigo de cómo ha encogido —bromeó Damien.
—Siempre le aseguré que crecería más que yo.
Ahora me arrepiento —dijo Eloise, pues Damien se había vuelto un insolente—.
Si tiene tiempo, mi prima Iris ha estado deseando hablar con usted.
—Con el debido respeto, le agradecería enormemente que no insistiera en presentarla.
Me encantaría que la señorita Iris me hiciera el gran favor de darle un empujoncito a su prima —dijo Damien, mirando desde arriba a la joven, que estaba desconcertada.
—¿Qué?
No lo entiendo —dijo Eloise.
—Ya lo entenderá a su debido tiempo.
Cuando le escriba a su padre, déle mis mejores deseos.
Y aunque me gustaría ponerme al día de lo que me he perdido de su vida, debo marcharme antes de que empiecen las propuestas de matrimonio.
Tenga cuidado por dónde camina —dijo Damien, despidiéndose de Eloise.
—Adiós, Lord Hawthorne —dijo Eloise, haciendo una reverencia.
«Será mejor que me mantenga alejada de él», masculló Eloise para sí.
Eloise no quería cruzarse con el hombre que su tía deseaba con tanto ahínco para su prima.
Eloise reanudó la búsqueda del chal de Agatha y, tras recibir la ayuda de una doncella que pasaba, regresó al jardín.
—Encontré el chal —dijo Eloise, ofreciéndoselo a Agatha.
—¿Qué?
Ah, ya es hora de irse —dijo Agatha, tomando el chal de las manos de Eloise—.
Qué lástima que Lord Hawthorne parezca estar escondiéndose.
—No se está escondiendo.
Lord Hawthorne ya se ha marchado.
Me encontré con él mientras buscaba su chal —le contó Eloise.
—¿Ah, sí?
—inquirió Agatha, recelosa—.
¿Hablaste con él?
¿Es que no sabes que una dama y un caballero no deben estar a solas?
—No hablamos.
Solo llegué a tiempo para verlo marchar —dijo Eloise, esperando que el interrogatorio terminara pronto.
—Mmm.
La próxima vez sé más rápida.
¡Iris!
—llamó Agatha a su hija para que la siguiera—.
Ya tendrás otra oportunidad.
Agatha le dedicó a Eloise una última mirada.
Una conversación entre Eloise y Lord Hawthorne no podía volver a repetirse.
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