El Maldito Instructor de la Academia de Magia - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Torre de la Universidad de Plata 4
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15: Torre de la Universidad de Plata [4] 15: Torre de la Universidad de Plata [4] Vanitas apiló los exámenes calificados ordenadamente sobre su escritorio.
El examen no era solo para obtener una nota.
Era para evaluar el nivel académico de sus estudiantes, para determinar hasta dónde podía exigirles.
Aunque había jugado esta historia innumerables veces, vivirla como Profesor le daba una perspectiva completamente nueva.
Un rápido vistazo a la pila le dijo lo suficiente.
La mayoría de los estudiantes estaban lamentablemente poco preparados.
Sus respuestas estaban plagadas de errores o de intentos a medias.
Pero había excepciones.
[Astrid Barielle Aetherion]
Su examen era casi impecable.
Cada una de sus respuestas estaba escrita con claridad, por no hablar de su caligrafía.
Luego estaba Sophia Clementine.
Sus respuestas no eran tan pulcras como las de Astrid, pero demostraban una comprensión en bruto que iba mucho más allá del plan de estudios estándar.
Golpeteó el borde del papel, pensativo.
—Piensa demasiado —masculló—.
Necesita pulirse.
Fssst—
Le seguían otros chicos nobles, pero sus resultados palidecían en comparación.
La ejecución casi impecable de Astrid y el enfoque reflexivo de Sophia habían puesto el listón muy alto.
Algunos intentaron imitar sus estilos.
Otros simplemente garabatearon lo primero que se les vino a la mente, esperando lo mejor.
Vanitas podía darse cuenta de ello con solo observar.
Fssst— Fssst—
Vanitas ojeó los exámenes rápidamente.
De vez en cuando, se detenía, enarcaba una ceja y luego continuaba.
La disparidad de conocimientos era flagrante.
Finalmente, se detuvo cuando un nombre le llamó la atención.
[Ezra Kaelus].
El plebeyo que había quedado primero en el examen TAEE.
…
Vanitas se reclinó en su silla, examinando los garabatos desordenados que llenaban el examen de Ezra.
Sus respuestas eran poco convencionales, rozando lo caótico.
Y, sin embargo, de alguna manera, eran correctas.
—Instintivo —murmuró Vanitas, entrecerrando sus ojos amatista—.
No sabe por qué funciona.
Solo sabe que lo hace.
Era un talento en bruto, sin pulir.
El tipo de talento que podía o bien prosperar bajo presión o hacerse añicos por completo.
Igual que en el propio juego.
Ahora mismo, no había ningún jugador.
Sin embargo, el más cercano a un jugador no era otro que Ezra Kaelus.
En los actos siguientes, aparte del jugador, Ezra Kaelus era una figura indispensable, sobre todo en ausencia de los Profesores.
Como estudiantes de la más prestigiosa Torre Universitaria, eran objetivos principales.
El peligro los seguiría, les gustara o no.
Así es como estaba diseñado el juego, simplemente.
Vanitas suspiró, reclinándose en su silla.
A decir verdad, Vanitas no quería enemistarse con Ezra.
Pero necesitaba que Ezra conociera la dura realidad de la cultura igualitaria que conllevaba la Academia.
La arrogancia de Ezra, su actitud despreocupada…, no sobrevivirían a las pruebas que se avecinaban.
—Ja, ja.
En cualquier caso, Vanitas podía excusar que se quedara dormido.
No era del todo culpa de Ezra.
El inconveniente de su estigma lo obligaba a estar constantemente somnoliento.
—Supongo que eso es todo.
—Eh…
Vanitas levantó la cabeza, ajustándose las gafas.
—¿Todavía estás aquí?
Karina seguía allí, de pie, inmóvil, como si esperara sus órdenes.
—¿No vas a almorzar?
—dijo Vanitas.
Era la hora del almuerzo.
—No, me quedaré aquí por si el Profesor me necesita.
—Bueno, he terminado por esta clase.
La preparación es más o menos la misma para mis próximas lecciones.
—¿E-en serio?
Gracias a los meticulosos preparativos de Karina antes incluso de que él llegara, en primer lugar no tenía mucho trabajo que hacer.
—Sí.
—Vanitas se levantó de la silla, cogió su abrigo y se dirigió a la puerta—.
Voy a almorzar.
Tómate un descanso tú también, Karina.
Antes de que ella pudiera protestar, Vanitas se dirigió a la puerta y se fue sin decir una palabra más.
Karina se quedó mirándolo, mordiéndose el labio.
La habitación estaba en silencio, salvo por el leve crujido de los papeles que ella había organizado antes.
Miró el escritorio vacío y luego su estómago, que gruñía.
—…
Necesito ahorrar.
Las finanzas de Karina eran ajustadas, sobre todo después de haber pagado recientemente las facturas médicas mensuales de su padre.
Para llegar a fin de mes, se había estado saltando comidas, limitándose solo a la cena.
Así que, sin nada más que hacer, Karina se sentó en su propio escritorio y sacó un pequeño cuaderno de su bolso.
[Vanitas Astrea 101]
[1.
Lleva gafas solo para verse bien.
Estoy cien por cien segura de que su vista es normal.
Ni siquiera le quedan bien].
[2.
Estricto pero justo.
Excepto cuando se trata de Ezra.
Estoy bastante segura de que lo está poniendo a prueba, pero parece más acoso].
Había estado estudiando a Vanitas en secreto, solo para estar bien preparada para cuando ocurriera lo inevitable.
[3.
Probablemente nunca ha sonreído en su vida.
Excepto quizá con ese libro que siempre está leyendo].
Karina miró hacia la puerta, esperando a medias que Vanitas apareciera de repente y la regañara por sus pensamientos.
Su corazón dio un vuelco ante lo absurdo de la situación.
Finalmente, escribió:
[4.
Probablemente esquizofrénico.
A menudo habla solo, incluso cuando no hay nadie cerca].
Karina asintió con una sonrisa descarada en el rostro mientras cerraba el cuaderno.
Era necesario.
Era por su supervivencia.
***
Charlotte miró alrededor de la bulliciosa cafetería.
Por primera vez en todo el tiempo que podía recordar, sentía la cartera pesada en el bolsillo.
Vanitas le había dicho que dejara sus trabajos a tiempo parcial y que él la mantendría económicamente.
Pero la pregunta seguía en el aire: ¿cómo iba a conseguir los fondos?
Vanitas le había dicho que no se preocupara por eso.
Él se encargaría de todo.
Charlotte solo tenía que centrarse en sus estudios.
Sintió ganas de llorar.
Pensar que esas palabras saldrían de la boca de su Hermano.
«No es mi hermano…».
Era mucho mejor.
Dicho esto, Charlotte pudo comprar un menú completo.
Era la primera vez.
—¿No es esa Charlotte Astrea?
—No puedo creer que consiguiera colarse en la clasificación.
—Chis, podría oírte.
—Cierto, por culpa de ese hermano suyo, ahora es prácticamente intocable aquí.
Charlotte intentó ignorar los murmullos mientras se dirigía a una mesa vacía.
Algunos de los chicos de su instituto consiguieron aprobar los exámenes.
Por suerte, no eran muchos.
Al sentarse, se concentró en su comida, con las manos temblando al coger los cubiertos.
La comida olía de maravilla, pero sentía que se le había quitado el apetito.
«¿Intocable?», pensó con amargura.
«Se equivocan.
Siempre lo hacen».
Apretó el tenedor con fuerza.
Los susurros no cesaron.
—¿Cuánto crees que pagó su hermano para que entrara?
«Eso ni siquiera es posible», pensó Charlotte.
—Vaya broma.
A ese Hermano suyo no le va mejor.
Se le formó un nudo en la garganta.
No era la primera vez que oía este tipo de comentarios, pero nunca se hacía más fácil.
«No llores», se dijo a sí misma, obligándose a centrar la atención de nuevo en la bandeja.
Dio un bocado vacilante, saboreando el gusto.
Por un breve instante, el mundo a su alrededor se desvaneció.
¡Ñiiiic—!
Y entonces una silla chirrió con fuerza contra el suelo.
Charlotte levantó la cabeza de golpe, sobresaltada.
Una figura alta se dejó caer en el asiento de enfrente, dejando su bandeja con un fuerte estrépito.
«¿Qué demonios…?».
Charlotte sabía exactamente quién era.
¿Cómo no iba a saberlo?
Aparte de ella, era el chico del que todo el mundo susurraba, el prodigio que había quedado primero en los exámenes TAEE.
—Ah, perdona.
No te había visto —saludó él con naturalidad, reclinándose en su silla.
—¿Q-qué haces?
—tartamudeó Charlotte, mirando a su alrededor.
Ahora, todos los ojos de la cafetería parecían estar puestos en ellos.
Ezra enarcó una ceja.
—¿A punto de comer?
¿Qué te parece?
…
Charlotte abrió la boca y luego la cerró.
Se había quedado completamente sin palabras.
Ezra desenvolvió sus cubiertos con aire despreocupado, ajeno —o quizá indiferente— a las miradas que los rodeaban.
—No te lo tomes a mal, es que las vistas desde aquí son buenas —dijo Ezra mientras miraba por la ventana.
…
—No sé por qué todo el mundo habla de ti.
Pero a mí me pasa más o menos lo mismo.
…
La mirada de Charlotte se detuvo en la bandeja de él.
A diferencia de la suya, apenas comía nada.
Una sola manzana, un vaso de agua y un sándwich club.
—…
¿Quieres un poco?
—hizo un gesto Charlotte, ofreciéndole parte de su comida.
—No, está bien.
Esto es lo normal para mí.
—¿Ah, sí?
—Tengo que acostumbrarme de todos modos.
La beca no cubre estos gastos —dijo Ezra.
Terminando el último trozo de pan, Ezra ladeó la cabeza, estudiándola por un momento.
Luego preguntó: —¿Nombre?
Charlotte, que mordisqueaba su comida, se detuvo y levantó la cabeza.
—Charlotte.
—Charlotte, ¿eh?
Vale, intentaré recordarlo.
Ezra se levantó con su bandeja y desapareció poco después.
Charlotte terminó su propia comida, se reclinó en el asiento y suspiró.
—Haaa…
El hecho de que no la reconociera la dejó atónita.
Casi todos los demás la habían evitado el primer día.
Era muy diferente de sus años en la academia.
En aquel entonces, los aristócratas de mayor rango no solo cotilleaban, sino que se metían con ella abiertamente.
Aquí, nadie se atrevía a acercarse.
Solo susurraban a distancia.
Y sabía que todo era por una persona.
Vanitas.
Pero todavía había una duda que persistía en su mente.
«¿Por qué los espíritus no dejan de decirme que es un demonio?».
Claramente no lo era.
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