EL ODIO DIVINO - Capítulo 18
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18: Capítulo 18 : Fuerzas extrañas 18: Capítulo 18 : Fuerzas extrañas —Oye… tú puedes… Concentrado, cubierto de sudor frío, Ariel no dejaba de temblar.
Todos los días seguía sobreexigiendo su espíritu divino.
Lucifer lo observaba preocupado.
—Tú… debes tomarte un tiempo.
Ariel, ¿me escuchas?
Ariel respondió con confianza.
—Tranquilo, Lucifer.
Estoy siguiendo las indicaciones de Maeriel.
—Estás descuidando algo muy importante, Ari… —¿De qué me estás hablando?
Lucifer suspiró.
—Tu espíritu… no es 100% divino.
Tú lo sabes, ¿verdad?
Ariel frunció el ceño.
—No te entiendo, amigo.
¿De qué hablas?
Lucifer se quedó en silencio un momento… y luego rió.
—¿Me dijiste amigo?
Jajaja… gracias.
Luego su voz se volvió más pesada.
—Yo estuve una eternidad en el infierno.
Padre me condenó allí.
Nunca pude salir.
Mi poder era la luz y la esperanza… pero lo perdí todo.
Ariel escuchaba en silencio.
—Mi ser empezó a absorber las impurezas de las almas mortales para devolverles vida.
Pero esa maldad… me corrompió.
Lucifer bajó la mirada.
—Tengo dentro de mí toda la podredumbre… no solo de la Tierra… sino de todo el cosmos.
Ariel quedó sorprendido.
—Mi alma es divina gracias a ti… pero sigo absorbiendo esa oscuridad.
Lucifer lo miró con preocupación.
—Si sigues desplazando tu espíritu como lo haces… liberarás aún más maldad.
Y si esa oscuridad se mezcla con tu alma mortal… no sabemos qué puede pasar.
Ariel se quedó en silencio.
Nunca había pensado que la maldad pudiera mezclarse con su alma.
—Pero tú hablas de convertirme en dios… y ahora me dices que tu alma está corrompida.
Lucifer soltó una risa amarga.
—Lo sé.
Sé lo que soy.
Su voz tembló.
—Mi creador me aborrece.
Estoy solo en el infierno… rodeado de demonios.
Apretó los puños.
—Las almas mortales que sufren por sus pecados son juguetes para ellos.
Tu especie cree que los demonios son mis hijos o mis subordinados… Negó con la cabeza.
—Yo no pedí esto.
Si fuera por mí… no existiría.
Ariel lo miró con calma.
—Tranquilo, Lucifer.
Luego habló con determinación.
—Te entiendo.
Haremos lo necesario para sobrevivir.
—Somos uno.
Lucifer lo miró sorprendido.
—Yo solo quiero tener control de lo que soy… ¿Sabes?
Padre… o Dios… no actúa como tal.
Su voz se volvió amarga.
—¿Qué clase de padre dejaría que su hijo sufriera toda la eternidad?
Ariel levantó la cabeza con esperanza.
—Tú me ayudas… y yo haré lo mismo.
Sonrió levemente.
—Tú y yo somos un solo ser… ¿verdad, estrella?
Lucifer lo miró en silencio.
Luego sonrió.
—Sabes, Ariel… tú no te diste cuenta, ¿verdad?
—¿De qué hablas?
Lucifer soltó una carcajada.
—Te desmayaste por sobreexigir tu espíritu.
Ariel abrió los ojos.
—¿Qué?
Lucifer rió más fuerte.
—¿Por qué crees que llevamos tanto tiempo hablando?.
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