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EL ODIO DIVINO - Capítulo 20

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20: Capítulo 20 : Energías 20: Capítulo 20 : Energías En un sueño profundo puedes vivir una vida que jamás vivirás.

Pero… ¿qué ocurre si el sueño te consume?

¿Y si empiezas a creer que realmente eres esa persona?

Daniel era un niño que creció rodeado de abuso.

Los golpes de sus padres eran parte de su vida diaria.

Los insultos… también.

A los diecisiete años algo dentro de él se rompió.

—Jajaja… matar… matar… matar… Esa palabra se repetía una y otra vez dentro de su mente.

Primero fue su padre.

Daniel lo ató a una silla en el sótano, aprovechando que estaba completamente borracho.

Esperó.

Quería que estuviera consciente.

El hombre despertó con un fuerte dolor de cabeza.

—¿Dónde estoy…?

Qué jaqueca tengo… Miró alrededor confundido.

—¿Por qué estoy en el sótano…?

¿Por qué estoy atado?

Su mirada encontró a Daniel.

—Hijo… ayúdame.

Daniel lo observaba en silencio.

—Desátame.

El padre frunció el ceño.

—Otra vez estás jodiendo… cuando me sueltes te voy a dar tu merecido.

Daniel sonrió.

Una sonrisa torcida.

Una sonrisa enferma.

—Oh… hola, papá.

Tomó una pinza de herramientas que estaba sobre la mesa.

—Te tengo una sorpresa.

—¿De qué hablas?

¡Te di una orden!

¡Suéltame!

Daniel no respondió.

Solo levantó la herramienta.

Lo que ocurrió después… No hace falta decirlo.

Más tarde, cuando su madre regresó a la casa, Daniel ya había tomado una decisión.

Prendió fuego la casa.

Las llamas crecieron rápidamente.

El calor devoraba todo.

—¡JAJAJA!

Daniel no dejaba de reír.

—¡NO ME ARREPIENTO DE NADA!

El fuego lo consumió junto con la casa.

De repente… Ariel despertó.

Respiraba agitado.

—¿Qué fue eso…?

Lucifer suspiró.

—Esto es lo que te dije, Ariel.

Su voz sonaba pesada.

—Esas son las energías malditas que absorbí durante eternidades.

—Se manifiestan como sueños.

Ariel todavía estaba asustado.

—Entonces… ¿eso realmente pasó?

—Sí.

Lucifer guardó silencio un momento.

—Y no fue el único caso.

Una voz interrumpió la conversación.

—Te despertaste.

Era Maeriel.

Ariel se incorporó lentamente.

—Sí… ya estoy por levantarme.

—Ven —dijo ella—.

Tenemos que seguir entrenando.

Lucifer habló de inmediato.

—Hoy no entrenes.

Su tono era serio.

—Si sigues forzando tu espíritu… esto puede salirse de control.

Ariel pensó rápidamente en una excusa.

Pero ya era un ángel.

No enfermaba.

No envejecía.

No tenía muchas opciones.

Entonces miró a Maeriel.

—Oye… ¿quieres salir?

Maeriel frunció el ceño.

—Qué raro.

—Tú nunca quieres salir.

Ariel sonrió.

—Pero hoy sí.

Los dos salieron hacia la ciudad.

Como siempre, las criaturas del lugar los observaban con curiosidad.

Pero Ariel y Maeriel apenas lo notaban.

Solo estaban concentrados el uno en el otro.

Probaron frutas extrañas que Ariel nunca había visto.

Los sabores eran completamente nuevos para él.

Maeriel reía.

—¡Vamos a los juegos explorales!

Ariel inclinó la cabeza.

—¿Qué son esos juegos?

Cuando llegaron, Ariel quedó sorprendido.

Parecía un parque de diversiones.

Pero no era uno normal.

En lugar de montañas rusas… Había dragones voladores.

—¿Qué son esas cosas?

—Son pruebas para guerreros —explicó Maeriel—.

Las criaturas entran ahí para demostrar su fuerza.

Ariel observó fascinado.

—¿Puedo entrar?

Maeriel negó con la cabeza.

—Cuando seas más fuerte.

El día terminó tranquilamente.

Ambos regresaron a casa.

Pero muy lejos de allí… En la Corte Divina… Un guardia anunció: —Puedes entrar.

Una pequeña criatura caminó hacia el centro del salón.

—¿Cómo te llamas?

—Me llamo Bip.

La criatura inclinó la cabeza.

—Vengo a reportar una anomalía.

La sala quedó en silencio.

—Habla —ordenó el jurado.

—Una criatura mitad mortal… De inmediato, todo el templo estalló en murmullos.

—Eso es imposible.

—No puede existir.

—¿Cómo llegó aquí?

—¿Qué clase de ser es ese?

Una voz poderosa interrumpió el caos.

—Si mientes, señor Bip… —Serás aniquilado.

Bip tembló.

—No mentiría jamás.

El jurado miró hacia uno de los guerreros presentes.

—Torment.

Un hombre enorme levantó la mirada.

—Sí, señor.

—Ve a buscar esa anomalía.

Los ojos de Torment brillaron con determinación.

—La traeré ante la corte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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