Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Patito Feo De La Tribu Tigre - Capítulo 267

  1. Inicio
  2. El Patito Feo De La Tribu Tigre
  3. Capítulo 267 - Capítulo 267: Tengo un secreto
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 267: Tengo un secreto

—Pequeña tigresa, ¿tienes secretos?

Parpadeé y mi corazón dio un vuelco. Me quedé en silencio. ¿Por qué hacía esa pregunta en un momento como este?

—Ya te he contado todos mis secretos —dijo Noah con tono solemne—. Así que no me preocupa cruzar este valle. Pero a cualquiera que tenga un secreto escondido en el corazón, este lugar, el Valle Susurrante, lo expondrá. No pide permiso. Simplemente te arranca la verdad de la garganta.

Miré hacia el oscuro bosque, con el corazón latiéndome cada vez más fuerte.

¿¡Pero qué demonios!?

Mientras miraba más adentro del denso bosque que intentaba tragarse mis pensamientos, vi un polen dorado y resplandeciente flotar entre los troncos como un fantasma, una ilusión.

Se me secó la garganta en un instante.

Tengo un secreto.

Sí, definitivamente tengo un secreto. Un secreto muy grande que planeaba llevarme a la tumba.

Me agarré el pecho, mordiéndome los labios.

Noah me miró y los demás también. Observaron mi inquietud, vieron cómo miraba fijamente el denso bosque como si estuviera vivo y amenazara con devorarme.

—¿Pequeña tigresa? —preguntó Noah, pero no pude responder.

Estaba perdida en mis propios pensamientos, perdida en mis propios escenarios hipotéticos de «¿y si…?».

¿Y si el bosque no arranca el secreto de mi alma, sino solo de mi cuerpo?

No, eso no tiene sentido.

Tenía un secreto que crecía tanto en mi corazón que temía que mis maridos ya no me quisieran una vez que lo escucharan.

—Ari —Damar posó una mano en mi hombro y salí de golpe de mis pensamientos.

Había estado conteniendo la respiración todo este tiempo y ni siquiera me había dado cuenta.

—¿Estás bien? —preguntó Fenric, y los miré, con la vista saltando de uno a otro.

No quiero que me juzguen.

No quiero que me miren de forma diferente.

¿Qué hago?

—¿Quieres que busquemos otra ruta? —preguntó Noah de repente, y lo miré esperanzada.

—¿Hay otra ruta?

Vio la desesperación en mis ojos y supo con certeza que algo pasaba.

—No —respondió, y mi esperanza se desvaneció—. No por el momento, pero podemos encontrar una. Solo necesitamos tiempo.

Pero tiempo era algo que no teníamos.

Me mordí el labio.

¿Qué hago? ¿Qué hacemos?

—Pequeña tigresa, ¿tienes secretos? —preguntó Noah una vez más y asentí.

—Si no tuviera secretos, ¿estaría actuando así? —pregunté—. Estoy preocupada. —Apreté la tela contra mi pecho, sintiendo mi corazón retumbar tan fuerte que hasta mis propios oídos podían escucharlo.

—¿Tienes miedo, Arinya? —preguntó Fenric—. Sea lo que sea que escondes… no puede ser tan malo. Eres nuestra esposa y la madre de nuestros cachorros. Eres una bestia con la que hemos vivido mucho tiempo, así que no creo que lo que sea que escondes vaya a hacernos daño de ninguna manera.

Forcé una sonrisa, pero mi corazón latía a un ritmo frenético contra mis costillas. Si supierais.

Sí, no les haría daño directamente, pero se sentiría como una traición lo mirara por donde lo mirara.

—Tengo un secreto —dije, inspirando y espirando profundamente—. Y es un secreto que bien podría cambiar la forma en que me veis.

—No creo que haya ningún secreto que pueda hacer que te mire de otra manera, Ari —dijo Damar y lo miré, agradecida. Pero ni siquiera él lo sabía.

No había forma de que pudieran imaginar el tipo de secreto que estaba a punto de soltar.

Era de otro mundo… Descabellado e imposible.

—Noah —lo llamé.

—¿Sí?

—¿Dejará de ser un secreto si lo digo ahora?

Mi corazón no dejaba de latir con fuerza y sentía mis extremidades débiles. La realidad de lo que iba a decir hacía que me quedara sin fuerzas por el cansancio. Solo pensar en ello me agotaba.

—Sí —respondió, y junté las manos, las apreté contra mi barbilla y me puse a pensar profundamente.

Siempre había pensado en esto antes. No quería que nadie descubriera que no era la verdadera Arinya y que era una forastera.

No quería que supieran que este mundo era solo una réplica del que yo había creado con un bolígrafo y un cuaderno durante mis solitarios días de instituto.

Quería llevármelo todo a la tumba. Pero en algún momento, me lo pregunté. ¿Seguirían queriéndome si supieran que mi alma era diferente a la de quien decía ser?

¿Seguirían queriéndome si descubrieran que era una forastera?

Por supuesto, los conocí a todos después de mi transmigración, así que no los engañé demasiado. La yo que conocen y conocieron es la yo que poseyó este cuerpo y no la Arinya original.

Tenía las palmas sudorosas y el corazón desbocado.

Todos me miraban, esperando mi confesión.

Era difícil decidirme a confesar y, de hecho, hacerlo. Era jodidamente difícil.

—Antes de decir nada, ¿podéis prometerme algo? —pregunté en voz baja.

—¿Qué es?

—Prometedmelo —se me llenaron los ojos de lágrimas—. Prometedme que nunca me abandonaréis. Prometedme que seguiréis queriéndome, aunque descubráis que yo… ¿que quizá no sea la bestia que creéis que soy?

Todos me miraron, sin palabras.

¿Qué podría ser? Se leía en sus expresiones. ¿Qué podía ser lo que estaba a punto de decir que me tenía tan preocupada? ¿Tan ansiosa?

—Te lo prometo. —Damar no dudó en hacer su promesa—. Como he dicho antes. No creo que haya nada que me haga mirarte o quererte de forma diferente.

Sorbí por la nariz.

—Gracias.

—Yo también te lo prometo —dijo Fenric—. Para mí, tú eres tú. Aunque seas una villana o una bruja, sinceramente, no me importa. Seguiré estando de tu lado y nunca te miraré de forma diferente. Asentí, pasándome la palma de la mano por la mejilla para secar las lágrimas que rodaban en silencio.

Ahora solo quedaba Noah. Me miraba fijamente con los brazos cruzados y la cabeza ladeada.

—No me lo imagino —dijo—. No me imagino enfadándome contigo, y mucho menos odiándote. Así que, definitivamente, no puedo verte de otra manera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo