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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 38

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  3. Capítulo 38 - Capítulo 38: Capítulo Treinta y ocho
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Capítulo 38: Capítulo Treinta y ocho

Una semana más de alivio y tranquilidad. Los días suficientes para ir a Linz con Elara, hacerle una visita a su exnovio, disfrutar el viaje y volver antes de que su padre hiciera acto de presencia.

Aprovechó que ella estaba reposando en su habitación y le informó a Jaques que, en efecto, partirían a Linz al día siguiente, a primera hora, para no perder más tiempo.

—Entonces comenzaré los preparativos del hotel y autorizaré la salida de su Lexus gris—. Convino Jaques, motivado.

Egon le había quitado la sartén y el cucharón para que se encargara de todo lo demás y él fuese el que le llevara la comida a Elara y darle la sorpresa.

No tenía idea de cómo cocinar, pero se las arregló con lo que había de comer en la nevera y un vídeo de YouTube.

Después de casi provocar un incendio, supuso que los “Hot Dogs” estaban listos para ser devorados. No podía decir que eran idénticos a los que vendían en América, pero al menos el sabor se parecía y esperaba que a Elara le gustara porque era lo único que él podía hacer sin quemar la cocina.

Acomodó los platos en una bandeja y fue en dirección a la habitación de Elara, que tenía la puerta entreabierta. La empujó con la rodilla y entró, tomándola por sorpresa.

—Espero tengas mucha hambre para que no notes el mal sabor de estos Hot Dogs—. Bromeó Egon con una sonrisa nerviosa, dejando la bandeja sobre la cama—. Voy por las bebidas, espera.

Elara sonrió al verlo correr de regreso a la cocina y mientras tanto, ella le echó un vistazo al interior de la bandeja.

Olía realmente bien y se veía apetecible, especialmente las salchichas fritas con el aderezo encima.

Y cuando regresó, a Elara se le detuvo el corazón un segundo. ¿Cómo podía ser posible que existiera un chico como él, que podía llegar a ser tierno, divertido e incluso bromista, formar parte de una organización cruel y despiadada?

Semanas atrás le había tenido mucho miedo, especialmente cuando se conocieron en el bar y ahora incluso podía hablar con él sin sentir el más remoto miedo de ser ejecutada por decir algo incorrecto.

La sonrisa amable de Egon Schreitz la desarmó en cuanto volvió al dormitorio con dos vasos de soda de naranja en las manos.

Sus ojos grises tenían las pupilas dilatadas y sumando su sonrisa, y aspecto cómodo, puesto que andaba un pants negro y un suéter blanco, le daba un toque muy juvenil, pero sus tatuajes contrastaban.

—Vaya, ¿a qué se debe tanta alegría y emoción? —preguntó ella, sonriendo.

Él ensanchó su sonrisa como un niño pequeño.

—Mi padre llamó hace un rato—respondió tranquilamente. Elara parpadeó—. Tranquila. Me comentó que estaría una semana más fuera, así que podremos ir a Linz mañana mismo, ¿qué te parece? Solos tú y yo—le guiñó el ojo maliciosamente.

Elara se ruborizó.

—Oh…

Egon volteó a verla y frunció el ceño ligeramente, dejando de sonreír.

—¿No quieres ir?

—Sí, claro que quiero ir, pero…

—¿Temes que se me pueda pasar la mano con tu ex novio? —hizo una mueca.

—¡No es eso! Por mí, golpéalo hasta que pierda el conocimiento.

—¿Y entonces por qué no siento que te agrade de verdad la idea de ir conmigo a Linz?

—Bueno, es que…

Elara desvió la mirada a otro lado, lejos de los ojos grises de Egon, que la miraban con muchísima atención, haciéndola ruborizar más.

Egon dejó el vaso de soda sobre el tocador y estiró la mano para agarrarla de la barbilla y mover su rostro hacia él.

—¿Qué pasa, Trouble? Puedes decirme lo que te preocupa.

Ella parpadeó, mirándolo a los ojos y sintió sus mejillas arder.

—Estás muy roja y parece que tienes fiebre… —murmuró él, ladeando la cabeza.

Elara tragó saliva. Sonrió a medias y apartó el rostro de la mano de Egon para beber un poco de soda.

—No te preocupes, no es nada.

—Yo sé qué sí, dime, por favor.

Obligándose a no mirarlo otra vez, lo hizo. Sus ojos grises parecían los de un niño suplicante y se dio por vencida.

—No quiero arruinar tus ilusiones, Egon.

—¿Sobre qué? —él frunció el ceño.

—No tengo experiencia en nada… íntimo, ya sabes, sexual. Y si piensas que en ese viaje podríamos pasarla bien en ese ámbito, es probable que yo te decepcione—. Confesó, abrumada y movió su cabeza para que su cabello fuese una leve cortina que la cubriera de la vergüenza.

De pronto, hubo un silencio incómodo entre los dos en donde solamente se escuchaban sus respiraciones y algunos pasos en la lejanía, que seguramente era Jaques.

—Si tú no quieres que ocurra nada en Linz, no ocurrirá, Elara—. La voz de Egon fue casi un susurro y ella sintió una de las manos de él sobre la suya y la otra retirándole el cabello de la cara para posicionarlo detrás de la oreja—. Yo no te voy a obligar a nada, ¿de acuerdo?

Ella volvió el rostro para mirarlo.

—Es que yo sí quiero, simplemente que no sé cómo hacerlo y eso, a mi edad, es deprimente—. Titubeó, avergonzada.

Entonces los brazos de Egon se movieron rápidamente hasta acunar el rostro de la fémina entre sus manos y obligarla a mirarlo a los ojos sin rehuirle la mirada.

—Una mujer no mide su valor en su historial sexual—dijo Egon—, se mide en su forma de ser, de pensar y en lo que hace en su vida cotidiana y con los demás, sin mencionar que su corazón debe ser bondadoso y amable. Yo no sé de dónde han sacado las etiquetas que le ponen a las mujeres.

—¿Qué me dices de Viktoria? —murmuró Elara—. Ella ha estado con muchos hombres e incluso Hagen dice que le asquea.

—Viktoria es una perra y su persona da asco, pero no porque se haya acostado con cientos de hombres, sino porque desde siempre ha sido una mierda de ser humano en todos los sentidos. Incluso si fuese virgen, sería igual de repugnante porque sus actitudes son las que hablan por ella.

—Tengo veintinueve años y aunque digas eso, aun me siento fracasada, ¿sabes? Me asusta todo esto—sollozó, sintiendo repentinas ganas de llorar y no podía ocultar su rostro porque él la tenía a su merced—. Mi único noviazgo fue virtual y quedé traumada; luego te conocí en circunstancias poco normales y aunque eres un chico maravilloso, hijo de un capo, eres menor que yo por cuatro años, tienes experiencia en muchas cosas, especialmente en lo sexual, y eso me pone…

Sin embargo, Egon esbozó una sonrisa torcida y la hizo callar con un beso en los labios, dejándola aturdida.

Las lágrimas de Elara, que habían comenzado a rodar por sus mejillas, fueron besadas por Egon y ella se estremeció, dejando que él se hiciera cargo de calmarla con sus besos por todo el rostro sin dejar de sostener sus mejillas entre sus manos.

—Me gustas como eres, Elara Moreau. No me importa tu edad, tu inexperiencia sexual y mucho menos tu apariencia—le oyó decir—. Eres una mujer que todo hombre desearía tener a su lado, y lo digo en serio.

—Yo no pensé que detrás de esa fachada de hombre rudo, existiera el Egon tierno que tengo frente a mí—. Reconoció, y él le limpió las lágrimas con sus dedos pulgares, regalándole una sonrisa dulce.

—Tampoco sabía que existía esa faceta en mí. Cada vez que te veo, agradezco demasiado que me hayas echado encima las bebidas aquella noche en el bar—. Bromeó y ella se ruborizó—. Hiciste todo un show en el que fuiste incapaz de no llamar mi atención.

—Lo peor es que fue un accidente. No pretendía molestarte y Emil casi me da un tiro de gracia ahí mismo—. Se estremeció.

—También ayudaste a que me deshiciera de ese imbécil. Él solo quería una oportunidad para evidenciarme con mi padre.

Elara estiró los brazos hacia él y Egon se acercó para que ella lo abrazara, siendo cuidadosos de no tirar la bandeja con la comida.

—Yo sí quiero estar contigo en la cama, Egon.

—¿Entonces me estás diciendo que quieres ser mía completamente, Trouble? Porque si me das ese permiso, te prometo que no vas a escapar de mí en cuanto lleguemos a Linz—. Su voz se escuchó más grave y profunda a través del abrazo.

—Sí, quiero ser tuya y complacerte—. Susurró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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