Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

El precio de los sueños - Capítulo 39

  1. Inicio
  2. El precio de los sueños
  3. Capítulo 39 - 39 Capítulo 39- Fuego y fuego
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

39: Capítulo 39- Fuego y fuego 39: Capítulo 39- Fuego y fuego Federico seguía arrodillado frente a Claudia, sus manos aún sosteniendo sus tobillos desnudos.

Ella lo miraba desde arriba, con el vestido negro apenas sostenido por los tirantes, el maquillaje corrido por la emoción de la noche.

Él apoyó un beso en su rodilla.

Luego otro, más arriba.

Claudia tembló.

—Fede… —susurró, con la voz quebrada.

Él se incorporó lentamente, recorriendo su cuerpo con las manos, subiendo por sus muslos, su cintura, su espalda.

Cuando llegó a su rostro, la besó con una intensidad que no recordaban desde hacía meses.

El beso fue urgente, profundo, casi desesperado.

Claudia respondió con la misma hambre, aferrándose a su camisa, tirando de él hacia la cama.

Federico la recostó sobre las sábanas blancas, que se arrugaron bajo el peso de sus cuerpos.

El vestido negro se deslizó por su piel como una sombra, cayendo al suelo en un susurro.

Ella quedó en lencería, respirando agitada, con los ojos brillantes.

Él la recorrió con la mirada, como si necesitara memorizarla.

—Te deseo —dijo, con una sinceridad que la desarmó.

Claudia lo atrajo hacia sí, sus piernas rodeándolo, su cuerpo arqueándose para encontrarlo.

Federico la besó en el cuello, en la clavícula, en el borde del pecho.

Sus manos se movían con una mezcla de urgencia y ternura, como si quisiera pedir perdón con cada caricia.

La habitación se llenó de respiraciones aceleradas, de gemidos ahogados, del sonido suave de las sábanas moviéndose bajo ellos.

La piel contra piel.

El calor.

La necesidad.

La reconexión.

Claudia se aferró a él como si temiera que desapareciera.

Federico la sostuvo como si quisiera demostrarle que seguía ahí.

La noche avanzó entre besos, susurros y cuerpos que se buscaban con una intensidad que hacía mucho no compartían.

En otro espacio…

La suite del hotel era un santuario de lujo: alfombra espesa, luces cálidas, una cama enorme cubierta de sábanas color marfil.

El ventanal mostraba la ciudad como un océano de luces.

Alejandro cerró la puerta detrás de ellos y se acercó despacio, sin apuro, como si cada paso fuera parte de un ritual.

—Quiero que esta noche sea tuya —dijo, rozándole la mejilla con los dedos.

Alina sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Él tomó su mano y la llevó hacia la cama.

La sentó en el borde, inclinándose para besarla con una suavidad que la sorprendió.

El beso fue lento, profundo, lleno de intención.

Alejandro deslizó los dedos por la tela roja del vestido, siguiendo la curva de su cintura.

—Este color… —murmuró— parece hecho para vos.

Alina levantó los brazos cuando él tomó el borde del vestido.

La tela cayó por su cuerpo como un río carmesí, acumulándose en el piso en un círculo perfecto.

Alejandro la miró como si fuera una obra de arte.

—Sos hermosa —dijo, sin bajar la voz.

La besó en el cuello, en los hombros, en la clavícula.

Sus labios bajaron lentamente, dejando un rastro de calor que la hacía arquearse.

Sus manos eran firmes, seguras, pero su ritmo era lento, casi devoto.

Alina lo atrajo hacia sí, hundiendo los dedos en su cabello.

Él la recostó sobre la cama con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de su mirada.

Las sábanas marfil se arrugaron bajo ellos.

La ropa quedó esparcida por el piso: el vestido rojo, la camisa de él, los zapatos, la corbata.

El aire se volvió espeso, cargado de deseo.

La ciudad brillaba detrás del ventanal, testigo silencioso.

Alejandro la besó con una mezcla perfecta de dulzura y fuego.

Sus cuerpos se encontraron lentamente, como si se reconocieran por primera vez.

Luego más intensamente.

Luego inevitablemente.

La habitación quedó marcada por ellos: las sábanas desordenadas, el vapor en los vidrios, el perfume mezclado, el calor de dos cuerpos que no querían separarse.

Alina sintió algo nuevo esa noche: no solo deseo, no solo placer, sino poder.

Elección.

Futuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo