El Príncipe Jack: El Despertar De Los Legendarios. - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 La Jaula de Escarcha
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1: Capítulo 1: La Jaula de Escarcha 1: Capítulo 1: La Jaula de Escarcha El viento en el Reino Magik no soplaba; cortaba.
Era un aliento gélido que provenía del norte eterno, cargado de cristales de hielo capaces de raspar la piedra hasta convertirla en polvo.
Pero en lo alto del **Castillo del Abismo**, ni siquiera el viento se atrevía a entrar sin permiso.
**Jack Frost** estaba sentado en el alféizar de la ventana más alta de la torre norte, con las piernas colgando sobre un vacío de tres mil metros de profundidad.
A sus dieciséis años, Jack era una contradicción viviente.
Su cabello era una mezcla caótica de blanco ceniza y rojo fuego, cayendo sobre unos ojos que compartían la misma dualidad: el izquierdo, un azul hielo penetrante; el derecho, un rojo rubí ardiente.
Llevaba una túnica simple de lino blanco, demasiado fina para el clima, pero el frío no le afectaba.
De hecho, el frío era lo único que lo hacía sentir vivo.
O quizás, lo único que le permitía olvidar que estaba preso.
—Te vas a caer, pequeño príncipe —dijo una voz grave y tranquila detrás de él.
Jack no se giró.
Conocía ese paso silencioso, ese olor a ozono y madera vieja.
—No me caeré, **Jake**.
Sabes que el hielo me obedece.
**Jake Frost**, su mayordomo y guardián desde que tenía memoria, se acercó con una bandeja de plata.
Llevaba un traje negro impecable, sin una sola arruga, a pesar de los años sirviendo en esa fortaleza aislada.
Su cabello negro azulado estaba perfectamente peinado, y sus ojos, de un azul claro engañosamente suave, observaban a Jack con una mezcla de autoridad y una tristeza profunda que Jack nunca lograba descifrar.
—El Rey Klaus y la Reina Stella no aprobarían que te asomaras tanto —dijo Jake, dejando la bandeja sobre una mesa cercana.
Había té caliente, pan recién horneado y una fruta extraña que no crecía en Magik.
Jack soltó una risa amarga, saltando de la ventana hacia el interior de la habitación con una agilidad sobrenatural.
Al aterrizar, una fina capa de escarcha se extendió por el suelo de piedra, dibujando patrones complejos que brillaron brevemente antes de desvanecerse.
—Mis padres no aprueban mucho de lo que hago, Jake.
Llevo seis años encerrado en esta “jaula de oro”.
Dicen que es por mi seguridad, que hay amenazas allá fuera.
Pero tú y yo sabemos la verdad.
Jake sirvió el té, sus manos firmes no derramaron ni una gota.
—¿Y cuál es la verdad, mi señor?
Jack se acercó, mirando fijamente a su guardián.
—Que tienen miedo.
Miedo de *mí*.
El silencio que siguió fue pesado.
Jake evitó la mirada de Jack, concentrándose en la taza de porcelana.
—Tienen miedo de lo que el mundo podría hacerte, Jack.
Tu poder…
es inestable.
Fuego y Hielo.
Dos elementos opuestos en un solo cuerpo.
Es un milagro que no hayas explotado aún.
—No soy una bomba —gruñó Jack, sintiendo cómo su temperatura corporal subía.
Una mano se le heló, formando copos de nieve en el aire; la otra emanó calor, derritiéndolos instantáneamente—.
Soy el heredero de Magik.
Debería estar entrenando, gobernando, no escondido como un secreto vergonzoso.
Jake levantó la vista finalmente.
En sus ojos hubo un destello de algo antiguo, algo que no pertenecía a un simple mayordomo.
—Eres mucho más que un heredero, Jack.
Eres el **Nexo**.
Y eso te convierte en un faro para cosas que ni tu padre, con todo su poder, podría detener.
Por eso estás aquí.
Lejos de miradas curiosas.
Lejos de *ellos*.
—¿Quiénes son “ellos”?
—preguntó Jack, frustrado.
Cada vez que tocaba el tema, Jake cerraba el diálogo con evasivas poéticas.
Pero antes de que Jake pudiera responder, una alarma sonora resonó en toda la torre.
No era la alarma de intrusos habitual (que nunca sonaba porque nadie llegaba hasta allí), sino una sirena de emergencia dimensional.
Las luces de la habitación parpadearon en rojo.
Jake dejó la taza de golpe.
Su postura cambió instantáneamente.
La sumisión del sirviente desapareció, reemplazada por la tensión de un guerrero.
—Quédate atrás, Jack.
—¿Qué pasa?
—preguntó Jack, sintiendo una vibración extraña en el pecho.
Sus dos colores de ojos brillaron al unísono.
—Alguien ha atravesado el perímetro de defensa —dijo Jake, caminando hacia la puerta de hierro reforzado—.
Alguien que conoce las coordenadas exactas de este lugar.
La puerta de la torre fue sacudida por una explosión sorda.
El metal gimió, pero aguantó.
Una segunda explosión, más fuerte, hizo caer polvo del techo.
—No es una invasión normal —murmuró Jake, colocando una mano sobre la puerta.
Energía azul eléctrica comenzó a fluir por sus venas, visible bajo la piel de su cuello—.
Es magia de rastreo.
Vienen por ti.
Jack sintió una ira repentina, caliente y fría a la vez.
—¡Déjame salir!
¡Puedo ayudar!
—¡NO!
—rugió Jake, girándose con una autoridad que hizo retroceder a Jack—.
Tu orden es quedarte en la cámara de contención.
Si sales, el sello se romperá y tu energía atraerá a *todos* los cazadores del multiverso.
¿Me has entendido?
Otra explosión.
La puerta comenzó a abollarse hacia adentro.
Grietas de energía violeta aparecieron en el metal.
—Son la **Liga de la Naturaleza** —dijo Jake, con voz tensa—.
O peor, agentes de la **Reina Victtoria**.
Han venido a reclamarte.
—¡No soy un objeto para ser reclamado!
—gritó Jack.
Sus manos se encendieron: la izquierda cubierta de llamas azules, la derecha envuelta en hielo negro.
La puerta cedió.
No fue derribada, sino *corroída*.
Una sustancia negra y viscosa la devoró, dejando un agujero humeante.
Por el agujero entraron tres figuras encapuchadas.
No llevaban armas convencionales.
Sus manos brillaban con energías corruptas: raíces de espinas negras, llamas verdes y sombras tangibles.
—Ahí está —dijo la figura central, una mujer con voz áspera—.
El Nexo.
Tan joven…
y tan peligroso.
Jake se interpuso entre ellos y Jack.
—Nadie toca al príncipe mientras yo respire.
—Tu respiración termina hoy, traidor —respondió la figura central, lanzando un látigo de espinas que se movió con vida propia.
Jake no usó magia elemental.
Usó *velocidad*.
Se movió tan rápido que fue solo un borrón negro.
Apareció detrás del atacante, con una espada de energía pura materializada en su mano.
—**Estilo Storm: Corte Relámpago.** Un tajo azul cruzó el aire.
El látigo de espinas cayó al suelo, cortado limpiamente.
Pero los otros dos atacantes aprovecharon la distracción.
Uno lanzó una bola de fuego verde hacia Jack.
—¡Cuidado!
—gritó Jake, lanzándose para interceptarla.
La explosión impactó a Jake de lleno, lanzándolo contra la pared de piedra.
El mayordomo cayó al suelo, tosiendo sangre, su traje negro rasgado revelando cicatrices antiguas que brillaban con luz tenue.
—¡Jake!
—gritó Jack, corriendo hacia él.
—¡Aléjate!
—ordenó Jake, luchando por ponerse de pie—.
¡Huye por el conducto de ventilación!
¡Ve hacia el Reino Humano!
—¡No te voy a dejar!
—Jack sintió que algo dentro de él se rompía.
El miedo, la rabia, la impotencia.
Todo colisionó.
Sus ojos bicolor se volvieron completamente blancos por un segundo.
El aire en la habitación se congeló instantáneamente, y al mismo tiempo, se inflamó.
Una onda expansiva de vapor hirviendo y escarcha salió despedida de su cuerpo.
Los tres atacantes fueron lanzados hacia atrás, gritando de dolor mientras el hielo quemaba su piel y el fuego congelaba sus huesos.
Jack jadeaba, cayendo de rodillas junto a Jake.
—¿Qué…
qué hice?
Jake lo miró, con una expresión de orgullo y terror mezclados.
—Despertaste, Jack.
El Nexo ha despertado.
Desde el agujero en la puerta, más figuras comenzaban a aparecer en el pasillo exterior.
Eran docenas.
—No podemos quedarnos —dijo Jake, incorporándose con dificultad, apoyándose en Jack—.
Tenemos que saltar.
Jack lo miró, horrorizado.
—¿Saltar?
¡Estamos a tres mil metros de altura!
—Confía en mí —dijo Jake, tomando la mano de Jack con firmeza—.
Si quieres vivir, si quieres saber la verdad sobre tus padres y sobre quién eres realmente…
salta conmigo.
Jack miró a los enemigos que se acercaban, luego al abismo infinito fuera de la ventana.
El viento aullaba, llamándolo.
—Estás loco, Jake.
—Soy tu guardián —sonrió Jake, con los dientes manchados de sangre—.
Y hoy, te libero.
Jake rompió el cristal de la ventana de una patada.
El viento irrumpió en la habitación, rugiendo como una bestia hambrienta.
—¡Ahora!
Sin dudarlo más, Jake tomó a Jack en brazos y se lanzó al vacío.
Mientras caían hacia la muerte aparente, Jack vio cómo el castillo se alejaba, y por primera vez en seis años, sintió el aire libre golpeando su rostro.
Cerró los ojos, y en la oscuridad de la caída, una voz antigua resonó en su mente: *”Bienvenido al mundo real, Portador del Nexo.
La cacería ha comenzado.”* Jake activó sus botas, generando propulsores de viento y hielo que frenaron su caída justo antes de impactar contra las rocas inferiores, deslizándose por una pendiente de nieve hasta desaparecer en un bosque de pinos helados.
Arriba, en la torre, los enemigos observaban la estela de su huida.
—No importa a dónde vayan —dijo la líder, limpiándose la escarcha de la cara—.
El Nexo ha dejado su rastro.
El Reino Estelar lo sentirá.
Los Genios lo olerán.
No hay escondite en ningún universo para él.
La cámara se alejó, mostrando la inmensidad blanca del Reino Magik, y dos pequeñas figuras corriendo hacia el sur, hacia lo desconocido.
La jaula se había roto.
Pero la guerra apenas comenzaba.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Leonardo_Kdz ¿Quién creen que es realmente Jake?
¿Un guerrero caído, un príncipe exiliado o algo creado por Klaus y Stella?
¿Y qué facción logrará rastrear a Jack primero?
¡Déjalo en los comentarios!
No olviden dejar sus Power Stones.
En el próximo capítulo: Primer contacto con el “Mundo Exterior” y la llegada a la Gran Ciudad.
¿Podrán pasar desapercibidos?
¡Nos vemos en el Capítulo 2!
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