El Príncipe Jack: El Despertar De Los Legendarios. - Capítulo 64
- Inicio
- El Príncipe Jack: El Despertar De Los Legendarios.
- Capítulo 64 - Capítulo 64: Capítulo 64: La Grieta Cósmica y el Deber de los Guardianes Multiversales
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 64: Capítulo 64: La Grieta Cósmica y el Deber de los Guardianes Multiversales
La esfera multicolor que contenía la explosión de energía oscura se disipó con un estruendo sordo, dejando tras de sí un cráter humeante en el centro de la **Arena del Eclipse**. Dentro del círculo de protección, **Jack Frost** jadeaba, sosteniendo su hombro herido. Frente a él, **Shadow** no había vuelto a su forma humana. La contención de la explosión había evitado su autodestrucción, pero la corrupción seguía intacta, rugiendo con más furia que antes.
La armadura de sombras vivas de Shadow brillaba con un violeta inestable. Sus ojos seguían siendo pozos blancos y vacíos, sin rastro de la consciencia gris que Jack esperaba ver. No hubo palabras de agradecimiento, ni reconocimiento. Solo un gruñido bestial que sacudió el suelo.
—¡Atrás! —gritó **Jack**, interponiéndose entre la bestia y sus amigos—. ¡Todavía no! ¡La corrupción es demasiado profunda! ¡No ha vuelto en sí!
**Shadow-Dragón** embistió ciegamente, sus garras chocando contra un muro de hielo creado apresuradamente por Jack. La fuerza del impacto hizo retroceder al Príncipe del Nexo varios metros.
—Es inútil, Jack —dijo **Solar Frost**, lanzando una ráfaga de fuego estelar para distraer a la bestia—. Tu conexión lo estabilizó por un segundo, pero no fue suficiente para romper el control de Caspian. Sigue siendo una máquina de matar.
—Entonces lo contendremos hasta el final —respondió Jack, con los dientes apretados, limpiándose la sangre de la comisura de los labios—. No lo dejaré solo en esa oscuridad, aunque tenga que luchar contra él cada segundo.
La batalla se reanudó con una intensidad desesperada. El equipo de Jack tuvo que dividir sus fuerzas: algunos contenían a Shadow, mientras otros repelían a las bestias menores que los jueces seguían invocando.
* **Xavier** y **Zack Romanov** trabajaban en perfecta sincronía; Xavier invocaba proyecciones acuosas de **Mussy** para inmovilizar las extremidades de Shadow, mientras Zack usaba frecuencias sónicas para aturdir sus sentidos bestiales.
* **Philips Beaufort (FireStorm)** cambiaba constantemente el color de sus llamas, usando el azul para enfriar la rabia de Shadow y el verde para neutralizar el veneno de sus garras, pero la bestia se adaptaba con rapidez aterradora.
* **Luna** aceleraba el tiempo de las heridas de sus compañeros para mantenerlos en combate, pero ella misma comenzaba a palidecer por el esfuerzo.
* **Bella**, **Sara**, **Marina**, **Terra**, **Zephyr** y **Jake** formaban una barrera móvil, protegiendo a Jack cada vez que intentaba acercarse de nuevo a Shadow para intentar otra conexión.
Era un punto muerto agotador. Shadow era demasiado fuerte, y el equipo, aunque valiente, estaba llegando a su límite. Fue en ese momento crítico, cuando la desesperanza comenzaba a cundir, que el cielo artificial de la Arena del Eclipse se rasgó de una manera diferente. No fue una trampa de los jueces, ni una invocación de Caspian.
Un portal de energía **azul estelar**, puro y antiguo, se abrió en las alturas. Una presión atmosférica cambió instantáneamente; el aire se volvió gélido, cargado con la esencia de los reinos superiores. De él descendió una figura que hizo callar incluso a la bestia Shadow por un instante.
Era **Klaus Frost**.
Su llegada fue silenciosa pero imponente. Aterrizó entre Jack y la bestia, levantando una mano. Una pared de hielo absoluto, tan fría que quemaba el alma, se materializó instantáneamente, congelando a **Shadow-Dragón** en pleno ataque. La bestia rugió, atrapada en un bloque de hielo indestructible que resistía incluso su energía corrupta, ganando unos segundos vitales de respiro para todos.
—Padre… —susurró Jack, sorprendido, tambaleándose por el cansancio—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo…?
—No hay tiempo para explicaciones largas, Jack —dijo Klaus con voz grave y urgente, sin apartar la vista del dragón congelado que comenzaba a agrietar el hielo desde dentro—. Una emergencia de nivel cósmico ha estallado en la **Dimensión Estelar**. Se ha abierto una **grieta dimensional desconocida**, un rasgón en la realidad proveniente de un universo que jamás habíamos detectado.
Klaus giró rápidamente hacia **Steve Wittelsbach**, **Maximiliano Windsor** y **Gabriel Stuart**. Su expresión era severa, propia de quien comunica una orden inapelable del destino.
—Esa grieta está trayendo caos, disturbios y enemigos jamás vistos a nuestra dimensión. Los reinos están siendo atacados por fuerzas que no comprendemos. Vuestra presencia es requerida allá, **inmediatamente**.
Los tres Emperadores se tensaron, sintiendo la gravedad en la voz de Klaus.
—¿Qué ocurre exactamente? —preguntó **Steve**, con el ceño fruncido.
—No sabemos el origen de esa grieta ni qué hay al otro lado —admitió Klaus con franqueza—. Solo sabemos que está desestabilizando toda la estructura de la Dimensión Estelar. Vosotros tres, como **Guardianes Multiversales**, debéis volver a tomar vuestra posición. Es vuestro deber proteger la dimensión y los reinos que pertenecen a ella. Debéis trabajar junto con los demás guerreros de la Dimensión Estelar para restaurar esas grietas y defender nuestros hogares de esta invasión caótica.
El impacto de la noticia golpeó al equipo. No había menciones de reliquias específicas, ni de secretos que nadie conocía. Solo había un llamado al deber supremo: la defensa de la existencia misma.
—¿Nos vamos? —preguntó **Maximiliano**, mirando a Jack con dolor evidente—. ¿Ahora, en medio de esta batalla?
—Si no vais, la Dimensión Estelar caerá, y con ella, todo lo que conocemos —respondió Klaus implacablemente—. Malik y Drake ya están en primera línea, pero necesitan vuestro poder y vuestra experiencia como Guardianes. El caos que emerge de esa grieta desconocida no espera.
**Gabriel** apretó los puños, sus guantes imperiales brillando tenuemente.
—Es una elección imposible. Dejaros solos contra Caspian, los Jueces y esa bestia…
—No es una elección, Gabriel. Es una obligación —intervino Klaus con firmeza—. Sois Guardianes Multiversales. Vuestro lugar está donde la realidad se rompe. Confío en que Jack y el resto del equipo pueden resistir aquí hasta que nosotros estabilicemos la situación allá.
Jack sintió cómo el suelo se hundía bajo sus pies. Perder a Steve, Max y Gabriel justo ahora, cuando Shadow estaba desbocado y los jueces tenían la ventaja, parecía una sentencia de muerte. Pero veía la urgencia en los ojos de su padre.
—Id —dijo Jack con voz ronca, forzándose a sonar fuerte—. Proteged la Dimensión Estelar. Nosotros nos encargaremos de esto.
Klaus asintió, orgulloso pero apurado. Con un gesto de mano, mantuvo el hielo sobre Shadow mientras abría un segundo portal estable hacia la Dimensión Estelar. Los tres Emperadores Redimidos lanzaron una última mirada al grupo, una mirada llena de promesas no cumplidas y dolor por la separación.
—¡Resistid! ¡No dejéis que el caos gane aquí ni allá! —gritó **Steve** antes de cruzar el portal junto a Max y Gabriel, siguiendo a Klaus.
El portal se cerró detrás de ellos, dejando un silencio sepulcral por un instante. Pero la tregua duró poco. Con la partida de Klaus, el hielo que contenía a **Shadow-Dragón** comenzó a resquebrajarse violentamente. Con un rugido ensordecedor, la bestia explotó el bloque de hielo, liberándose con una furia renovada al sentir la ausencia de los poderosos guardianes.
Desde la torre de control, **Marcus**, **Arthur** y **Camilo** reían a carcajadas, aprovechando la distracción.
—¡Perfecto! —gritó Marcus—. ¡Los veteranos han huido corriendo a salvar su dimensión! ¡Quedan solo los niños y una bestia incontrolable! ¡Acabad con ellos! ¡Que la Fase Final termine en baño de sangre!
Jack se puso de pie, respirando con dificultad, mirando a sus amigos restantes: Solar, Luna, Philips, Bella, Sara, Marina, Terra, Zephyr, Volt, Zack, Xavier y Jake. Estaban cansados, heridos y sin sus mentores más poderosos. Pero en los ojos de Jack no había derrota. Había una furia fría y calculadora.
—No estamos solos —dijo Jack, activando su Paradoja Pura, haciendo que el aire a su alrededor vibrara con energía cruda—. Todavía nos tenemos los unos a los otros. Y mientras haya uno de nosotros en pie, Shadow no ganará, y Caspian no triunfará. ¡Formación de combate! ¡Ahora!
La bestia cargó, libre y furiosa. El equipo respondió, uniéndose en una defensa desesperada. La batalla más difícil de sus vidas acababa de comenzar, con la sombra de la pérdida acechando y la esperanza pendiente de un hilo muy fino. Una batalla que tendrían que librar solos, hasta que el destino decidiera intervenir de una forma que nadie podía imaginar aún.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com