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El Regreso de la Heredera Alfa - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 Clarissa – Hacer justicia
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5: Clarissa – Hacer justicia 5: Clarissa – Hacer justicia La hermosa mujer no me respondió.

Me miraba fijamente la muñeca, justo donde se encontraba la marca de nacimiento.

Le volví a preguntar: —¿Señora, qué…?

—¿Mamá, qué haces aquí?

—sonó una voz de chica, clara y alegre, detrás de nosotras.

La señora por fin salió de su trance.

Soltando mi mano sucia, se dio la vuelta.

—Shannon, lo siento, Mamá te ha hecho esperar —dijo, sonando genuinamente arrepentida.

Antes de acercarse a la chica bonita, su supuesta hija, la señora sacó un pañuelo de su bolso y me lo entregó.

—Tómalo.

Al principio no quise aceptar caridad, pero al ver la sinceridad en sus ojos morados, lo tomé.

—Gracias, señora.

Se lo devolveré…
—Mamá, el hermanito te está esperando.

—La chica, Shannon, le dio una suave palmadita en el hombro a su madre.

—Cierto.

—La señora dio una palmada—.

Vamos.

Pero antes de que se fueran del todo, la señora se volvió hacia mí una última vez.

—Ve a cambiarte el uniforme.

Asentí, ofreciendo una leve sonrisa que no pudo ver.

Era una persona de verdad bondadosa.

Su hija y su hijo eran muy afortunados de tenerla como madre.

No lo decía por envidia —Lady Thalia, la Luna de mi manada, también era increíblemente amable—, sino por auténtica admiración.

Aun así, sus ojos morados y su reacción a mi marca de nacimiento en forma de media luna seguían inquietándome.

Volví al dormitorio con un aspecto absolutamente espantoso.

Todos los que me veían chillaban como si hubieran visto la basura más asquerosa.

No podía culparlos.

De verdad que olía a basura en ese momento.

En el dormitorio, cuando Nadia me vio, también gritó de la impresión.

—¡Así que era de ti de quien cotilleaban!

Solo asentí, sin interés en las inevitables cosas malas que estuvieran diciendo.

Después de limpiarme, lavé el pañuelo de la amable señora.

La curiosidad sobre ella no hizo más que crecer.

—Nadia, ¿ha venido algún padre a la academia hoy?

—pregunté, colgando el pañuelo limpio en el balcón.

—No… espera, sí que han venido algunos padres hoy.

No sé si es a eso a lo que te refieres —respondió desde su cama.

—¿Quiénes eran y por qué han venido?

—Por lo visto, al más joven de los hermanos Green y a sus amigos los pillaron haciendo una transacción ilegal.

Lady Green vino por su hijo.

—¿Los hermanos Green?

Son esa familia de élite en la que todos los hermanos están en la mejor clase, ¿verdad?

—Sip.

Shannon Green es la que está en nuestro año.

Edwin Green está en primero, y Larry en tercero.

¡Shannon!

Sí, ese era el nombre de la hija.

Así que la mujer era de verdad Lady Green, de la influyente Manada Verde.

Su elegancia pura y su imponente presencia tenían sentido ahora; era una Luna.

Alguien tan amable como ella merecía esa posición.

—¿Por qué de repente te interesas por ellos?

No es propio de ti.

—Nadia entrecerró los ojos, pero yo simplemente me reí para restarle importancia.

—Estoy harta de ser el tema de conversación de todo el mundo.

Yo también quiero hablar de otras personas.

Nadia se rio entre dientes.

—Me parece justo.

…

Lo que Fina y sus secuaces hicieron ayer, no iba a dejarlo pasar.

Durante el descanso, fui directa al despacho de los profesores, me reuní con mi tutora, la señora Willette, y se lo conté todo.

Inmediatamente convocó a Fina y a sus secuaces, y también vino su tutor.

—No estoy mintiendo, profesores.

Deberían revisar el orbe de vigilancia, o al menos preguntar a algunos alumnos.

Muchos vieron lo que pasó ayer.

Lo expliqué de inmediato, interrumpiendo a Fina antes de que pudiera soltar alguna tontería.

En esta academia, casi todos los pasillos estaban equipados con un orbe de vigilancia: un nuevo invento de la Ae-ingeniería que captaba cualquier sonido en un radio determinado.

La señora Willette activó rápidamente la grabación del orbe del pasillo de la entrada.

Al principio, solo se oía un murmullo de fondo.

Vi a Fina soltar un leve y esperanzado suspiro.

Pero su respiración se entrecortó cuando se oyó su propia voz chillona desde el orbe.

Cada palabra horrible se oía con total claridad.

Su cara palideció.

—¡Y-yo no fui!

Todos los ojos se volvieron hacia ella.

Nadie la creyó, sobre todo cuando el inconfundible sonido de un huevo podrido siendo lanzado a alguien se grabó con claridad.

La señora Willette chilló.

—¡Fina, esto es espantoso!

¿Cómo has podido hacerle eso a una compañera?

Fina intentó desesperadamente negar el audio, pero cada excusa que daba solo conseguía que los profesores me miraran con una lástima creciente.

Los secuaces de Fina no se atrevieron a dar excusas.

Simplemente agacharon la cabeza y no dijeron nada.

Tal y como había planeado, las tornas habían cambiado.

Todo el mundo, incluido el profesorado, estaba de mi lado.

Ese mismo día, llamaron a todos sus padres.

Tras una reunión con el Subdirector, Fina y sus secuaces recibieron una semana de suspensión.

Antes de que volviera a mi dormitorio, Fina me lanzó una mirada feroz y ardiente.

No retrocedí.

Le devolví la misma mirada.

—Esa gentuza no merece tu atención.

Vámonos —dijo el padre de Fina, el Beta de la Manada de Arena, con un asco palpable.

Ahora sabía exactamente de dónde venía el vil comportamiento de Fina.

Dijera lo que dijera, me había vengado.

Esperaba que todo este calvario sirviera de advertencia a los demás estudiantes para que no sobrepasaran mi límite.

…

Apenas tuve un día de calma antes de que surgiera otro rumor.

Este era la versión detallada de la vil teoría de Fina sobre mis padres: que eran renegados criminales que me inyectaron drogas en los ojos, causando el color morado.

—¡Eh, omega defectuosa!

¿De verdad tus padres son renegados criminales locos?

¿Es por eso que te inyectaron drogas en los ojos?

—intentó detenerme un estudiante de una clase vecina.

Lo fulminé con la mirada.

—¿Quieres que te lo inyecte en los ojos a ti también?

Retrocedió tambaleándose, mirándome como si fuera un vampiro de una película de terror.

Sus amigos se lo llevaron rápidamente a rastras.

—No hables con ella.

Es peligrosa.

¡Tsk!

Qué más da.

Que me tacharan de peligrosa era mucho más fácil que ser arrastrada al pasillo y acosada.

En clase, Oscar intentó provocarme varias veces con el ridículo rumor, pero le respondí de inmediato:
—Si no consigues el primer puesto este semestre, quizá recupere ese puesto de delegado de clase.

—¡C-cómo te atreves!

—Se dio la vuelta y salió corriendo.

Finalmente se calló.

…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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