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El señor de los misterios - Capítulo 732

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Capítulo 732: 732 Destino Capítulo 732: 732 Destino Editor: Nyoi-Bo Studio Condado de Desi, Ciudad Conant, Calle Indus Roja nro.

67.

Con una cara comúnmente vista en el Reino de Loen, Klein dio un paso adelante y tocó el timbre.

En menos de un minuto, la puerta se abrió revelando una criada que mirándolo preguntó con curiosidad: —Buenas noches, ¿A quién podría estar buscando?

—Estoy aquí para encontrar a Madame Neelu.

Soy amigo de su padre, Davy Raymond —respondió Klein con calma.

Davy Raymond era la Pesadilla que había liberado del Hambre Creciente.

Era un Guante Rojo de los Halcones Nocturnos, y lo primero que apareció en su mente justo antes de disiparse fue su hija, Neelu Raymond.

Se sentía muy en deuda por no pasar tiempo con ella mientras crecía, haciéndole perder efectivamente a su padre siendo que ya había perdido a su madre también.

Klein le había prometido que iría a la hermosa ciudad costera y que aprovecharía la oportunidad para visitar a su hija.

Tras buscar mayor información previamente, adquirió una idea general sobre la situación de Neelu Raymond.

Después de que esa niña se graduó de la escuela primaria, trabajó en la Fundación para el Cuidado de Mujeres y Niños, dirigida por la Iglesia de la Diosa de la Nocheterna.

Tenía un salario semanal de 2 libras con 10 soli, y era la envidia de sus vecinos.

También heredó una herencia de su padre “empresario”.

En cuanto a cuánto era ese monto, nadie lo sabía.

Simplemente sabían que era más rica que la mayoría de la gente de clase media.

Típicamente hablando, las mujeres con tanta riqueza pondrían gran énfasis en su matrimonio.

Seleccionarían y observarían repetidamente varios candidatos, lo que eventualmente resultaba en un matrimonio tardío.

Sin embargo, Neelu se había casado con un funcionario público apenas un año después de conocerlo.

Como ambos eran creyentes de la Diosa de la Nocheterna, ella no tomó el apellido de su esposo.

Continuó con el nombre de Neelu Raymond, y seguía alojándose en el nro.

67 de la Calle Indus Roja.

Después de escuchar la respuesta de Klein, la sirvienta rápidamente le pidió que esperara mientras volvía a la sala para informar a la dueña de casa.

En poco tiempo, una mujer vestida casualmente caminó hacia la puerta.

Tenía cabello negro y ojos azules.

Su cara era bastante delgada y muy bonita.

Se parecía a Davy Raymond.

—Buenas tardes, señor.

Soy Neelu, la hija de Davy Raymond.

¿Puedo saber cuándo conoció a mi padre?

—preguntó Neelu Raymond cortés, pero cautelosamente.

Klein se quitó el sombrero y sonrió.

—Lo conocí en el mar.

Han pasado varios años.

Neelu Raymond lo examinó con una mirada cautelosa y dijo: —Quizás no lo sepa, pero él ya falleció.

Klein suspiró y respondió: —Sí, lo sé.

Llegué a conocerlo durante ese desastre.

Tuvo algunas palabras que decirle en ese entonces, pero no le di mucha importancia en su momento.

Sin embargo, con el correr de los últimos años, cada vez sentía más que debía encontrarla para comunicárselas.

—¿En serio?

—replicó Neelu suavemente.

Después de pensarlo un poco, lo recibió—: Por favor, pase.

¿Le importaría si mi esposo escucha?

—Depende de usted decidir —respondió con franqueza.

Neelu asintió y llevó a Klein al estudio.

Su esposo tenía el aspecto de un funcionario ordinario con porte de caballero.

Bajó los periódicos que estaba leyendo y los siguió.

Después de que ambos se sentaron, Klein miró a la pareja en el sofá y reflexionó unos segundos.

—El Sr.

Davy Raymond llegó a experimentar un desastre tras otro.

Perdió a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hermanos y hermanas.

Neelu asintió con una expresión serena: —Lo sé.

Klein pensó y continuó: —Parecía dedicarse solamente al comercio, pero en realidad estaba buscando a los asesinos que causaron esos desastres.

—Lo sé —respondió Neelu, dándole la razón.

Klein la miró y continuó: —Se dedicó demasiado a ese asunto, y se arrepintió de no haber podido pasar más tiempo con usted a medida que crecía, prácticamente haciéndole perder a su padre, además de a su madre.

Neelu guardó silencio por un segundo antes de responder rápidamente: —¡Lo sé!

Klein dirigió su mirada a los libros viejos a su alrededor y suspiró en silencio.

—Dijo que su mayor deseo era verle entrar al salón del matrimonio bajo el testigo de la Diosa, y verla formar su propia familia para que ya no esté sola nunca más.

Creo que debería estar muy feliz ahora.

La mirada de Neelu se alejó lentamente de la cara de Klein, quedándose boquiabierta, alcanzando a responder solo unos segundos después: —…Lo sé.

Klein se inclinó un poco hacia adelante mientras juntaba sus manos.

—Dijo que podría morir en el mar, y quería que le dijera que murió como resultado de un accidente.

Todos los asesinos anteriores ya han sido castigados.

No necesita odiar a nadie…

También dijo que la ama mucho y que lo siente demasiado.

Neelu permaneció en silencio por un momento mientras parpadeaba.

Giró la cabeza hacia un lado y sonrió con una actitud poco clara: —Lo entiendo… Klein la miró profundamente antes de levantarse.

—Ya terminé de transmitir el mensaje.

Es hora de que me vaya.

En silencio, el esposo de Neelu asintió gentilmente como un gesto de agradecimiento.

Klein se dio la vuelta y caminó hacia la puerta del estudio.

Justo cuando giraba el picaporte de la puerta, la voz de Neelu Raymond sonó detrás de él, profunda y ronca.

—¿Qué…

tipo de persona crees que era?

Klein guardó silencio por un segundo, volvió la cabeza y curvó los labios.

Dijo con una sonrisa: —Un guardián.

No se quedó más tiempo, abrió la puerta y caminó hacia el perchero.

Cuando se puso el sombrero y salió de la vivienda en el nro.

67 de la Calle Indus Roja, un suave pero sombrío sollozo llegó a sus oídos.

Sacudiendo la cabeza en silencio, abandonó el barrio y entró en una catedral de la Diosa de la Nocheterna.

Al pasar por el oscuro y sereno pasillo, se sentó en la séptima fila desde atrás.

Frente a él estaba la media luna carmesí y el Emblema Sagrado negro lleno de estrellas resplandecientes.

Se quitó el sombrero, bajó la cabeza y se llevó las manos a la boca, al igual que los muchos creyentes presentes.

Mientras rezaba en silencio en medio de la calma y la tranquilidad, el tiempo pasó rápidamente.

Klein abrió lentamente los ojos, levantándose de manera suave.

En el lugar donde se sentaba, dejó un artículo envuelto en papel.

Caminó por el pasillo y salió de la sala de oración, yendo directamente a la entrada de la catedral.

Con la espalda hacia el pasillo, y llevando puesto el sombrero, levantó la mano derecha y chasqueó los dedos.

*¡Pa!* El periódico que dejó donde se sentó se encendió repentinamente, atrayendo la atención del sacerdote.

Cuando ese caballero se apresuró, las llamas ya se habían extinguido, dejando atrás un objeto oscuro con forma de gema.

«Esto es…» ¡Aunque el sacerdote no sabía qué exactamente era el objeto, su percepción espiritual le dijo que era algo muy importante!

Cuando él y otros sacerdotes se apresuraron a salir de la catedral, el caballero con abrigo y sombrero de media copa ya había desaparecido.

A la mañana siguiente.

A través de un mercado negro local, Klein había obtenido una nueva identidad poco antes de llegar a la estación de locomotoras de vapor.

En su mano sostenía un boleto de segunda clase, cuyo valor era de 18 soli, así como sus nuevos documentos de identificación.

Cargaba una maleta de cuero negro mientras estaba parado en la plataforma con la espalda recta, esperando la llegada del tren que se dirigía a Backlund.

Su apariencia actual era la de un hombre de mediana edad que se acercaba a los cuarenta.

Tenía un poco más de 180 cm de altura y su cabello negro tenía algunos mechones plateados.

Sus profundos ojos azules eran como un lago por la noche, y, por si fuera poco, era bastante guapo.

Irradiaba la sensación de ser maduro y elegante.

Al mirar los documentos de identificación, los ojos de Klein reflejaron su nombre actual: “Dwayne Dantès”.

Después de pensarlo un poco, colocó la maleta en el suelo, la recostó y la abrió para luego guardar todos sus documentos de identificación.

Dentro de la maleta, había una caja negra de madera que contenía al ex soldado de Loen, las cenizas de Frunziar Edward.

Momentos después de volver a cerrar su maleta, escuchó un silbido.

Un tren de vapor ingresó a la estación lanzando humo hasta que finalmente se detuvo.

Levantó la vista y fijó su mirada hacia adelante mientras examinaba el lugar en silencio.

Luego, miró su maleta y susurró: —Es hora de volver…

Luego se enderezó, cargó sus pertenencias y caminó hacia la puerta abierta de uno de los vagones.

*** Backlund, Municipio Cherwood, Calle Gunstedt, nro.

26.

Benson se quitó el sombrero y el abrigo, entregándoselos a la criada.

Miró a su hermana, Melissa, que estaba pegada a su libro en la sala de estar.

—Los exámenes de ingreso son en Junio.

Finalmente experimentarás el dolor de estudiar intensamente que soporté en ese entonces.

Melissa no levantó la vista mientras continuaba leyendo: —Ya estoy estudiando intensamente todos los días.

—Un poco de humor, Melissa.

Un poco de humor.

¿Cuál es la diferencia entre una persona sin humor y un babuino de pelo rizado?

—exclamó Benson con una sonrisa.

Melissa lo miró casualmente y dijo: —Eso no fue lo que dijiste en el pasado.

No le respondió cuál era la diferencia exacta entre humanos y babuinos de pelo rizado, y en lugar de eso preguntó: —¿Los funcionarios también terminan de trabajar muy tarde?

—No, ha habido mucho trabajo recientemente.

Como sabes, oh, realmente no lo sabes.

En una reforma muy grande, la entrega de varios trabajos y la coordinación de diferentes relaciones son muy cuestiones muy problemáticas —contestó Benson dirigiendo su mirada al espejo en la sala de estar.

No pudo evitar levantar la mano para peinarse mientras decía con disgusto—: Aunque solo soy un empleado de bajo rango en el Ministerio de Finanzas, eso no me impide tener mucho trabajo.

Lo único que me alegra es que finalmente he sobrevivido al maldito período de prueba.

¡Pronto tendré un salario semanal de 3 libras!

Melissa dejó su libro, se dirigió al comedor y le dijo a Benson: —Es hora de cenar —hizo una pausa y añadió muy en serio—: Leí en los periódicos que hay algo llamado Donningsman Tree Sap que tiene un efecto significativo en el crecimiento del cabello.

La cara de Benson reveló expresiones mixtas de inmediato.

*** *¡Whoosh!* En medio del silbido, la larga locomotora de vapor arribó a Backlund.

Klein recogió su maleta y una vez más entró en la Capital de las Capitales, la Tierra de la Esperanza.

Descubrió que el smog se había disipado significativamente, y que ya no se percibían las neblinas de color amarillo claro.

Las farolas de gas de la plataforma ya estaban encendidas, dispersando las sombras y la oscuridad.

Tras inspeccionar el área, salió de la estación de locomotoras de vapor, tomó el metro y luego un transporte para llegar al cementerio de la Iglesia de las Tormentas en las afueras del Municipio Oeste.

Luego, gastó algo de dinero e hizo colocar las cenizas de Frunziar Edward en un nicho individual.

Para entonces, ese soldado de Loen ya había dejado Backlund por más de 165 años.

Después de dar un paso atrás, lo observó por un momento antes de agarrar un bolígrafo y papel para escribir algo en la puerta del nicho: “Frunziar Edward.” Cerró los ojos y agregó: “Cada viaje tiene su destino.” (Fin del Tercer Volumen — Viajero)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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