El señor de los misterios - Capítulo 902
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Capítulo 902: 902 Sombra Capítulo 902: 902 Sombra Editor: Nyoi-Bo Studio En un abrir y cerrar de ojos, Colin Iliad se había transformado en un gigante de cuatro metros de altura.
Su musculosa piel reflejaba un color negro-azulado.
Cada centímetro de su piel, poros y carne parecía atentar contra los límites normales de un cuerpo humano.
Todos sus rasgos formaban una combinación única que provocaba una conmoción inimaginable.
Eso no era algo que pudiera describirse superficialmente o en dimensiones de forma simple, ya que además de términos cuantitativos como longitud, anchura, altura; también había cierta información, fuerza y espiritualidad como parámetros de evaluación.
Esos aspectos se presentaban como complejos patrones, símbolos y etiquetas místicas a lo largo de su cuerpo.
Pero, de hecho, no había ningún cambio radical obvio.
Lo captado por los sentidos tradicionales solo era una imagen parcial, una limitación propia de humanos corrientes al no poseer la capacidad para percibir y discernir sus cualidades místicas.
Pero, aun así, aquellos individuos sin ninguna divinidad que vieran directamente a semejante criatura serían corrompidos por su monstruosa espiritualidad, al punto de acabar son sus mentes destrozadas.
Un resultado común sería morir en el acto o la más completa locura.
Y era precisamente por esa particularidad que esa criatura era conocida en el misticismo como: ¡Criatura Mítica!
Sin embargo, en ese momento, la cabeza de Colin Iliad no experimentó ninguna alteración obvia.
Todo lo que hizo fue hincharse significativamente, y el área que abarcaba desde la frente hasta la nariz dio lugar a una grieta vertical negra en forma de ojo.
¡Antes de llegar a la 2ª Secuencia, la forma de un semidiós de Criatura Mítica estaba incompleta!
Frente a una potencia de ese nivel, las ventajas y desventajas de adoptar tal forma eran obvias.
Por un lado, mejoraba significativamente la fuerza y el nivel.
Por otro lado, podía provocar una intensa locura con fuertes inclinaciones a perder el control.
Era una prueba no trivial para la racionalidad de uno mismo.
No era algo que aquellos con insuficiente fuerza de voluntad pudieran soportar.
Por lo tanto, la mayor parte de los santos considerarían transformarse en una Criatura Mítica incompleta solo si se veían arrinconados y en apuros.
Y no alcanzarían a transformar solo una parte particular de sus cuerpos.
Para ellos, semejante acción era equivalente a intentar bailar sobre el filo de un cuchillo.
Uno podía perder el control con demasiada facilidad; por lo tanto, ejercer la máxima precaución era imprescindible.
Generalmente, había dos extremos.
Un extremo estaba compuesto por la minoría que se entregaba a sus deseos, expresando completamente su lado malvado.
El otro extremo consistía en aquellos con una fuerza de voluntad extremadamente fuerte y una mente resistente.
Una vez que los primeros adoptaban la forma de Criatura Mítica, era equivalente a que perdieran el control, ya sin poder volver a transformarse en su estado original.
Los del segundo grupo podían utilizar su forma de Criatura Mítica como una táctica de batalla bastante normal, sin temor a perder el control y caer en la locura.
Por supuesto, algo “bastante normal” no era propiamente normal.
Seguía siendo una táctica que no debía usarse con frecuencia.
Eso se debía a que, aquellos individuos que constantemente se encontraban del abismo solo conseguirían acentuar la erosión de sus mentes en cada intento.
No era algo que a la larga pudiera evitarse por completo solo porque uno era hábil contralando los efectos secundarios negativos.
Entre los seis miembros del consejo de la Ciudad de Plata, el Jefe Colin Iliad era uno de los pocos que podía controlar su forma de Criatura Mítica como Cazador de Demonios.
Sostuvo las dos espadas untadas con ungüentos distintos.
El suelo tembló cuando dio un paso hacia adelante con su pie derecho para saltar a la parte superior del altar.
Luego se lanzó hacia el antiguo Jefe cuyo cuerpo estaba cubierto de plumas blancas.
El interior y el exterior de su cuerpo gigante produjeron una luz propia de un amanecer que dispersó toda la oscuridad circundante, purificando las horrendas criaturas que se asomaban en el río ilusorio detrás de ellos.
Al mismo tiempo, Waite Chirmont seguía disparando cegadoras flechas de rayos plateados desde su Arco Asesino de Dragones, atacando al antiguo Jefe que se había transformado en un monstruo desconocido.
Lovia ya había cerrado los ojos.
El caballero con armadura plateada de cinco metros de altura detrás de ella empezó a moverse.
Arrastrando una enorme espada ilusoria, cargó directamente hacia el altar, produciendo grietas desde las cuales emanaba una luz plateada.
Además de eso, a los pies de la Pastora Anciana, varias sombras se enroscaron formando un bulto que comenzó a retorcerse de repente como si hubiera cobrado vida.
Dicho montículo sombrío abandonó a Lovia con gran velocidad, y en medio del entorno que alternaba entre la oscuridad y la luz del amanecer, se arrastró frenéticamente en dirección al ataúd negro como el hierro posicionado sobre el altar.
Sin embargo, su objetivo no parecía ser el ex Jefe mutado, ¡sino los delgados e ilusorios tubos negros que penetraban en su cuerpo, extendiéndose hasta el infinito!
*** Momentos después de que Klein regresó al mundo real, escuchó los fuertes sonidos de olas agitándose en el mar.
Escuchó gritos de horror de prostitutas en las calles, sin ningún indicio de calmarse en la brevedad.
Ligeramente sorprendido, caminó hacia la ventana y, a través de una brecha entre dos edificios penosamente construidos, vio densas nubes de color plomo congregarse mientras las olas enloquecían acercándose al Puerto de Poto.
Un huracán negro se alzó desde la superficie del mar hasta el aire, completamente contaminado por oscuros rayos plateados que en silencio destruían todo a su paso.
Era como si finalmente hubieran abierto una puerta que conducía al apocalipsis.
Y dentro de la ciudad portuaria, había aparecido una especie de vacío translúcido.
Cráneos con la boca abierta, enredaderas con rostros de bebé, brazos ensangrentados y extraños tentáculos viscosos llenos de dientes parecían intentar quebrar el límite entre lo ilusorio y la realidad.
Era una escena emocionante y horrenda a la vez.
Eso hizo que muchos piratas sintieran temblar sus rodillas, sin atreverse a permanecer en las calles.
Todos corrieron a resguardarse en edificios cercanos.
Espectros y sombras aparentemente invisibles sobrevolaban toda la zona, materializándose de vez en cuando.
Al acercarse a los oídos de diferentes transeúntes, intentaban gritar, pero no lograban hacerse oír.
En ese momento, el Puerto de Poto parecía haber caído en el infierno conocido como el Inframundo.
Toda la zona portuaria lucía misteriosa, oscura, caótica y loca.
Klein frunció el ceño ligeramente, ya que tenía una idea de lo que estaba sucediendo.
En su última adivinación sobre la niebla gris, enfureció al objeto oculto en lo profundo del mausoleo sombrío.
Luego desató su furia, alterando el clima del Mar Berserker y el Puerto de Poto cercano, lo que a su vez provocó fenómenos propios del descenso del Inframundo.
«Esto también significa que ese mausoleo está oculto en algún lugar del Mar Berserker…
Probablemente se trate de algo que Muerte dejó atrás en aquel entonces.
Por supuesto, esta hipótesis no descarta la teoría que apunta a un producto del Proyecto de Muerte Artificial del Episcopado Numinoso.
Ambas consideraciones podrían fusionarse…» Apartó su mirada y rápidamente preparó un ritual donde sacrificó el silbato de cobre del Sr.
Azik para enviarlo al misterioso espacio sobre la niebla gris.
Quería evitar que el objeto desconocido, extraño y malvado se fijara en él.
Después de hacer eso, miró por la ventana hacia la anormalidad que se calmaba gradualmente.
Dijo con una risa burlona: —Ciertamente es una bienvenida muy entrañable.
«Hmm…
El Episcopado Numinoso definitivamente habrá notado de esta anormalidad en el Mar Berserker.
Me pregunto qué acciones tomarán…» *** Sobre el ilusorio río de tono negro, las olas se tranquilizaron poco a poco.
Los brazos, apéndices y tentáculos que agitados intentaban aferrarse a algo terminaron vaporizados, o no tuvieron más remedio que retraerse.
Alrededor del altar, la tierra ya estaba cubierta de grietas.
Había plumas blancas manchadas con aceite amarillo en todas partes.
Colin Iliad, en su forma gigante, había apuñalado ambas espadas en el cuerpo del antiguo Jefe, inmovilizando en el altar colapsado al monstruo putrefacto tan alto como él.
El Arco Asesino de Dragones de Waite Chirmont logró condensar una flecha de luz plateada que emanaba un aura furiosa, apuntando a la cabeza del antiguo Jefe que apenas tenía pequeños trozos de carne colgando de su cráneo.
La sombra que Lovia produjo pudo llegar con éxito al altar bajo la cobertura del caballero plateado.
Mientras los otros dos Ancianos no prestaban atención, la sombra saltó y se abalanzó sobre los tubos negros que se extendían hasta el infinito desde el cuerpo del ex Jefe.
Estando ya cerca de los tubos incorpóreos, el color de la sombra se oscureció.
Se tiñó de un negro tan profundo que parecía encarnar los pensamientos más corruptos y malvados de la humanidad.
En ese momento, una voz profunda resonó alrededor del altar: —Destino.
El área “frente” a la sombra se volvió tenebrosa en un pestañeo, antes de abalanzarse súbitamente sobre la gigantesca figura de Colin Iliad.
Colin la miró con un brillo puro resplandeciendo en sus ojos.
Era un fulgor similar al primer rayo de luz que ilumina la oscuridad tras una noche extendida.
El brillo de la luz se intensificó al salir del mausoleo, haciendo que el sótano de la torre de la Ciudad de Plata produjera un destello aún más brillante y deslumbrante que se fusionó con el primer rayo de luz.
Cuando ambos resplandores se encontraron en el aire, descendieron con gran aceleración, aterrizando sobre el enorme cuerpo de Colin Iliad.
La sombra negra que intentó atacarlo se evaporó con un chisporroteo crepitante, y la distorsión y el retorcimiento en los alrededores se debilitaron hasta desaparecer por completo.
El Cazador de Demonios Colin se volvió para mirar a Lovia sin decir ninguna palabra, su rostro era inexpresivo.
Como si no hubiera pasado nada.
Rápidamente retrajo su mirada y dirigió el haz de luz remanente directamente hacia las espadas dobles clavadas en el antiguo Jefe.
Lovia se quedó allí con los ojos cerrados sin mostrar indicio alguno de pánico o miedo.
En cambio, suspiró lentamente.
*** En la Ciudad de la Generosidad Bayam, Alger Wilson dio varias vueltas para perder a cualquier rastreador o vigilante imaginario que lo estuviera siguiendo, luego se trasladó hasta la residencia del Artesano que conocía.
Tocó el timbre.
Había escuchado que el Artesano recientemente había infectado por una enfermedad y que fisgones extraños rondaban en las cercanías.
La primera sospecha de Alger apuntó a la Secta Demonizas, pero al pensarlo detenidamente, sintió que el Artesano no tenía forma de resistir la tentación de un talismán especialmente basado en sus preferencias.
No había necesidad de que las Demonizas recurrieran a un accionar tan complejo e indirecto.
Todo lo que tenían que hacer era extender sus manos y revelar sus talismanes, y el Artesano caería rendido, dispuesto a colaborar en todo.
Por lo tanto, Alger creía que este asunto escondía otras particularidades.
Necesitaba verlo en persona para evitar que la entrega del artículo místico se retrasara.
No deseaba perder las características y los materiales sin una buena razón.
Tras el sonido del timbre, se abrió la puerta principal de la residencia del Artesano.
Un hombre delgado y bronceado de mediana edad miró a Alger y dijo: —¿Por qué estás aquí?
Esa persona no era otra que el Artesano Cielf que llevaba varios años trabajando con Alger.
Su pasado era desconocido.
—¿No dijiste que estabas enfermo?
—preguntó Alger, aparentemente casual.
Cielf bostezó contestando: —Ya me encuentro mejor.
Alger se sorprendió, mirando a su alrededor para decir: —¿Dónde están esos fisgones extraños?
Las ojeras de Cielf lucían algo hinchadas, dando un marco acorde a su mirada de fatiga e impaciencia.
—¿Quién demonios podría saberlo?
De todos modos, no ha habido señales de ningún fisgón en los últimos días.
Pero definitivamente me mudaré pronto.
Es muy peligroso aquí.
Alger lanzó un suspiro de alivio: —Eso es bueno —hizo una pausa por unos segundos antes de decir—: ¿Me invitas una copa?
—Un tipo como tú que solo busca alcohol de alta graduación no tiene forma de apreciar un buen vin.
—bromeó Cielf acomodando su cabello color lino mientras se apartaba para dejar paso.
Alger entró con firmeza y, con solo una mirada, captó todos los detalles del lugar.
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