El señor de los misterios - Capítulo 908
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Capítulo 908: 908 Sin Dejar Problemas Capítulo 908: 908 Sin Dejar Problemas Editor: Nyoi-Bo Studio Distrito Inferior.
Calle Canina, unidad nro.
13.
El regordete Ulika estaba sentado en un sofá con sus pequeños ojos y piel de color marrón oscuro.
Envolviendo una hoja seca y amarillenta de tabaco alrededor de diez tipos diferentes de hierbas y especias del Continente Sur, luego cortó su preparado en tiras largas.
Acto seguido, sostuvo en su mano su pipa de humo artesanal, tradicional de Balam Este, y la acercó al fósforo que su subordinado había encendido.
El extremo final se ennegreció para luego brillar al rojo vivo.
Mordiendo el otro extremo y realizando una succión profunda, Ulika exhaló lentamente un humo blanco manchado con tonos azules claros.
Miró al visitante en el asiento individual frente a él y dijo: —Esto es un cigarrillo.
Un cigarrillo real…
¡Los del Continente Norte son para niños!
La persona sentada en el asiento individual era un hombre de unos cuarenta años.
Tenía una nariz alta, ojos azules y contornos faciales suaves.
Su cabello negro era grueso y rizado.
Su color de piel no era muy oscuro, pero tampoco era claro.
Se parecía a un sangre mixta entre alguien de Loen y alguien de Balam.
El visitante se rió al escucharlo, respondiendo en Dutanese: —Desafortunadamente, no tengo interés alguno en ningún tipo de cigarrillos.
—Enzo, no sabes cómo disfrutar la vida en lo absoluto…
Antes de que Ulika pudiera terminar su frase, su poderosa espiritualidad propia de su ruta lo advirtió sobre un inminente peligro.
La forma en que su espiritualidad se agitó, alcanzando niveles tan apremiantes, hizo que Ulika determinara instantáneamente que el problema no era trivial.
Apenas logró moverse de donde estaba sentado cuando la más plena oscuridad embargó su campo de visión.
Era como si de repente estuviera mirando directamente el cielo nocturno afuera.
Una fuerte sensación de somnolencia lo abrumó mientras sentía una inmensa serenidad desde el fondo de su corazón.
A lo largo de la Calle Canina, ya sea las casas con lámparas encendidas o aquellas sin ninguna iluminación, se volvieron anormalmente silenciosas de un segundo a otro.
Era como si no hubiera ningún ser vivo en ellas, o como si todos se hubieran quedado dormidos al mismo tiempo.
En ese momento, Ulika se desplomó de repente soltando ronquidos.
Sus ojos reflejaban una extraña combinación de ensueño y lucidez.
¡Detrás de él, la ilusoria figura de una chica con piel pálida en algún momento apareció fija a su espalda!
Los ojos de esa chica eran de color verde azulado y sus labios negros como el azabache.
Sus ojos miraban en silencio hacia un lado, y sus pálidas extremidades translúcidas se hundían en el cuerpo de Ulika como si fuera un espíritu aferrándose a él.
Su existencia provocaba un escalofrío en el Cuerpo del Alma de Ulika, haciendo que este prácticamente no pudiera resistir la somnolencia anormal que lo aquejaba, mientras trataba de liberarse de la influencia de la Pesadilla.
Antes de que Ulika pudiera recuperar por completo su lucidez, instintivamente corrió hacia la escalera.
Extendiendo sus manos, ejerció fuerza hacia el frente como si estuviera empujando una puerta que no existía.
En un abrir y cerrar de ojos, una puerta de bronce difícil de describir cubierta de patrones misteriosos apareció frente a Ulika.
Se tambaleó y trastrabilló antes de llegar a abrir un poco la puerta.
La abertura dio lugar a una oscuridad infinita.
En ella habían ojos indescriptibles que observaban el mundo exterior.
Mientras tanto, grandes cantidades de objetos retorcidos, extraños e irreconocibles surgieron salvajemente desde la abertura.
Ulika estaba a punto de seguir empujando la puerta para abrirla completamente y hacer que el mundo aterrador detrás de ella descendiera sobre la Calle Canina, cuando de repente vio un par de pálidas manos translúcidas aparecer de la nada.
Atravesaron la profunda oscuridad y presionaron el interior de la abertura de la puerta.
Las manos no tenían origen aparente.
No estaban conectadas a un cuerpo, y las muñecas de las mismas estaban ensangrentadas.
¡Era imposible saber quién las había cercenado!
Ambas partes ejercieron fuerzas opuestas y la misteriosa puerta de bronce dejó de moverse.
Sin cerrarse ni abrirse más.
Muy por encima de la Unidad nro.
13, Soest, que ya era un Brujo Espiritual, flotaba en el aire valiéndose de una fuerza invisible.
Sus manos cargaban un reloj solar hecho de oro, levantándolo lentamente.
Cuando el reloj solar dorado finalmente quedó por encima de la cabeza de Soest, su resplandor brilló intensamente hasta enceguecer todo el entorno.
De repente, otro sol pareció aparecer en el aire, dirigiendo toda su luz y calor a la Unidad nro.
13 de la Calle Canina.
Nada de eso causó ningún daño, mientras los rayos de luz y el calor invadían el edificio para fijarse en la puerta de bronce, envolviendo a Ulika quien estaba parado frente a ella.
Ulika instantáneamente hizo una mueca de dolor extremo al mismo tiempo que la chica pálida y casi translúcida dejaba escapar un grito agudo, siendo interrumpida por la “luz solar” que ahogó su ataque.
El pálido cuerpo de la chica se arrugó, evaporándose rápidamente, produciendo briznas de gases negros que se disipaban en el mar de luz.
¡No había un solo rincón dentro del edificio que permaneciera oscuro!
Después de que la “luz solar” se desvaneció, la indescriptible puerta de bronce ya había desaparecido.
En el suelo había un inflamado cadáver negro que supuraba manchas de un pálido aceite amarillo.
Con un estallido, el cadáver se desgarró y una diminuta figura delgada saltó desde el interior.
Esa figura tenía un aspecto idéntico a Ulika, pero su piel era negra como las plumas de un cuervo y parecía estar manchada de tinta.
La altura de su cuerpo rondaba los 1.2 a 1.3 metros, con un pus pegajoso que fluía por su superficie.
En el momento en que apareció, corrió hacia la escalera a una velocidad ridícula.
Entrando al sótano, abrió una trampilla secreta que había preparado de antemano y se metió en ella tan rápido como podía.
En solo diez segundos, la miniaturizada versión negra de Ulika vio la entrada y sintió esperanza.
No bajó la guardia y apretando suavemente el puño derecho, produjo alrededor de ocho figuras ilusorias transparentes a partir de su propio cuerpo.
Eran de variadas formas y tamaños, como si fueran abominaciones que fusionaban las características de los humanos, las plantas y ciertos animales.
Algunas sostenían los brazos de Ulika, otras levantaban sus pies mientras parecían empezar a volar.
Inmediatamente después de eso, un interruptor mecánico se movió.
Varios engranajes comenzaron a girar permitiendo que la puerta de salida se abriera, conduciendo a una esquina silenciosa y oscura.
Más adelante había calles serpenteando en un terreno más bajo, y a ambos lados de las calles había hileras de casas.
Todo ese paisaje guardaba cierta similitud con el mar cuando este se agitaba bajo la luz de la luna carmesí.
Ulika estaba a punto de emplear la ayuda de los espíritus extraños para volar y salir del pasadizo secreto, pretendiendo desaparecer entre los distritos de la Ciudad de Kolain, cuando sus ojos reflejaron un lago brumoso.
El lago brillaba con luz, produciendo una belleza tranquila.
En el medio, círculos concéntricos ondularon mientras bellas e ilusorias figuras flotaban.
Ese era un tipo de espíritu poderoso.
¡Las leyendas humanas a menudo lo consideraban “la Diosa del Lago”!
Muchas veces, la fuerza de un Guía Espiritual dependía del espíritu de un difunto o de un espíritu natural que fue atrapado y controlado.
Lo mismo aplicaba a los Brujos Espirituales.
Sin embargo, los Guías Espirituales tenían cierta predilección por los difuntos, mientras que los Brujos Espirituales tenían mayor habilidad para controlar espíritus naturales.
En ese momento, las extrañas figuras transparentes alrededor de Ulika emitieron un monótono sonido de horror.
Soltando los brazos y piernas que cargaban, penetraron la piel del delgado cuerpo negro a toda velocidad.
Con un gran estruendo, Ulika cayó al suelo, pero no sintió ningún dolor ya que una intensa somnolencia empezó a invadir su ser.
Se quedó dormido sin darse cuenta.
A la salida del pasadizo, Daly Simone, quien llevaba una túnica de Médium Espiritual, con sus ojos azules y la cara maquillada con rubor, salió de un lugar desconocido.
Mirando al Ulika de 1.2 metros de altura, dijo: —El espíritu difunto con el que se fusionó es muy extraño.
Si no usa el cuerpo de un humano vivo como ‘hogar’, se disipa rápidamente…
Necesitamos hacer que cada segundo cuente para obtener información.
De entre las sombras a su lado, Leonard Mitchell salió.
Miró a Daly Simone con sorpresa y dijo: —¿Acaso no eres una Guía Espiritual?
¿Cómo controlaste a la Diosa del Lago?
—¿Acaso no eres un poeta?
¿Por qué no escribes poemas?
—respondió Daly bruscamente.
*** En el otro extremo de la calle, en un acantilado apacible, una figura se movía rápidamente hacia abajo saltando sobre las rocas que sobresalían, aterrizando rápidamente en los rincones oscuros de la Calle Mandíbula.
Su piel era de color claro y sus ojos eran azules.
Tenía el cabello negro y grueso, ligeramente rizado.
No era otro que Enzo, quien había sido invitado al lugar de Ulika en la Unidad nro.
13 sobre la Calle Canina, en el Distrito Inferior.
Enzo no era miembro del Episcopado Numinoso.
Era uno de los traidores de la Escuela del Pensamiento de la Vida que se había escapado bajo la tentación de la Escuela del Pensamiento de la Rosa.
Además, él no era un Beyonder de la ruta del Boticario que apuntara a la Secuencia de los Vampiros, ni adoraba a la Luna Primordial.
Era solo una persona que no deseaba aceptar las diversas reglas establecidas por su maestro y el maestro de su maestro.
Deseaba llevar una vida sin preocupaciones, aprovechándose de ser un ganador.
Un estado mental como ese era fuertemente defendido por la facción de Indulgencia en la Escuela del Pensamiento de la Rosa, por lo que no tardó mucho en unirse formalmente a ellos, lo que le permitió satisfacer libremente todos sus diversos deseos.
Esa vez, estaba representando a la Escuela del Pensamiento de la Rosa para lograr contactar con el Episcopado Numinoso en Kolain, pretendiendo discutir la posibilidad de cooperar en ciertos asuntos.
Para su sorpresa, el ya tenebrosamente fallecido Ulika había sufrido un ataque repentino por parte de la Iglesia de la Nocheterna.
¡Fue una incursión de alto nivel!
«Afortunadamente, soy bueno en anti-adivinación.
La inteligencia de los miembros de la Iglesia de la Nocheterna no indicaba que estaría en casa de Ulika, y no me prestaron demasiada atención.
Simplemente pensaron en mí como un subordinado más de Ulika, lo que me permitió encontrar una oportunidad para escapar de la zona más peligrosa.
Además, esa “luz solar” purifica objetos con el poder de la muerte, el mal y la corrupción principalmente.
No me causó mucho daño…
Es probable que sea un ataque de nivel semidiós…» Pensó Enzo mientras caminaba por las sombras en la calle, sin poder evitar recordar lo que acababa de suceder.
Después de huir por un buen tiempo, se volvió para mirar hacia atrás y descubrió que nadie lo estaba persiguiendo.
Inmediatamente lanzó un suspiro de alivio y se echó a reír.
«¡Un Ganador es un Ganador, un eterno Ganador!» Enzo recuperó su confianza habitual mientras avanzaba por la calle con una sonrisa.
Luego, giró a su izquierda y rápidamente bajó unas escaleras.
Era una escalera muy inclinada y larga que llegaba a varias calles de nivel inferior.
*** En las cercanías de la Calle Canina, Soest de repente abrió los ojos, hablándoles a Leonard y a Daly Simone: —Había un hombre llamado Enzo en el lugar de Ulika.
Es miembro de la Escuela del Pensamiento de la Rosa, no es de Baja Secuencia.
Probablemente ocupa de una posición bastante importante…
Busquen rápidamente en los alrededores a ver si pueden encontrar cualquier rastro de él para capturarlo con éxito.
No dejen ningún problema sin resolver.
En cuanto a los otros Guantes Rojos y los Halcones Nocturnos locales, se encargaron de capturar a los miembros restantes del Episcopado Numinoso, ya sea en la realidad o en sus sueños.
Esperaban obtener noticias y confesiones lo antes posible.
Solo unos pocos permanecieron en el lugar para vigilar ante cualquier accidente y proteger a sus compañeros.
—Sí, Capitán Soest —contestó Leonard, aceptando sin dudar la orden.
Daly se situó en dirección al viento y se llevó una mano a la oreja.
Después de escuchar durante dos o tres segundos, dijo: —Los pequeños de aquí me dicen que alguien escapó bajando por el acantilado.
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