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El sistema del perro agente - Capítulo 201

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Capítulo 201: La Farsa Rota

—Señor, estamos vigilando el perímetro —dijo Travis, cuya voz denotaba seriedad mientras mantenía la mirada fija en los pasillos junto a Miguel. Otros agentes del Escuadrón X se desplegaban estratégicamente por los dormitorios silenciosos. El ambiente estaba cargado de tensión, como si las paredes mismas pudieran exhalar secretos.

—¿Pero? ¿qué cuidan si los chicos no están en el lugar? —repuso Adrián, apareciendo junto a Rafael con un aire de frustración. Su tono resonó como un eco inesperado en el pasillo vacío.

—¡Eh! —exclamó Travis, confundido, mientras negaba con la cabeza—. Nadie salió de nuestra guardia. Es imposible.

Rafael cruzó los brazos, sus labios curvándose en una media sonrisa sarcástica. —Yo creo que esos mocosos son más astutos de lo que pensamos. —Con habilidad, activó unas nanomáquinas desde su muñeca y abrió los cuartos uno por uno. Los espacios estaban vacíos; ni rastro de los jóvenes. Las habitaciones parecían haber sido abandonadas sin dejar ni un susurro.

—¡Oh, maldición! —llegó la voz de Nick a través del comunicador, cargada de urgencia—. Si nosotros percibimos esto con nuestras máquinas, el general Bronjort también lo hizo. ¿Qué has hecho, Aiden?

Adrián observaba un holograma proyectado desde su dispositivo de muñeca, sus cejas fruncidas reflejaban preocupación. —Según esto… están en Suramérica.

La voz grave del jefe Drake irrumpió en la línea, firme pero controlada. —Estos niños… vamos a tener que castigarlos cuando los encontremos. —Una pausa breve, antes de añadir—: Encuéntrenlos. Rápido. Antes de que Bronjort y su equipo lo hagan.

Drake cortó la comunicación y se dirigió hacia la salida. Solo esperaba llegar a tiempo para interceptar al general y, tal vez, convencerlo de que no todo era lo que parecía.

En la base del CUADRADO, un hombre entró agitado en la oficina donde los líderes del Cuadrado discutían estrategias. Su respiración entrecortada rompió el silencio tenso que envolvía la sala. —Señores, hemos detectado dos picos de energía masiva. Algo similar al poder de los portales del chico conocido como Aiden. En lugares distintos.

El general Bronjort levantó la vista de inmediato, sus ojos oscuros brillaron con una mezcla de furia contenida y determinación. Sin decir una palabra, dio la orden con un gesto brusco: —Revisen ambas ubicaciones. Envíen a todos los hombres disponibles.

Volviéndose hacia su asistente, añadió: —Señorita Nubia, llame a Drake. Quiero saber si su nieto está en la escuela o no.

Hela, sentada en una esquina de la sala, observaba cada movimiento del general con una sonrisa apenas perceptible. —Problemas, Bronjort —murmuró en voz baja, aunque sabía que él podía escucharla. Estaba esperando verlo caer.

Bronjort respondió sin mirarla, su tono frío y profesional como siempre: —No, nada indica algo fuera de lo normal. Solo rutina. —Pero por dentro, su sangre hervía. Cada músculo de su cuerpo parecía estar en alerta máxima.

El general Bronjort salió de la oficina con paso firme, su expresión impasible pero cargada de una tensión apenas disimulada. Al llegar junto al mayor Mike, le ordenó sin rodeos: —Aliste la nave. Partimos de inmediato.

Mike lo miró con una mezcla de incredulidad y resignación, sus labios curvándose en una media sonrisa irónica. —Este niño no sabe hacer otra cosa más que dar problemas, ¿verdad, general?

Bronjort detuvo su caminar por un breve instante, como si las palabras de Mike hubieran tocado una fibra sensible. Su mandíbula se tensó ligeramente antes de responder con voz controlada, aunque con un deje de frustración mal contenida: —Pues sí… Pero espero que esta vez no sea él. No necesitamos más complicaciones.

Sin añadir nada más, reanudó su marcha hacia el hangar. Antes de desaparecer por el pasillo, lanzó una última frase por encima del hombro, su tono dejando claro que no admitiría retrasos: —Vamos. Lo espero en el hangar mayor.

De vuelta con Yu y Benny, la voz profunda del general Bronjort resonó en el espacio subterráneo, cargada de autoridad y amenaza. —Sé que estás ahí, Yu. Y sé que tienes a Aiden. Voy a entrar. Dame paso. Tengo toda la zona acordonada.

Yu, tranquilo pero alerta, activó un altavoz improvisado y respondió con calma: —Bien, general. Puede pasar. —Con un gesto preciso, accionó un mecanismo oculto que reveló una puerta camuflada en el suelo de piedra de la antigua zona arqueológica.

Bajo tierra, Yu y Benny aguardaban en silencio. Los pasos pesados del general resonaban en las escaleras de piedra, cada uno de ellos lleno de intención. Benny temblaba visiblemente, su nerviosismo casi palpable en el aire viciado.

—¡Estamos fritos! ¡Estamos fritos! —repetía Benny, su voz apenas un susurro frenético.

Yu frunció el ceño y le lanzó una mirada severa. —¡Eh! Niño, tranquilízate. Parece que tu apariencia te va a delatar. —Le tendió un pequeño espejo, mostrándole cómo la forma que había tomado, la de Aiden, comenzaba a deformarse bajo la presión emocional.

Benny contempló su reflejo con horror y trató de calmarse, inhalando profundamente. Pero el pánico seguía allí, latente, como un eco constante.

—Contrólate, niño —insistió Yu, su voz firme pero no exenta de compasión—. Ya viene el general. Hazlo por el bien de tus amigos.

El sonido de los pasos se acercaba inexorablemente, cada vez más cerca, hasta que finalmente el general apareció frente a ellos, su figura imponente bloqueando la luz tenue que llegaba desde arriba.

Benny miró su reflejo en el espejo una vez más. Tomando una bocanada profunda de aire, se obligó a relajarse y concentrarse. Sabía que no solo estaba protegiendo su propia identidad, sino también la seguridad de sus amigos.

—Así que aquí te escondes —dijo la voz grave del general Bronjort al ingresar en la habitación. Sus ojos recorrieron el espacio hasta posarse en Yu y en quien parecía ser Aiden.

—Señor Bronjort… ¿cómo le va? —preguntó Yu con un ligero temblor en la voz, tratando de sonar casual, pero sin éxito. El general había entrado acompañado por dos soldados cubiertos de pies a cabeza con uniformes negros, imponentes como sombras vivientes.

Bronjort avanzó hacia ellos con pasos calculados, cada uno resonando con un peso que parecía llenar toda la estancia. Su mirada se posó en “Aiden”, fría e inquisitiva, como si intentara descifrar cada secreto oculto tras esa apariencia. Al ver al muchacho tan lejos del lugar donde debía estar, su ceño se frunció aún más. No solo estaba fuera del instituto, sino que también había usado sus poderes sin autorización, lo que ya era suficiente para desatar una crisis. Y, como si eso no bastara, la persona asignada para vigilarlo brillaba por su ausencia, añadiendo otra capa de complicaciones.

Benny, bajo la apariencia de Aiden, sentía cómo su corazón latía desbocado dentro de su pecho. Intentaba disimular su nerviosismo manteniendo una expresión neutral, pero sabía que cualquier pequeño desliz podría desmoronar su disfraz y poner en peligro no solo su misión, sino también a sus amigos. Sus manos temblaban ligeramente, aunque las mantenía firmes junto a su cuerpo, tratando de controlar cada respiración para no delatarse.

El aire en la habitación parecía cargado de tensión, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo el aliento. Benny era consciente de que un solo movimiento en falso sería suficiente para hacer añicos su precaria situación.

De repente, el general hizo algo inesperado: una mueca casi burlona apareció en su rostro. Yu y “Aiden” intercambiaron miradas atónitas, incapaces de comprender lo que estaba ocurriendo.

—Hubieran visto sus rostros —dijo Bronjort, rompiendo a carcajearse de pronto. Su risa resonó en la cámara subterránea, dejando a ambos aún más desconcertados.

—Qué bueno que llegué antes —intervino uno de los soldados, quitándose el casco para revelar su verdadera identidad: Drake. Sonrió con calidez mientras miraba a “Aiden”—. ¿No vas a venir a abrazar a tu abuelo?

—¡Eh!… Sí —respondió “Aiden”, acercándose rápidamente a Drake. Este último lo envolvió en un fuerte abrazo, palmeándole la espalda con afecto.

—Pequeño bribón —murmuró Drake con una mezcla de alivio y reproche—. Casi me das un susto de muerte. Si no fuera porque Adrián hackeó los programas del CUADRADO, ya estarías en graves aprietos.

Yu observaba la escena con una expresión entre sorprendida y divertida. Finalmente, soltó una risita nerviosa. —Ya sabía que eras tú —comentó, aunque evitó dar más detalles—. Pero no podía decírselo a Aiden, ¿verdad? No puedo dar spoilers de la serie, recuerdas.

Sí, claro, cómo no… dije yo, el autor.

Drake arqueó una ceja, fingiendo confusión. —¿Eh? No sé de lo que hablas, Yu, pero te creo.

Luego, dirigiéndose nuevamente a “Aiden”, preguntó con genuino interés: —Y bien, ¿cómo te ha tratado la escuela? ¿Cómo han sido estos últimos días de entrenamiento?

“Aiden” titubeó, incómodo. La pregunta lo puso en jaque; después de todo, él no era realmente Aiden, sino Benny disfrazado. Antes de que pudiera inventar una respuesta convincente, Yu intervino rápidamente para cambiar de tema.

—¿Y cómo es que llegaron tan rápido? —preguntó, señalando a los soldados y a Drake—. Nos pillaron completamente desprevenidos.

—Pues verán, tuvimos que usar el aparato de teletransporte —explicó Drake con una mezcla de seriedad y preocupación en su voz—. Aunque esa cosa solo se utiliza en emergencias, ya que es extremadamente inestable. Adrián y su equipo aún no han logrado arreglar esos defectos.

Luego, dirigió su mirada hacia “Aiden”, quien parecía cada vez más incómodo bajo su observación. —Pero, ¿qué haces tú solo aquí? ¿Y los demás muchachos?

“Aiden” titubeó un momento antes de responder, rascándose la cabeza nerviosamente, como si intentara ganar tiempo para encontrar una excusa convincente. —Pues… verás, yo vine porque quería salvar a un compañero llamado Leonard. Los invasores lo llevaron a su planeta, y Yu ofreció ayudarme con el caso.

Drake desvió su atención hacia Yu, clavándole una mirada significativa, como si le estuviera diciendo que debería haberlo informado antes. Sin embargo, Yu simplemente sonrió con algo de picardía y respondió: —Señor, lo veo mucho más joven. ¿Qué ha hecho?

Drake arqueó una ceja, sorprendido por el comentario. Estaba a punto de responder cuando el otro guardia interrumpió la conversación, tocando suavemente el hombro del líder. Era Marie, quien acababa de quitarse la máscara. Su expresión era seria, casi apremiante. —Señor, debemos irnos pronto. No hay tiempo que perder.

—¡Qué aguafiestas eres, Marie! Yo quería seguir conversando con mi nieto —bromeó Drake con un tono ligero, aunque sus ojos reflejaban cierta preocupación. Luego, encogiéndose de hombros, añadió—: Bueno, ni modo. Es verdad, debemos salir de aquí.

En ese instante, el Bronjort que estaba frente a ellos comenzó a transformarse lentamente en barro, deshaciéndose hasta desaparecer por completo. Todos observaron el fenómeno con asombro, pero Drake no parecía sorprendido.

—Mi poder siempre resulta útil en estas situaciones —comentó con orgullo, mirando a “Aiden”—. Y con el entrenamiento que he recibido, ahora incluso puedo hacer que mis creaciones hablen por un período limitado. Claro, solo funciona con personas que he visto y oído previamente. ¿No crees que es fascinante, nieto mío?

Antes de que alguien pudiera responder, Marie intervino nuevamente, esta vez con mayor urgencia en su voz. —Señor, debemos irnos. Algo se está acercando a este sector.

Drake asintió rápidamente, adoptando un tono más serio. —Bien, niño, debemos irnos de aquí antes de que el verdadero Bronjort llegue. —Se giró hacia Yu y preguntó—: ¿Puedes ayudarnos con eso?

Yu dudó un momento, luego negó con la cabeza mientras explicaba: —Bueno, jefe, verá… no tengo una foto ni nada relacionado con Blue Hills. Necesitaría algún tipo de referencia para enviarlos de vuelta.

Drake chasqueó los dedos, como si hubiera recordado algo importante. Con un gesto rápido, llamó a Marie, quien sacó una fotografía de Blue Hills de entre sus pertenencias y se la entregó a Yu sin decir una palabra.

Yu examinó la imagen cuidadosamente, sus ojos brillando con determinación. Sacó su libro y pluma, y comenzó a escribir y dibujar con rapidez, concentrándose intensamente en cada trazo. Mientras tanto, Marie volvió a intervenir, señalando el techo con preocupación creciente. —¿Y la nave, señor?

Drake sonrió tranquilizadoramente, confiando plenamente en Yu. —Tranquila, de eso se encarga nuestro buen amigo Yu, ¿no es así? —dijo, mirando al joven escritor con una sonrisa cómplice.

Yu asintió con firmeza, levantando la vista brevemente para confirmar: —Así es. Déjenmelo a mí.

Una luz cálida emergió del libro, iluminando la habitación con un brillo etéreo. Yu levantó la vista, sus ojos reflejaban una mezcla de esperanza y preocupación. —Espero que tengan un buen viaje y lleguen a tiempo para evitar problemas —dijo, su voz cargada de seriedad.

En un instante, Drake, Marie y “Aiden” desaparecieron, dejando a Yu solo en la cámara subterránea. Mirando alrededor, suspiró profundamente. —Espero que todo salga bien… —murmuró para sí mismo, como si intentara convencerse de que había hecho lo correcto.

En la biblioteca, una luz brillante irrumpió en el aire, materializando a Drake, Marie y “Aiden”. El ambiente era silencioso, pero tenso, como si las paredes mismas estuvieran observando.

—Menos mal que llegamos —dijo “Aiden”, tratando de sonar casual mientras se ajustaba la ropa. Luego añadió rápidamente—: Será mejor que vuelva a mi dormitorio. Ya estaba por salir cuando… —Su voz se detuvo abruptamente al notar que Marie se interponía en su camino, bloqueando su avance.

—Bien, muchachito —dijo Drake con una mezcla de severidad y curiosidad en su tono—. Será mejor que me digas quién eres, porque sé que no eres mi nieto Aiden.

Benny tragó saliva, su garganta seca como el desierto. Sentía cómo las miradas penetrantes de Drake y Marie lo atravesaban, evaluándolo, desafiándolo a mantener su farsa. Sus manos temblaban ligeramente, aunque intentaba disimularlo cruzándose de brazos. El peso de la situación lo aplastaba, y su mente trabajaba a toda prisa buscando una salida, pero cada segundo que pasaba aumentaba su nerviosismo.

Drake dio un paso al frente, su expresión endureciéndose aún más. Sus ojos, afilados como cuchillas, parecían capaces de leer cada pensamiento oculto en la mente de Benny. —Será mejor que nos digas la verdad —advirtió con una voz amenazadora que resonó como un trueno contenido, dejando helado a Benny.

El aire en la habitación parecía haberse vuelto más denso, cargado de tensión. Cada respiración de Benny era audible, entrecortada, mientras sentía cómo el escrutinio de ambos adultos lo acorralaba sin escapatoria.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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