El sistema - Capítulo 13
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13: Coincidencia imposible 13: Coincidencia imposible El silencio no era incómodo.
Era pesado.
— Martina y Tomás se quedaron frente a frente, sin moverse.
No hacía falta hablar.
Ambos estaban pensando lo mismo.
— No podía ser coincidencia.
— Pero tampoco tenía sentido.
— —Decime cómo lo conociste —dijo Tomás finalmente.
— Martina desvió la mirada apenas.
No por duda.
Por memoria.
— —No lo conocí —respondió—.
Me encontró.
— Eso le resultó familiar.
Demasiado.
— —¿Dónde?
— —No fue un lugar fijo —dijo ella—.
Aparecía.
—¿Cuándo?
— Martina dudó un segundo.
— —Cuando empezaba a entender algo… que no debería.
— Silencio.
— Tomás asintió lento.
— —Sí.
— Era igual.
— —Nunca decía su nombre —continuó Martina—.
Nunca explicaba demasiado.
—Te hacía pensar.
—Te obligaba.
— Tomás completó: —Y si no entendías… no repetía.
— Martina lo miró.
— —Exacto.
— Pausa.
— —No enseñaba técnicas —agregó ella—.
—Enseñaba a decidir.
— Eso cerró todo.
— Demasiado.
— Tomás se pasó una mano por la cara.
— —Entonces no fuimos elegidos ahora… — Martina terminó la idea: —Fuimos preparados.
— El peso de esa frase cayó entre los dos.
— Porque cambiaba todo.
— No eran candidatos.
— Eran resultados.
— — Tomás caminó unos pasos.
Necesitaba moverse.
Ordenar.
— —¿Cuántos más?
—preguntó.
— Martina negó.
— —No lo sé.
— Pausa.
— —Pero no somos los únicos.
— Eso ya no era una duda.
— —Entonces esto… —dijo Tomás— —no empezó con el mensaje.
— —No —respondió Martina—.
— —Ni con los ataques.
— —No.
— Silencio.
— —Empezó hace años.
— El gimnasio parecía más chico ahora.
Más cerrado.
— —¿Y el maestro?
—preguntó Tomás—.
¿Dónde está?
— Martina no respondió de inmediato.
— Cuando lo hizo… su voz fue más fría.
— —Eso es lo que no me gusta.
— Tomás la miró.
— —¿Por qué?
— —Porque si esto es una selección… — Pausa.
— —él ya pasó.
— Eso no tranquilizaba.
— Lo empeoraba.
— —O la creó —dijo Tomás.
— Silencio.
— Martina no lo negó.
— —También pensé eso.
— El aire se volvió más denso.
— —Si él está detrás de esto… —continuó Tomás— — —Entonces nos conoce mejor que nadie.
— —Y sabe exactamente qué vamos a hacer.
— Silencio.
— Pesado.
— Real.
— — Un sonido los sacó del momento.
— Un golpe seco.
— En la puerta del gimnasio.
— Ambos giraron.
— No era fuerte.
No era desesperado.
— Era… preciso.
— Tres golpes.
Pausa.
Dos más.
— Tomás y Martina se miraron.
— —¿Patrón?
—murmuró él.
— —Sí —respondió ella.
— No era aleatorio.
— Nunca lo era.
— Tomás avanzó.
Despacio.
— Martina se movió lateralmente.
Cubriendo ángulo.
— Coordinación natural.
— Sin hablar.
— Tomás abrió la puerta.
— Nadie.
— Pero esta vez… no había un sobre.
— Había algo más.
— Un dispositivo.
Pequeño.
Negro.
— Encendido.
— Tomás lo levantó.
— Pantalla mínima.
Una sola palabra.
— “FASE 2” — Ambos lo miraron.
— Silencio.
— Y entonces… la pantalla cambió.
— Coordenadas.
— Ubicación.
— Y abajo… otra línea.
— “24 horas” — El tiempo empezó a correr.
— Tomás levantó la mirada.
— Martina ya lo estaba mirando.
— —Esto ya no es una prueba pasiva —dijo.
— —No —respondió él.
— Pausa.
— —Ahora es un movimiento.
— Silencio.
— Pero esta vez… no era incertidumbre.
— Era dirección.
— Y por primera vez… sabían exactamente dónde tenían que ir.
— Lo que no sabían… — era qué los estaba esperando.
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