El sistema - Capítulo 12
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12: El pasado 12: El pasado El lugar no era especial.
Un gimnasio más.
Paredes gastadas.
Piso de goma.
Olor a esfuerzo y rutina.
— Pero para Tomás… no era solo eso.
— Era memoria.
— —Entrenaste acá —dijo Martina, mirando alrededor.
No era una pregunta.
— Tomás asintió apenas.
— —Hace tiempo.
— Martina caminó despacio.
Observando.
Como si el lugar hablara.
— —No es un lugar al que alguien como vos vendría ahora —dijo.
— —Por eso vine —respondió él.
— Silencio.
— Tomás avanzó hasta el centro.
Se detuvo.
Cerró los ojos un segundo.
— Y volvió.
— Golpes.
Respiración.
Correcciones.
— —Más rápido —la voz era firme.
— —No es velocidad lo que te falta —continuó—.
Es decisión.
— Tomás, más joven, dudaba.
Ese era su error.
— —Si dudás… perdés.
— Impacto.
Caída.
— —Otra vez.
— El presente volvió de golpe.
— Tomás abrió los ojos.
— Martina lo estaba mirando.
— —No fue solo entrenamiento físico —dijo ella.
— —No.
— —Fue formación.
— Tomás no respondió.
Pero no lo negó.
— Martina se acercó.
— —¿Quién era?
— Silencio.
— Tomás dudó.
No por miedo.
Por algo peor.
— Por respeto.
— —Alguien que no enseñaba a todos —dijo finalmente.
— —Pero a vos sí.
— —Sí.
— Pausa.
— Martina lo observó con más atención.
— —Eso explica muchas cosas.
— —¿Como qué?
— —Como por qué seguís vivo.
— Tomás no reaccionó.
— —¿Qué más te enseñó?
—preguntó ella.
— Tomás la miró.
— —A no confiar en sistemas.
— Pausa.
— —Ni en personas.
— Martina sostuvo su mirada.
— —Y sin embargo… estás acá conmigo.
— Silencio.
— —No dije que fuera perfecto —respondió él.
— Eso arrancó una leve sonrisa en ella.
— Pero duró poco.
— Martina caminó hasta un saco de boxeo.
Lo golpeó.
Una vez.
— El sonido retumbó en el lugar vacío.
— —Mi entrenamiento fue distinto —dijo.
— Tomás la miró.
— —¿En qué sentido?
— Martina no respondió de inmediato.
Golpeó otra vez.
— Más fuerte.
— —Más controlado.
— Pausa.
— —Más… estructurado.
— Eso le llamó la atención.
— —¿Militar?
— —No.
— —¿Privado?
— Martina dudó.
— —Algo así.
— Silencio.
— Tomás se acercó.
— —Mostrame.
— Martina lo miró.
Evaluando.
— —No es buena idea.
— —Nunca lo es.
— Pausa.
— Y entonces… aceptó.
— Se colocaron frente a frente.
Distancia justa.
Sin postura agresiva.
Pero listos.
— —Sin fuerza —dijo Martina.
— —Sin fuerza —repitió él.
— Primer movimiento.
— Tomás avanzó.
Directo.
Controlado.
— Martina respondió.
— Desvió.
Giró.
— Y por un segundo… el tiempo se detuvo.
— No por la técnica.
— Por la sensación.
— Reconocimiento.
— Ambos se frenaron.
— Al mismo tiempo.
— Se miraron.
— —Eso… —dijo Tomás— — —Sí —respondió Martina.
— Silencio.
— Pesado.
— —¿Quién te enseñó eso?
—preguntó él.
— Martina no respondió enseguida.
— Cuando lo hizo… su voz fue más baja.
— —Alguien que no enseñaba a todos.
— Tomás sintió cómo algo encajaba.
Demasiado bien.
— —No puede ser —dijo.
— —Yo pensé lo mismo —respondió ella.
— Se quedaron en silencio.
— La misma técnica.
La misma lógica.
El mismo enfoque.
— —No es coincidencia —dijo Tomás.
— —No —respondió Martina.
— Pausa.
— —Entonces… —empezó él— — Martina terminó la idea: — —Tuvimos el mismo maestro.
— El aire se volvió más denso.
— Porque eso no era solo una conexión.
— Era una señal.
— Y si eso era cierto… — todo lo demás también podía serlo.
— Tomás retrocedió un paso.
— Pensando.
— Rearmando todo.
— —Esto empezó mucho antes —dijo.
— Martina asintió.
— —Sí.
— Pausa.
— —Y nosotros no éramos casos aislados.
— Silencio.
— —Nunca lo fuimos.
— El gimnasio volvió a quedarse en calma.
— Pero ahora… ya no era un lugar del pasado.
— Era una pieza del presente.
— Y probablemente… — del futuro también.
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