El Soberano de las Cenizas - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15- Antes de que Cambie el Viento
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15: Capítulo 15- Antes de que Cambie el Viento 15: Capítulo 15- Antes de que Cambie el Viento Se quedaron tres días.
El alcalde les cedió dos cuartos en la posada sin pedir nada a cambio y Jaha los aceptó sin discutir — el hombro necesitaba tiempo y Wenhe no era un mal lugar para dárselo.
Los primeros días los pasó trabajando despacio con los materiales de refinamiento que había traído de la guarida, sin forzar, dejando que la comprensión llegara antes que el resultado.
Era la forma en que Aethon le había enseñado a acercarse a las cosas.
Moshi encontró un rincón fuera de la posada con buena luz y pasó la mayor parte del tiempo ahí con el libro que Jaha le había dado.
La niña del cabello oscuro lo encontró el segundo día y se sentó a su lado sin pedir permiso, con la determinación de los niños pequeños que han decidido que alguien les interesa.
“¿Qué lees?” preguntó.
“Algo que no entenderías” respondió Moshi sin levantar la vista.
“¿Por qué?” “Porque llevas vivos aproximadamente cinco años y este texto requiere conocimientos que tardan más en acumularse” dijo Moshi.
La niña lo consideró.
“¿Cuántos años llevas tú vivo?” “Diecisiete.” “¿Y lo entiendes?” Moshi tardó un momento.
“Cada vez más” dijo.
La niña asintió como si eso resolviera algo y se quedó sentada a su lado el resto de la tarde sin decir nada más.
Al día siguiente volvió.
Y al siguiente también.
Al tercer día, cuando llegó el momento de irse, la abrazó con la fuerza desproporcionada que tienen los niños pequeños cuando han decidido que alguien les importa.
Moshi se quedó completamente inmóvil un segundo — sin saber qué hacer con eso — y después le devolvió el abrazo con la misma seriedad con que hacía todo.
Cuando la niña se fue corriendo, Jaha miró a Moshi.
Moshi tenía una leve sonrisa.
Pequeña, casi imperceptible.
Pero estaba ahí, y nadie que lo conociera la habría esperado.
Jaha decidió no comentarlo.
Algunas cosas valían más sin palabras.
Recogieron lo poco que tenían y se prepararon para salir.
Antes de que la paloma mensajera del alcalde quedara fuera de alcance, Jaha se sentó a escribir.
La carta tardó menos de lo que esperaba.
Era la primera vez en meses que escribía algo sin pensar en el efecto que produciría.
Maestro: La misión está cumplida.
El pueblo está a salvo.
Las formaciones de Moshi superaron cualquier estimación — fue más habilidoso de lo que cualquiera habría calculado.
Un detalle importante: la información sobre el líder era incorrecta.
No era nivel uno etapa intermedia.
Era nivel dos.
Hay una herida en el hombro que ya está cerrando.
No es grave.
Volvemos en tres días.
La paloma salió antes de que ellos lo hicieran.
* * * Shen Kaiming — La Qingtian Zong La carta llegó al segundo día, a media mañana, cuando Shen Kaiming estaba revisando los registros de la secta con la concentración de quien busca algo que no está seguro de encontrar.
La leyó dos veces.
Después la dobló con cuidado y la guardó en el interior de su ropa — junto al verso que Jaha había escrito sin saber lo que escribía, en el lugar donde guardaba las cosas que valía la pena conservar.
Nivel dos.
Y los dos habían vuelto con vida, con la misión cumplida, con el orgullo genuino de quien acaba de descubrir que puede hacer lo que creía que podía hacer.
Se levantó y fue a la ventana.
Afuera el jardín seguía igual — el árbol sin nombre en el centro, los discípulos moviéndose con la rutina de siempre.
La respuesta formal del Clan Jinrae había llegado el día anterior.
No era una negociación.
Era un ultimátum con fecha, redactado con la cortesía diplomática que se usa cuando ya se ha decidido que las palabras son solo un trámite antes de la acción.
Shen Kaiming ya había tomado sus decisiones antes de que llegara.
Las palomas que había mandado días atrás habían encontrado sus destinos.
Esa mañana llegó respuesta del Pabellón del Viento Sin Frontera — una de las dos grandes organizaciones mercantiles que controlaban el flujo de recursos y jade espiritual entre continentes.
No tenían ejércitos propios, pero sí la clase de influencia que hace pensar dos veces a quien actúa sin control.
Su respuesta había sido breve, sin compromisos explícitos, pero con el peso de alguien que entiende exactamente lo que está leyendo entre líneas.
No era una garantía.
Era suficiente para no estar solos.
En el corredor exterior, dos maestros hablaban en voz baja con la tensión de quienes llevan días sin dormir bien.
Shen Kaiming los escuchó sin abrir la puerta, después volvió a su escritorio y siguió trabajando.
Jaha y Moshi estaban volviendo.
La carta lo decía.
Eso también era suficiente.
* * * Yeon Zhaoren — Clan Hwarin El torneo del distrito duraba tres días y Zhaoren lo había terminado en dos.
No porque sus rivales fueran débiles — algunos eran genuinamente buenos, con técnicas sólidas y años de entrenamiento detrás.
Era que Zhaoren no peleaba para ganar.
Peleaba para que el resultado fuera inevitable desde el primer intercambio, de forma que quien lo mirara sintiera que nunca había existido otra posibilidad.
Había una diferencia entre vencer y demostrar, y Zhaoren siempre había preferido lo segundo.
El Clan Hwarin observaba desde el palco de honor con la satisfacción de quien acaba de ver a su representante hacer exactamente lo que necesitaban.
Cada victoria era un argumento.
Cada argumento construía lo que el clan llevaba meses necesitando — presencia, peso, la sensación de que su nombre significaba algo más que historia.
El representante que lo acompañaba no cabía en sí de satisfacción.
“Cuatro victorias en un día” dijo mientras volvían al pabellón.
“Cuatro victorias en un día” repitió Zhaoren sin énfasis.
“El primero del ranking no apareció.
Habrían sido cinco.” El representante asintió con el entusiasmo de quien prefiere no preguntar qué significa eso.
En el pabellón lo esperaba correspondencia.
La revisó con eficiencia — nada urgente, nada que no pudiera esperar.
El Clan Hwarin ganaba prestigio con cada torneo.
Su posición dentro del clan se consolidaba.
Todo marchaba según su plan.
* * * Yeon Jaha — El camino de regreso Salieron de Wenhe al amanecer del tercer día con la despedida sencilla del pueblo — el alcalde en la puerta, unos cuantos aldeanos levantados temprano.
Caminaron en silencio durante la primera hora, que era un silencio diferente al de la ida — más cómodo, del tipo que no necesita llenarse.
“¿Estás bien?” preguntó Moshi después de un rato.
“Sí” respondió Jaha.
“Pareces estar pensando en algo.” Jaha caminó un momento antes de responder.
“Tengo mal presentimiento.
No sé de dónde viene exactamente.” “¿Sobre la secta?” preguntó Moshi.
“Sobre todo.
Sobre el tiempo.
Sobre que las cosas se están moviendo más rápido de lo que nos gustaría.” Moshi no respondió.
Era la clase de cosa que no necesitaba respuesta — solo alguien que la escuchara.
Siguieron caminando.
El camino de regreso tenía una calidad diferente al de la ida: ya sabían lo que habían dejado atrás en Wenhe y todavía no sabían lo que encontrarían al llegar.
La Qingtian Zong apareció en el horizonte entrada la tarde, con sus muros intactos y el árbol sin nombre visible desde lejos.
Todo en su lugar.
Y sin embargo algo en cómo se sentía el espacio al acercarse — una tensión que no estaba en los muros ni en los edificios sino en las personas que los habitaban — confirmó el presentimiento que Jaha había llevado todo el camino.
Shen Kaiming estaba junto al árbol cuando entraron.
Se volvió al escucharlos.
Miró a Jaha primero — el hombro, la forma en que lo llevaba.
Después a Moshi.
Después de nuevo a Jaha.
“Nivel dos” dijo.
“El informe decía uno” respondió Jaha.
“Lo sé” dijo el patriarca.
“Por eso estoy tan impresionado de lo que lograron los dos.” Una pausa.
“Una misión cumplida merece una recompensa.
Los dos.
Decidid lo que necesitáis.” Jaha no tardó en responder.
“Materiales para el cultivo de artefactos.
Lo que tengáis disponible de mayor calidad.” Shen Kaiming asintió y miró a Moshi.
Moshi pensó un momento — no porque dudara sino porque quería ser preciso.
“Un libro sobre matrices de nivel avanzado.
Más alto de lo que tengo acceso actualmente.
Algo que combine con lo que ya sé sobre formaciones.” “Lo tendréis antes de que amanezca” dijo el patriarca.
Les explicó entonces lo que había ocurrido mientras estaban fuera — el ultimátum del Clan Jinrae, las palomas que había mandado, la respuesta del Pabellón del Viento Sin Frontera.
Lo dijo con la calma de quien ha hecho lo que podía hacer y ha decidido confiar en ello.
“No estamos solos” dijo.
“Y vosotros dos habéis demostrado esta semana que tampoco sois lo que parecíais cuando llegasteis.” Después se levantó, les dijo a ambos que descansaran, y caminó hacia el interior de la secta con la misma calma de siempre.
Jaha se quedó en el banco un momento más.
El jardín lo rodeaba igual que siempre — el árbol, los muros, la hierba espiritual brillando levemente con la última luz de la tarde.
Y mientras lo miraba entendió algo con una claridad que no había tenido antes: que si algo ocurría ahora mismo podía hacer poco más que sobrevivir.
Que todo lo que estaba pasando a su alrededor era demasiado grande para el nivel en que se encontraba.
Eso no lo paralizó.
Lo enfocó.
Tenía que volverse más fuerte.
Lo más rápido posible.
Todo lo demás podía esperar.
Fin del Capítulo 15
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