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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 16

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16: Capítulo 16 – El primer trazo 16: Capítulo 16 – El primer trazo Los materiales que Shen Kaiming les había dado como recompensa llegaron esa misma noche.

Jaha los extendió sobre la mesa y los revisó uno por uno.

Conocía cada uno de ellos — madera de árbol espiritual, fibras tratadas con resina mineral, piedra negra del sur procesada de una forma específica.

No recordaba haberlos estudiado en ningún texto de la Qingtian Zong, lo que solo podía significar una cosa.

Miró hacia adentro.

“Fuiste tú” dijo.

“Te hice pedir lo que necesitabas” respondió Aethon.

“¿Para qué?” “Para que construyas lo que deberías haber construido desde que entendiste para qué sirve tu Dao.

Un pincel.” Jaha miró los materiales.

La idea no le era ajena — llevaba semanas pensando en algo que no desapareciera después de usarlo, algo que fuera una extensión de sí mismo en lugar de una herramienta separada.

Pero era la primera vez que lo decía alguien más.

“¿Un pincel de combate?” “El arma de alguien cuyo Dao es la Pintura no es el pincel” dijo Aethon.

“Es la intención detrás del trazo.

El pincel solo es el canal — lo que lo hace poderoso es lo que fluye a través de él.

En tu caso: el Dao de la Pintura expresando lo que llevas dentro.

Cada trazo que hagas en combate no describe una realidad — la impone.

Cuando seas más fuerte entenderás por qué.” Jaha guardó silencio un momento, procesando eso.

“¿Y puedo construirlo con esto?” “Puedes.

Y yo haré algo más.” Jaha empezó.

El proceso tardó la mayor parte de la noche — el mango de madera espiritual, las fibras del pelo tratadas con la resina, la estructura interna trazada no como un patrón de contención sino como la intención de canalizar.

Cada decisión importaba de una forma que los artefactos anteriores no habían exigido.

Hacia el final, cuando el pincel estaba casi completo, sintió algo diferente.

Aethon estaba usando parte de su propio poder — Jaha lo percibió como calor en el interior del alma, como algo antiguo fluyendo hacia afuera con un coste que podía sentir aunque no cuantificar.

El poder de la Soberanía Primordial impregnándose en la estructura del pincel trazo por trazo.

Cuando terminó, el cuarto tenía la luz de las cuatro de la mañana.

Jaha sostuvo el pincel.

Simple visualmente — sin decoración, sin brillo.

Pero cuando lo tomó algo encajó de una forma que ningún otro objeto había producido.

Como si hubiera estado esperando exactamente esa mano.

“¿Qué hiciste?” preguntó.

“Lo que debía” respondió Aethon.

“Ese pincel no es un artefacto ordinario” dijo Aethon.

“Crece contigo — su nivel y su poder avanzan al mismo tiempo que los tuyos y al mismo tiempo que tu comprensión del Dao de la Pintura.

En el futuro podrás añadirle nuevas mecánicas, nuevas funciones ocultas, mejorarlo con materiales superiores y comprensiones más profundas.

Es el primero de lo que serás.

Trátalo así.” Jaha lo probó trazando un sello básico en el aire.

El trazo quedó suspendido dos segundos más de lo que debería antes de disiparse.

Rango 1 avanzado — todavía lejos de lo que necesitaría ser, pero real y funcional y completamente suyo.

Guardó el pincel y apagó la lámpara.

Algo en su Sello Dual había respondido al proceso de esa noche — la comprensión acumulada de semanas de combate real y práctica encontrando por fin el punto donde se convertía en algo concreto.

Nivel 1 avanzado.

El camino hacia el nivel 2 era visible desde ahí por primera vez.

* * * Yan Moshi El libro de matrices que el patriarca le había dado llevaba tres días abierto sobre sus rodillas y Moshi todavía no había llegado a la mitad.

No porque fuera lento — sino porque cada página producía conexiones que necesitaban tiempo.

El libro no era difícil en el sentido técnico.

Era profundo en el sentido en que un texto profundo obliga a detenerse, a cerrar los ojos, a dejar que algo encaje antes de continuar.

Y las conexiones que producía con lo que Moshi ya sabía sobre formaciones eran del tipo que no se pueden forzar.

La noche del segundo día fue cuando ocurrió.

Estaba sentado en su cuarto con una formación de prueba extendida frente a él — pequeña, básica, del tipo que usaba para verificar comprensiones nuevas — cuando algo cambió.

No en la formación.

En él.

Como si dos sistemas que había estado construyendo en paralelo durante meses encontraran por primera vez el punto donde se comunicaban entre sí.

El Dao del Estudio absorbiendo los patrones del libro de matrices.

Las formaciones que llevaba un año perfeccionando.

Y algo más — la comprensión de que no eran cosas separadas sino expresiones distintas de la misma lógica fundamental.

Moshi permaneció completamente inmóvil durante un tiempo que no midió.

Cuando volvió en sí la formación frente a él tenía una estructura diferente a la que había extendido.

Sus manos la habían modificado solas mientras su mente procesaba otra cosa.

La miró.

Era más compleja que cualquier cosa que hubiera construido conscientemente.

Cerró los ojos de nuevo.

Nivel 1 perfección.

Llevaba años siendo el del Dao inútil.

El que estudiaba mucho y no servía para nada real.

Había aprendido a no esperar nada de los avances porque los avances siempre llegaban más despacio que para los demás, si llegaban.

Y ahora en la oscuridad de su cuarto con una formación que sus propias manos habían construido sin que él se lo ordenara, algo en el interior de Yan Moshi que llevaba mucho tiempo comprimido encontró finalmente espacio para expandirse.

No lloró.

No era su forma.

Pero permaneció ahí en silencio durante un rato largo, dejando que el momento existiera sin apresurarlo.

El maestro Wen habría querido verlo.

* * * Yeon Jaha Encontró a Moshi esa mañana en su rincón habitual.

Lo que era diferente no era la posición ni los libros — era algo en cómo ocupaba el espacio.

Una presencia distinta.

Más asentada.

Moshi levantó la vista cuando se acercó.

“Subí de nivel anoche” dijo, con algo en la voz que no era su tono habitual.

Más suave.

Como alguien que todavía está procesando algo grande.

“¿A perfección?” preguntó Jaha.

“Sí.

De intermedio a perfección de una vez.” Jaha lo miró.

Moshi sostuvo la mirada y por una vez no había distancia en ella — había algo abierto, genuino, la cara de alguien que acaba de recibir algo que llevaba años esperando sin permitirse esperarlo del todo.

“Años siendo el inútil de la secta” dijo Moshi en voz baja.

“Y resulta que todo este tiempo el Dao que tenía era el correcto.

Solo necesitaba encontrar lo que tenía que estudiar.” “Lo sabías” dijo Jaha.

“Lo sospechaba.

Saber y sospecharlo no es lo mismo.” Jaha asintió.

Tenía razón en eso.

“El maestro Wen lo habría visto” añadió Moshi, casi para sí mismo.

Jaha lo miró.

“Sí” dijo.

“Lo habría visto.” Moshi asintió una vez.

Después recogió el libro y lo abrió de nuevo — pero esta vez con algo diferente en cómo lo sostenía.

* * * La tarde llegó con la rutina de siempre.

Los discípulos entrenando, los maestros en sus pasos de siempre, la ceremonia alrededor del árbol sin nombre que ningún día faltaba.

Jaha lo observó todo con una atención que últimamente tenía para las cosas ordinarias — como si algo en él quisiera fijarlas bien antes de que algo cambiara, aunque no supiera exactamente qué ni cuándo.

Fang Ruochen pasó cerca de donde estaba sentado y se detuvo.

“El hombro” dijo, señalando con un gesto breve.

“¿Ya está bien?” “Sí” respondió Jaha.

“Bien” dijo Fang Ruochen, y siguió caminando.

Jaha lo miró alejarse.

Eso era lo que hacía la fuerza — no creaba respeto por sí sola, pero abría la puerta a que la gente mostrara quién era realmente.

Fang Ruochen había perdido y había tenido que escoger.

Había escogido bien.

Eso decía más sobre él que cualquier nivel de cultivo.

En el mundo que venía, Jaha tendría que aprender a leer eso en la gente — quién cedía ante la fuerza con rencor y quién con dignidad.

La diferencia importaría.

Más tarde, cuando la luz de la tarde empezaba a bajar, Shen Kaiming se sentó a su lado en el banco junto al árbol con la naturalidad de quien simplemente se sienta porque hay espacio.

“¿Cómo estás?” preguntó el patriarca.

No sobre el hombro.

“Mejor que hace dos meses” respondió Jaha.

“¿Y diferente que hace una semana?” “Sí.

Hay cosas que entiendo ahora que antes no podía ver.” Shen Kaiming asintió despacio.

“El poder tiene eso.

Cada vez que avanzas ves más lejos.

Y lo que ves no siempre es agradable.” “No” confirmó Jaha.

“Pero es más honesto que lo que creía antes.” El patriarca lo miró con esa atención tranquila que reservaba para las cosas que le importaban.

“Lo que construyas desde esa honestidad durará más que lo que construyas desde lo que crees que deberías ser” dijo.

Jaha entendió eso.

No completamente, no en todos sus matices — pero sí en lo esencial, y eso era suficiente por ahora.

El patriarca se levantó, recogió la tetera fría como siempre, y caminó hacia el interior sin añadir nada más.

* * * Las señales llegaron de forma tan gradual que durante un rato Jaha pensó que estaba buscando algo que no existía.

Una paloma que el patriarca esperaba y que no llegó a la hora que debía.

Dos maestros convocados al estudio por separado que salieron de la secta con bolsas y sin decirle a nadie adónde iban.

Una conversación que se cortó demasiado rápido cuando Jaha pasó cerca de dos discípulos mayores.

Cosas pequeñas que por separado no significaban nada y juntas significaban demasiado.

Moshi apareció en el corredor fuera de su cuarto entrada la noche.

“Las formaciones perimetrales norte y este llevan horas bajo presión desde afuera” dijo sin bajar la voz porque no había nadie cerca.

“¿Cuánto aguantan?” preguntó Jaha.

“Son formaciones de nivel bajo de una secta de nivel bajo” respondió Moshi con la frialdad de quien da un diagnóstico.

“Un cultivador de nivel alto las destruye de un solo golpe.

Si lo que está afuera tiene ese nivel las formaciones son decoración.” El silencio que siguió tenía peso.

“¿Solo las prueban o ya están empujando?” preguntó Jaha.

“Solo las prueban.

Están midiendo exactamente dónde ceden antes de moverse de verdad.” Eso era más frío que si simplemente estuvieran atacando.

Alguien afuera tomándose el tiempo de estudiar las defensas antes de actuar — eso era gente que no tenía prisa porque ya sabía el resultado.

Jaha volvió a su cuarto.

No había nada que hacer todavía que no fuera esperar, y esperar era lo que más le costaba.

Se sentó en el suelo con el pincel en la mano — ese peso familiar que todavía era nuevo — y dejó que la noche pasara.

Fue pasada la medianoche cuando se levantó y fue a la ventana.

El jardín estaba en silencio.

El árbol sin nombre en el centro, las ramas quietas.

Todo exactamente donde siempre había estado.

Y en el horizonte del territorio de la secta — luces.

No el tipo que produce la luna ni el tipo que producen las lámparas de quienes no pueden dormir.

El tipo que produce la energía espiritual de cultivadores moviéndose en formación coordinada.

Muchos.

Demasiados.

Jaha los miró durante un tiempo que no midió.

Tenía el pincel en la mano y algo frío en el pecho — no solo miedo, sino la comprensión exacta de lo que significaba ese número de luces moviéndose en formación hacia una secta cuyas defensas cedían ante un cultivador de nivel cinco.

Buscó a Aethon.

“¿Los ves?” preguntó.

“Los veo” respondió Aethon.

“¿Cuántos?” “Los suficientes para dejar esta pequeña secta sin opciones.” Jaha cerró los ojos un momento.

Cuando los abrió las luces seguían ahí — más cerca que antes, avanzando sin prisa, con la calma de quien sabe que no hay nada que lo detenga.

Dio media vuelta y fue a despertar a Moshi.

No porque hubiera algo que hacer todavía.

Sino porque cuando llegara el momento no quería que ninguno de los dos estuviera solo.

Fin del Capítulo 16 REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yeiler ….

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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