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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 34

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Capítulo 34: Capítulo 34 — Arquitectura del Caos

El guardián cruzó la mitad del claro en el tiempo que tarda un corazón en latir.

El primero en morir ni siquiera llegó a gritar. Un discípulo de los Vientos del Este que había dado un paso involuntario hacia el cristal — el mismo que días antes no había podido evitar moverse hacia él — recibió una zarpa en el pecho antes de que su qi pudiera reorganizarse tras la supresión del rugido. El impacto no fue espectacular. Simplemente ocurrió, y después el discípulo no estaba de pie.

El segundo cayó diez segundos después, de la misma secta, en el flanco opuesto. El guardián no había acelerado. Se había limitado a estar donde el segundo discípulo intentaba estar.

Jaha lo vio todo desde su posición.

Ren Huo se movió primero entre los que quedaban — demasiado pronto, pensó Jaha. La velocidad de los Vientos del Este era devastadora en espacio abierto con un solo objetivo. En un claro donde el guardián leía el qi de dieciséis cultivadores simultáneamente, moverse primero era anunciarse. Ren Huo lo entendió cuando la cola con la formación de hueso en la punta barrió el arco que había planeado antes de que lo ejecutara. No lo golpeó — lo desvió. Fue suficiente para interrumpir el flujo de su técnica y dejarlo reposicionándose durante un momento que era demasiado largo.

El guardián no lo persiguió. Tenía otros dieciséis.

* * *

Las sectas se organizaron como podían, que era cada una a su manera.

Fang Zhentian y sus dos secuaces restantes formaron en la posición de la Tiexin Ge — resistencia frontal, cuerpo absorbe el impacto, el martillo espiritual en el espacio entre ellos y el guardián. Era lo que sabían hacer. Fang Zhentian golpeó dos veces seguidas contra el pecho del guardián, canalizando todo el Cuerpo de Hierro en cada impacto — los tatuajes de su nivel corporal brillando con cada activación, líneas oscuras que recorrían los brazos hasta los hombros. El guardián recibió ambos golpes sin moverse del sitio. Su pelaje absorbió la energía y la redistribuyó. No era dolor — era respuesta. Como un sistema que reconoce una presión y la integra.

Cao Feng no atacaba frontalmente. Circulaba, estudiaba, buscaba el ángulo que ningún ser físico podía cubrir completamente. Encontró dos. En el primero, la espada trazó un corte real contra el flanco izquierdo del guardián — la primera herida visible, una línea oscura bajo el pelaje donde la esencia escapaba en lugar de fluir. El guardián giró hacia él. En el segundo ángulo, Cao Feng ya no estaba.

En ese mismo giro el guardián barrió con la cola. La formación de hueso en la punta pasó a la altura del pecho de dos de los discípulos de la Hoja Silente que intentaban flanquear desde el lado opuesto. El primero voló cuatro metros y no se levantó. El segundo consiguió levantar su espada — la cola partió la hoja por la mitad y lo que quedó del impacto lo arrojó contra uno de los árboles del perímetro del claro. El tronco se fracturó. El discípulo no se movió después de eso. Dos cultivadores en un solo movimiento que el guardián había ejecutado sin interrumpir su reacción a Cao Feng.

A la izquierda del claro, uno de los hermanos Bai cayó con una zarpa en el hombro. El otro corrió hacia él. Jaha los vio y no hizo nada todavía.

Lo que hacía Jaha era más sutil que atacar.

Cada Trazo Cortante (锋) que lanzaba tenía dos funciones — la visible, desviar un ataque del guardián que habría alcanzado a alguien, y la invisible, empujar la trayectoria del guardián un grado hacia donde Jaha necesitaba que fuera. El Sello Silencioso (镇) interrumpiendo la acumulación de esencia de la cola no antes de que lanzara la supresión, sino justo después, cuando el guardián ya había girado para compensar — y esa compensación lo llevaba hacia el cultivador que Jaha había decidido que recibiría el siguiente golpe. Nadie lo veía. Desde fuera, Jaha era el apoyo. Desde adentro, Jaha era el director.

Invisible en el sentido que importa. Construyendo sin gastar.

* * *

Fue Ren Huo quien lo rompió, aunque no fue él quien lo inició.

Bai Shu, el mayor de los hermanos del Yunque Blanco, estaba intentando sanar a su hermano cuando un Trazo Cortante pasó a un palmo de su cabeza — lanzado desde el ángulo de los Vientos del Este, en la dirección donde Ren Huo había estado segundos antes. Bai Shu no vio de dónde vino. Lo que vio fue que Ren Huo estaba en esa zona, y que hacía un día él había oído que Ren Huo tenía sus propios planes para el cristal.

Nadie atacó primero directamente. Fue algo más pequeño — Bai Shu movió su siguiente técnica de formación media distancia en una dirección que complicaba el movimiento de Ren Huo más de lo necesario para el combate contra el guardián. Ren Huo lo sintió, giró hacia él, y durante tres segundos los dos se miraron mientras el guardián seguía moviéndose entre el resto del grupo.

Tres segundos en ese claro eran suficientes para que otra persona cayera.

El guardián habló mientras se movía. No se detuvo para hacerlo. La voz llegó desde el centro del caos con esa calma que era más difícil de soportar que cualquier rugido.

—Os di una salida.

Nadie respondió. Nadie tenía tiempo.

Jaha vio el momento exacto en que el claro dejó de ser un grupo. Fue cuando Ren Huo, en lugar de volver al guardián, giró el siguiente ataque un grado hacia la posición de los de la Hoja Silente — no suficiente para ser una declaración de guerra, suficiente para que Cao Feng lo leyera como una. La espada de la Hoja Silente giró hacia Ren Huo. Los Vientos del Este respondieron. Y el guardián, que había estado matando uno a uno con paciencia de siglos, aceleró.

* * *

Lo que empezó como un combate contra el guardián se convirtió en algo peor.

Tres sectas en el mismo claro peleando por el mismo cristal mientras una cuarta fuerza los mataba desde arriba. El guardián no elegía bando. Atacaba al que tenía más cerca, al que acumulaba más qi, al que intentaba acercarse al nodo. En ese orden, sin emoción.

Jaha se movió hacia los secuaces de Fang Zhentian.

No hacia Fang Zhentian todavía. Hacia los dos que quedaban. En el caos del claro, con el guardián presionando desde el centro y los Vientos del Este contra la Hoja Silente en el flanco, Jaha llegó junto al secuaz más próximo en el momento en que una técnica de la Hoja Silente pasó entre ellos. El secuaz giró buscando de dónde venía. Jaha trazó el Trazo Cortante desde abajo, limpio, en el ángulo que en ese momento apuntaba exactamente a donde acababa de estar Ren Huo.

El secuaz cayó.

Fang Zhentian giró. Vio a Jaha. Vio la dirección del trazo. Vio a Ren Huo en el fondo del claro.

—¡Vientos del Este! —La rabia en su voz no era control. Era el tipo de rabia que lleva tiempo acumulándose y que encontró finalmente el punto donde detonarse.

El segundo secuaz fue hacia Ren Huo. El caos absorbió eso también — un cuerpo más moviéndose en una dirección, una técnica más cruzando el espacio. Jaha se alejó dos pasos mientras Fang Zhentian seguía mirando al frente.

Cuando Fang Zhentian finalmente giró hacia donde había estado Jaha, Jaha ya estaba en otro lugar.

* * *

El duelo empezó sin que ninguno lo declarara.

Fang Zhentian lo encontró entre los árboles del borde del claro — alejado del guardián, alejado del cristal, alejado del caos principal. Jaha lo había llevado ahí sin que Fang Zhentian lo supiera. Cada paso hacia atrás había sido una invitación que Fang Zhentian había leído como retirada.

—El del pincel —dijo Fang Zhentian. Su voz tenía esa calidad específica de quien lleva días esperando este momento—. Siempre en el borde. Siempre mirando. —El martillo espiritual en la mano, el Cuerpo de Hierro activado, los tatuajes de su nivel corporal encendiéndose desde los antebrazos hasta el cuello con un brillo oscuro—. ¿Qué haces tú aquí?

Jaha no respondió. Levantó el pincel.

Fang Zhentian cargó.

El primer intercambio lo dominó Fang Zhentian completamente y sin discusión. Llevaba más de un año en el ranking externo con ese cuerpo — cada golpe del martillo pesaba como si trajera el suelo con él. Jaha devolvió el Trazo de Ruptura (裂) dos veces buscando abrir la defensa de esencia, pero Fang Zhentian la tenía demasiado consolidada. Un golpe de martillo le rozó el hombro izquierdo y Jaha sintió el hueso protestar. La Forja Absoluta del Ser mantuvo lo que sin ella habría cedido. Solo eso.

Fang Zhentian sonrió por primera vez en días.

—Ya decía yo —dijo—. Un erudito sigue siendo un erudito.

Jaha activó el primer talismán del Eco del Poema (韵).

El cambio no fue visible. Fue en el ritmo — el pincel empezó a moverse en una cadencia diferente, más rápida en los intervalos, más precisa en los puntos de contacto. En el siguiente intercambio Jaha no atacó directamente. Dibujó el Dominio del Lienzo (界) en el suelo entre los dos — el círculo de amplificación que Fang Zhentian no reconoció como técnica porque nunca lo había visto. Dentro de ese radio los trazos de Jaha costaban menos y llegaban desde ángulos que el ojo no anticipaba igual.

El Trazo Cortante llegó desde arriba. Fang Zhentian lo desvió. El Sello Silencioso (镇) llegó al suelo a sus pies — no para suprimirlo a él sino para supprimir la zona donde apoyaba el peso, interrumpiendo su base por un instante. En ese instante el siguiente Trazo Cortante encontró el hombro derecho.

No fue una herida grave. Fue suficiente para que Fang Zhentian sintiera que el ritmo había cambiado sin entender exactamente cuándo.

—¿Qué…?

Jaha activó el segundo talismán.

Fang Zhentian atacó más fuerte — su respuesta natural después de años construyendo el Cuerpo de Hierro. Más fuerza cuando algo no encaja. Jaha no intentó absorberlo. Lo que había aprendido con Lei Kang durante meses era exactamente esto — desplazamiento corporal, mínimo movimiento, dejar que el golpe pasara por el espacio donde el cuerpo ya no estaba. El martillo pasó a dos palmos. En la extensión máxima del brazo, donde la fuerza está gastada y el cuerpo necesita un latido para reorganizarse, el Trazo Cortante encontró el costado izquierdo de Fang Zhentian.

Fang Zhentian retrocedió dos pasos. Los tatuajes de su nivel corporal seguían encendidos pero el brillo era menos uniforme — el Cuerpo de Hierro compensando daño en lugar de concentrar ataque. Después de los dos combates contra el guardián, la separación de sus secuaces, la rabia y el esfuerzo del claro, llevaba demasiado tiempo gastando más de lo que recuperaba. Jaha llevaba veinte minutos gastando casi nada.

—Siempre en el borde —dijo Jaha—. Sí. Porque desde el borde se ve todo.

Lo que siguió fue más corto de lo que Fang Zhentian esperaba. Jaha usó el sistema completo — el desplazamiento corporal de Lei Kang para esquivar sin desperdiciar energía, el Trazo Cortante encadenado con el Sello Silencioso para crear aperturas, el Dominio del Lienzo amplificando cada técnica dentro de su radio. Fang Zhentian era un rival real — lo seguía siendo incluso desgastado. Bloqueó tres de cada cinco intercambios. Pero los dos que no bloqueó eran los que Jaha había diseñado para no ser bloqueados, construidos en los instantes exactos donde la defensa tenía que compensar el golpe anterior.

El cierre fue el Trazo Cortante en el cuello — no el más potente, el más preciso. En el punto donde la esencia de Fang Zhentian estaba más delgada, en el momento en que el cuerpo intentaba reposicionarse para el siguiente ataque.

Fang Zhentian cayó.

Jaha bajó el pincel. Fang Zhentian había sido exactamente lo que esperaba — poder real, orgullo que lo cegaba, y la certeza de que la fuerza bruta podía con cualquier cosa. No había nada que lamentar ni que celebrar. Era una ecuación que se había resuelto sola desde el primer día en el Pabellón de Encargos.

Se arrodilló junto al cuerpo y puso la mano sobre el pecho.

La absorción del Dao del Cuerpo de Hierro llegó sola — cediendo de lo que había sido Fang Zhentian hacia lo que era Jaha. No fue instantánea. Duró el tiempo que tarda un trazo largo en secarse. Cuando terminó, Jaha notó la diferencia en la esencia — algo más denso, más resistente, como si las paredes de su flujo interno hubieran ganado un grosor que antes no tenían. Y debajo de eso, la segunda capa de la Forja Absoluta del Ser respondiendo a esa densidad nueva.

Cerca. Muy cerca.

Se levantó y volvió al claro.

* * *

El guardián seguía en pie, pero diferente.

Cao Feng le había abierto tres cortes en el flanco izquierdo. Ren Huo, aunque desgastado, había conseguido impactar con su técnica de velocidad dos veces en el cuello. El guardián se movía igual — la comprensión no disminuye con el daño físico — pero el qi que irradiaba tenía menos densidad que al principio. Era herido. No vencido. Pero suficientemente ocupado con lo que quedaba del grupo.

De los dieciocho que habían entrado al claro, ocho yacían en el suelo. Cuatro más estaban fuera de combate contra los árboles del borde. Los que quedaban en pie peleaban con lo que les quedaba.

Lian Yue estaba exactamente donde Jaha esperaba que estuviera — en el borde del claro opuesto al guardián, quieta, mirando el cristal con esa atención que era su Dao en acción.

Se acercó a ella.

—Es el momento —dijo.

Ella asintió sin mirarlo.

Los dos se movieron hacia el cristal mientras el claro ardía a su alrededor. Nadie los miró. El guardián tenía seis cultivadores que reclamaban su atención. Los cultivadores tenían al guardián y entre sí.

El cristal de qi primordial los recibió con esa presión que Jaha ya conocía — los meridianos moviéndose solos, el cuerpo reconociendo algo que la mente todavía estaba procesando. De cerca era diferente a como lo había visto desde el borde. Las capas internas brillaban con una cadencia que no era constante sino viva, como respiración.

El pincel respondió antes de que Jaha lo decidiera. Una vibración sutil en el mango, casi imperceptible, como algo que lleva tiempo buscando un material y de repente lo tiene a un palmo. Las cerdas se oscurecieron un tono. Jaha lo sintió en la mano y entendió — el arma también tenía hambre. Llevaba semanas trabajando con lo que tenía. Esto era otra cosa.

No podía llevarlo todo. Tomó lo que cabía en el recipiente que tenía — una fracción del cristal, arrancada con el Trazo de Ruptura (裂) en el punto donde la formación era más débil. El resto del cristal vibró al separarse, una nota que solo era audible para quien tuviera suficiente qi para escucharla.

El guardián giró la cabeza desde el centro del claro.

Sus ojos inferiores encontraron a Jaha durante un instante que fue demasiado preciso para ser casual. Por un momento Jaha tuvo la impresión de que el guardián entendía exactamente lo que estaba haciendo — no solo que tomaba el cristal, sino todo. Los tres días. Los hilos. El secuaz. La posición de apoyo que nunca había sido apoyo. Los ojos que leían el qi no mentían, y los de Jaha tampoco tenían nada que ocultar en ese instante.

Jaha sostuvo esa mirada. Guardó el fragmento. Se apartó del cristal.

El guardián volvió a los cultivadores que lo rodeaban. Eligió no perseguirlo.

Lian Yue tomó su parte — pequeña, suficiente para lo que le había prometido. Se alejó sin decir nada. Jaha hizo lo mismo en dirección opuesta.

Cuando el claro quedó atrás, el verdadero ganador de la batalla ya se había marchado.

Fin del Capítulo 34

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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