Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Soberano de las Cenizas - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. El Soberano de las Cenizas
  3. Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 — Lo que el Cuerpo Recuerda
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: Capítulo 6 — Lo que el Cuerpo Recuerda 6: Capítulo 6 — Lo que el Cuerpo Recuerda El comedor de la Qingtian Zong olía a congee de arroz y a madera vieja.

Jaha llegó el primero — hábito de años en el Clan Yeon donde madrugar era una forma de tener el mundo para uno solo antes de que el mundo se llenara de gente.

Se sirvió sin ceremonias y eligió el banco más alejado de la entrada, el que daba al jardín de entrenamiento por la ventana.

Moshi llegó cinco minutos después.

Lo hizo con tres libros bajo el brazo y la expresión de alguien que ya lleva horas despierto aunque el sol apenas asomara.

Escaneó el comedor, vio a Jaha en el banco del fondo, y fue directamente hacia él con la naturalidad de quien no considera que necesite permiso para sentarse donde quiere.

Se sentó.

Abrió uno de los libros.

Sirvió congee sin mirarlo.

Desayunaron en silencio durante un rato.

“¿Siempre lees mientras comes?” preguntó Jaha sin apartar la vista del jardín.

“¿Siempre te sientas de espaldas a la puerta?” respondió Moshi sin levantar la vista del libro.

Una pausa.

“Sí” dijo Jaha.

“Yo también” dijo Moshi.

Siguieron desayunando.

Afuera dos discípulas cruzaban el jardín hacia el área de entrenamiento.

Una de ellas miró hacia la ventana — hacia Jaha específicamente — y le sonrió con la naturalidad de quien no sabe que está sonriendo.

La otra siguió su mirada, vio lo mismo, y sonrió también.

Moshi lo vio por encima del libro.

No dijo nada.

Pero la comisura de su boca se movió levemente.

“Va a ser un problema” murmuró.

“¿El qué?” “Nada.” Jaha lo miró un momento.

Moshi ya había vuelto al libro.

Decidió no preguntar más.

* * * La sesión con Shen Kaiming empezó en el pabellón más pequeño del clan — el que usaban para evaluaciones privadas y que normalmente permanecía cerrado.

El patriarca lo esperaba sentado con una taza de té y sin ningún instrumento de entrenamiento visible.

“Siéntate.” Jaha se sentó frente a él.

El silencio duró lo suficiente para ser deliberado.

“¿Qué técnicas conoces?” No era la pregunta que Jaha había esperado.

Consideró cuánto revelar — y decidió que la verdad parcial era más segura que la mentira completa.

“Las técnicas básicas de cultivo del Sello Dual.

Algunas de nivel cuatro y cinco.” Shen Kaiming no parpadeó.

“¿De rango cuatro y cinco.” “Sí.” “¿Dónde las aprendiste?” “Las leí.” Otra pausa.

El patriarca tomó un sorbo de té.

“Las técnicas no son recetas” dijo finalmente.

“La mayoría de cultivadores comete ese error.

Aprenden los pasos y creen que eso es suficiente.

No lo es.” Se levantó y caminó hacia la ventana.

“Una técnica de rango uno en manos de alguien que entiende por qué existe puede superar a una técnica de rango cinco ejecutada sin comprensión.

El rango describe el potencial.

La comprensión determina cuánto de ese potencial alcanzas realmente.” Jaha procesó eso.

Era coherente con lo que había observado siempre en el Clan Yeon — los ancianos con técnicas simples que resultaban devastadoras, los discípulos jóvenes con técnicas avanzadas que producían resultados mediocres.

“Entonces las técnicas que conozco…” “Son herramientas que todavía no sabes usar completamente” dijo Shen Kaiming sin crueldad.

“Lo que sí tienes es algo más raro que cualquier técnica: sabes qué preguntas hacer.

La mayoría de discípulos ni siquiera llega a eso.” Se volvió a mirarlo.

“Hoy no vamos a entrenar técnicas.

Vamos a intentar algo más simple y más difícil al mismo tiempo.” * * * Simple y difícil resultó ser exactamente eso.

Shen Kaiming le pidió que circulara energía usando la técnica básica de resonancia del Sello Dual del Clan — la más fundamental, la que los niños del clan aprendían antes de cumplir diez años.

Sin objetivo de resultado.

Sin presión.

Solo circulación.

Jaha lo había intentado miles de veces.

El resultado siempre era el mismo: las dos corrientes se movían por separado, paralelas, sin tocarse.

Como dos ríos que corren en el mismo valle sin poder confluir.

Lo intentó de todas formas.

Las corrientes se movieron.

Paralelas como siempre.

Y entonces algo cambió.

No fue dramático.

No fue una explosión de energía ni una revelación súbita.

Fue más parecido a escuchar una nota musical que llevas tanto tiempo sin oír que habías olvidado que existía.

Algo dentro de él — en el espacio donde las dos corrientes deberían encontrarse y nunca lo hacían — respondió.

No era suyo.

O no era completamente suyo.

Como una mano invisible que guiaba sin forzar — el flujo de energía tomó un camino que ninguna técnica del Clan Yeon describía.

No era la resonancia estándar.

Era otra cosa.

Algo más profundo, más misterioso, imposible de nombrar con el vocabulario que conocía.

Duró tres segundos.

Jaha abrió los ojos sin saber cuándo los había cerrado.

Shen Kaiming estaba completamente inmóvil frente a él.

Mirando su cuello.

Jaha bajó la vista hacia sus manos instintivamente — nada.

Levantó la mano al cuello.

Notó el calor antes de ver nada.

Un calor específico, como tinta recién aplicada en piel viva.

En la clavícula izquierda, subiendo por el lateral del cuello, había algo.

Un trazo.

Solo uno.

Delgado como el hilo de pincel más fino, negro con un brillo interno que aparecía y desaparecía según el ángulo de la luz.

Duró tres segundos.

Desapareció.

El silencio en el pabellón tenía la textura específica de algo que acaba de cambiar sin que nadie sepa todavía cuánto.

“¿Lo sentiste?” preguntó Shen Kaiming.

Su voz era completamente normal.

Solo sus ojos no lo eran.

“Sí” dijo Jaha.

“¿Puedes repetirlo?” Jaha lo intentó.

No ocurrió nada.

“No.” El patriarca asintió despacio — no con decepción sino con algo más parecido a confirmación.

“Bien.

Por hoy es suficiente.” Terminó la sesión antes de lo previsto.

Jaha salió del pabellón sin más explicaciones.

Detrás de él, Shen Kaiming permaneció de pie mirando el espacio donde el trazo había aparecido y desaparecido.

No el espacio en el cuello de Jaha — el espacio en su propio conocimiento donde debería haber una explicación y no la había.

* * * El instructor de cuerpo se llamaba Wei Dohan y llevaba doce años en la Qingtian Zong enseñando técnicas físicas básicas a discípulos que en su mayoría preferían el cultivo espiritual y consideraban el trabajo corporal un trámite necesario pero poco glamoroso.

Cuando vio llegar al nuevo discípulo principal — el del Sello Roto que el patriarca había elegido para sorpresa de todos — preparó la secuencia más básica que tenía.

Nivel cero.

El tipo de ejercicio que hacían los niños el primer día.

No por crueldad.

Por protocolo.

Le pidió que ejecutara la secuencia.

Jaha la ejecutó.

Wei Dohan la observó en silencio.

Pidió que la repitiera.

Jaha la repitió.

El instructor cruzó los brazos.

Había algo en la forma en que ese chico se movía que no correspondía a lo que debería ser un principiante — no en la técnica, que era básica, sino en algo más fundamental.

La forma en que su cuerpo absorbía el impacto.

La posición de los pies sin que nadie se lo hubiera enseñado.

La precisión de alguien que ha sido formado durante años aunque su Sello Dual diga que no debería poder serlo.

“¿Cuánto tiempo llevas entrenando el cuerpo?” “Toda mi vida” dijo Jaha.

“¿Sin cultivar?” “Sin cultivar.” Wei Dohan lo miró durante un momento.

Después descartó la secuencia básica y sacó la de nivel dos.

Trabajaron durante una hora.

Al final el instructor estaba sudando levemente — no por el esfuerzo físico sino por el esfuerzo mental de recalibrar constantemente lo que esperaba del chico frente a él.

Cuando Jaha se fue, Wei Dohan se quedó parado en el jardín un momento más de lo necesario.

No por el nivel de entrenamiento.

Por otra cosa completamente distinta que claramente lo incomodaba y que un hombre de pocas palabras como él prefería procesar en privado.

Después de un momento sacudió la cabeza y volvió al trabajo.

Algunos problemas era mejor ignorarlos.

* * * De noche.

La Qingtian Zong dormía y Jaha tenía el cuarto para él solo y algo en su cabeza que no lo dejaba descansar.

Llevaba días con fragmentos — imágenes que no eran completamente suyas, comprensiones que llegaban a medias, la sensación de conocer algo sin saber exactamente qué ni de dónde venía.

Eran esquirlas.

Pedazos sueltos de algo que su mente no podía clasificar todavía.

Entre esos fragmentos había algo sobre materiales.

Sobre cómo ciertos minerales y hierbas interactuaban con la energía del Sello Dual cuando se combinaban de formas específicas.

Fue al depósito de la secta esa tarde con un pretexto menor.

Tomó lo que necesitaba — materiales básicos, nada que levantara sospechas, el tipo de cosas que cualquier discípulo podría pedir para prácticas ordinarias.

Ahora los tenía sobre la mesa.

Empezó.

El primer intento produjo algo que olía mal y se deshizo en sus manos.

El segundo fue mejor — produjo algo sólido que duró treinta segundos antes de perder coherencia.

“Maldita sea” murmuró en voz baja — sin pensar en cómo lo vieran los demás, porque no había nadie.

Solo él y materiales que no hacían lo que deberían.

El tercer intento tomó cuarenta minutos y produjo algo que se sostuvo.

Lo examinó.

Era pequeño — un par de pendientes de piedra oscura con una estructura interna que alguien sin el conocimiento adecuado habría clasificado como rango uno básico.

Función aparente: estabilidad leve en la concentración.

Nada impresionante para quien los mirara desde afuera.

Jaha los sostuvo en la palma.

La presencia dentro de él respondió levemente — no con aprobación exactamente, sino con algo parecido al reconocimiento silencioso de quien ve un primer paso en la dirección correcta.

Los guardó.

Mañana los probaría durante el entrenamiento.

Había algo más en los pendientes — algo que no había puesto conscientemente, algo que sus manos habían hecho mientras su mente seguía los fragmentos.

No sabía qué era.

No sabía cuándo lo descubriría.

Pero estaba ahí.

* * * El estudio del patriarca estaba en el edificio más antiguo de la Qingtian Zong, el único que tenía las paredes cubiertas de textos que habían sobrevivido a dos generaciones de patriarcas antes que él.

Shen Kaiming llevaba tres horas mirando sus notas de la sesión de la mañana.

Había escrito algo.

Lo había tachado.

Lo había vuelto a escribir con palabras diferentes que tampoco eran exactas.

El problema era que lo que había visto en el cuello de Jaha no correspondía a ningún Dao en ningún texto de su biblioteca — y su biblioteca era, para los estándares de la Qingtian Zong, considerable.

Un trazo.

Negro con brillo plateado interior.

Que apareció durante tres segundos mientras un discípulo de nivel uno intentaba una técnica básica de resonancia que técnicamente no debería poder ejecutar.

Los tatuajes del Dao no emergían así.

No en un solo trazo, no tan temprano, no de esa forma.

El proceso era gradual, simétrico, predecible una vez que conocías el Dao del cultivador.

Lo que había visto esta mañana no era predecible.

Era algo que tendría que haber precedido a meses de avance en el cultivo.

A menos que.

Shen Kaiming cerró el cuaderno.

Se levantó.

Fue hasta la estantería más alta — la que no tocaba desde hacía años porque contenía textos que había leído una vez y clasificado como interesantes pero irrelevantes para la práctica ordinaria de una secta como la suya.

Sacó un volumen delgado.

Lo abrió en una página específica que encontró sin necesitar buscarla, como si su mano la recordara sin que su mente lo hubiera pedido.

Leyó un párrafo.

Lo leyó de nuevo.

Miró la oscuridad afuera de la ventana durante un tiempo que no midió.

Tres meses había dicho.

Ahora no estaba seguro de que tres meses fueran suficientes para entender lo que tenía delante.

Ni siquiera estaba seguro de que toda su vida lo fuera.

Pero sí estaba seguro de una cosa: en décadas enseñando no había visto un talento como ese.

Y los talentos así no permanecían ocultos para siempre.

Su trabajo era asegurarse de que cuando llegara el momento, el chico estuviera listo para lo que viniera.

Fin del Capítulo 6 REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yeiler Jaha lleva días sintiendo algo que no sabe nombrar.

Hoy por primera vez dejó una marca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo