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El sueño de las estrellas - Capítulo 26

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Capítulo 26: Capítulo 26: La belleza importa.

Una semana después de la guerra todo vuelve a la normalidad, y Michelle, está con Jennifer en una cafetería de Ciudad de México —Oye, como que no me gusta que te metas eso del Miss Universo.

—No importa, ya estoy dentro, además, Dios me dio esta belleza y sería un pecado un aprovecharlo.

—Ya me imagino que estarás de quirófano en quirófano.

—Obvio que no, no los necesito, solo las feas van y quedan peor, además que puede ser peligroso.

—Sí, pero estás descuidando mucho a William, son una bonita pareja, pero alguien puede aprovechar el descuido y llevárselo.

—No creo, ya sabe que ando ocupada con las sesiones de fotos, el servicio militar y mi actividad como piloto, y además me metieron en el Calmécac.

—Pero en el Calmécac solo entran gente de familias importantes.

—¿Ya se le olvidó quienes son mis padres?

—Ah, sí, el as ex vicepresidente y la actriz, es que parece que todo lo tienes resuelto.

—Tampoco es para tanto.

—Ajá, Michelle, sé que quieres ir bien lejos y ojalá te vaya bien, ¿Pero no crees que vas demasiado rápido?

—Prefiero ir rápido que no ir. —se toma el café —Y aprovecharé mi oportunidad en Calmécac, ya que dicen que el conocimiento es poder, y necesito poder para se una heroína, pero una bastante bonita.

—Eso sí, bueno, ya me voy, tengo que ir a trabajar, luego nos vemos. —se levanta y se va

—Bye Jennifer. —se termina el café —La cuenta por favor. —le llega un mesero

—Son 48 del cappuccino que se tomó señorita.

—Está bien. —saca la billetera y le da un billete de 100 —El resto es su propina y gracias por el excelente servicio.

—Para nada, es un placer entenderle y tenga un bonito día.

—Igualmente y adiós. —se va del lugar, va en su carro cuando por el camino hay vehículos del Ejército revisando todo, se para y llega uno de los soldados —Buenos días, me pueden decir qué pasa.

—Hola Chaparra.

—¿Iñaki?

—Claro que soy yo.

—Vaya, veo que anda en el servicio militar.

—Así es, andamos checando porque nos dieron el aviso que por aquí pasaron armas, antier hubo un tiroteo en una secundaria cercana, ¿Y fuiste a la guerra?

—Sí, aunque duré un día y tuve mi primer derribo.

—¿Y eso?

—El caza sigue en el taller, y ahí estuvo durante el resto de la guerra, allá en Tannenberg.

—Eso sí que está bien cabrón, por cierto, ¿Dónde queda Tannenberg?

—Königsberg, aunque la ciudad está rodeada en todos lados por Polonia, ¿Y usted también entró?

—Nomás fui a patrullar por los cielos de la zona después del bombardeo nuclear.

—Interesante.

—¿Y ahora qué tramas?

—Nada, ¿Por qué?

—Si ya te conozco, sé que quieres hacer algo.

—Nada importante, participaré en Miss Universo y luego entraré al Calmécac.

—Miss Universo… mmm, me gusta la idea, me avisas cuando es pa’ darte porras.

—Está bien, será el próximo noviembre, y con sus porras me ayudará en la competencia.

—Bueno, ve para allá donde está el escáner.

—Ya voy oficial. —va y lo pasa, no hay nada raro y la dejan ir —Adiós Iñaki.

—Chao Chaparra. —tras un rato, el carro de Michelle llega a la casa de sus padres, se estaciona en frente y baja, ahí sale su mamá por ella

—Ya me enteré que entrarás al Miss Universo.

—Así es mamá, creo que no sería una mala idea participar.

—Como no, si Doña Esther siempre dijo que te irá bien.

—Seguramente estará feliz con la noticia, ya me imagino preparando algunos vestidos para el concurso. —se abrazan

—Creo que es mejor prepararme para el evento, ¿Y papá?

—Anda con sus amigos, ya sabes cómo es, se pasa horas platicando.

—Ya me imagino. —se sueltan y comienzan a entrar a la casa —Siento nervios por lo que pasará en el concurso y en el Calmécac.

—Es normal, también sentí nervios cuando entré por primera vez, pero con el tiempo se pasa, solo es cuestión de tener confianza y todo estará bien. —llegan a la sala y se sientan en el sofá

—Entonces, la confianza es clave.

—Así es, aunque la gente juzgue como siempre, solo tiene que hacerlo.

—Entonces. —se para y hace una pose —Podré ganarlo.

—Esa es la actitud, mi niña. —sonríe, luego entran en risa y su hija vuelve a sentarse —Y siempre estaré ahí para apoyarte, desde que llegaste eres el Sol de mi vida.

—Mamá, siempre dice lo mismo. —se recuesta sobre el regazo de su madre

—Y lo seguiré diciendo porque así son las cosas. —le acaricia la frente —Parece que aún fue ayer cuando apareciste en esa caja.

—Mamá.

—¿Qué? Si eras la cosita más adorable que vi en mi vida, aún recuerdo que sonreíste cuando me viste por primera. —ve que sonríe, la puerta se abre y entran Cuauhtémoc, Xavier, Moctezuma y Carolina

—Perdón por interrumpir. —dice Cuauhtémoc

—¿No creen que ella es demasiada grande para estas cosas? —Carolina ve la escena y hace muecas

—Parece que anda más gruñona que de costumbre. —Michelle voltea tras escucharla, Xavier se ríe, su esposa voltea con furia y él se calla, ve a Michelle

—¿Con te crees muy chistosita?

—Es que odio cuando se mete una víbora venenosa en la casa.

—Michelle, no le falte el respeto a mi mamá.

—Ya, ya Moctezuma, es que estaba bien a gusto hasta que ella apareció por aquí. —ella se levanta del regazo y se para, los tres hacen muecas, parece una guerra fría de dos contra uno cuando Cuauhtémoc interviene

—Ahorita no es momento para discusiones, la cena está lista, todos a comer algo y a relajarnos.

—Ja, mejor cenemos y no hacerle caso a esa ramera. —Carolina voltea con su típica arrogancia, recibe una patada furiosa por la espalda por parte de Michelle que la tira hacia la pared, se estrella de cara partiéndose la madre, todos se quedan viendo del shock, ella se levanta con algo de sangre en la cara

—Mejor dile ramera a su abuela. —tras decirlo con aire de una victoria suprema simplemente se va al comedor y se sienta en su lugar, por unos minutos el silencio se siente pesado, Carolina saca su celular y se mira al través de la cámara, nota un chipote en la frente

—¡Maldita sea, ahora sí voy a matarla!

—Emm, prefiero conservar mi integridad física. —Moctezuma tiembla como gelatina en terremoto, y sin embargo se va al comedor

—Estoy totalmente de acuerdo, hijo. —Xavier hace exactamente lo mismo, luego Cuauhtémoc también se va, y Ximena, simplemente se acerca a la víctima de su hija y le dice al oído

—Nadie le falta el respeto a mi hija en mi presencia.

—Como quieras. —ve que ella se va con los demás, la cena está sobre la mesa, son tamales rojos en hoja de plátano, antes de que todos den el primer bocado, Ximena le habla a su hija

—Mi niña, sé que ella te faltó el respeto, pero fue innecesario golpearla.

—Mamá, esa bruja ya me tiene harta, hacía tiempo que le tenía ganas, y aproveché la oportunidad.

—Entiendo que te caiga mal, pero, es mejor usar el diálogo en lugar de pelearte con ella, está bien que te defiendas, pero eso que hiciste hace rato, estuvo mal.

—Mamá.

—Tu mamá tiene razón, es mejor la diplomacia en lugar de la guerra.

—Ah, supe que vas a entrar al Calmécac. —Xavier entra en la conversación

—Así es. —ella procede a dar un bocado

—Bueno, pues mi hijo también entrará.

—¿En serio, en qué salón?

—Me tocó en 1ºD. —Moctezuma lo dice con tranquilidad, pero Michelle casi se atraganta tras escucharlo

—¿Cómo que iremos en el mismo salón?

—Vaya coincidencia, espero que no hayan peleas, ya que dicen que los iztacs deben tener una disciplina muy estricta.

—Así es Xavier, son más estrictos que el Ejército, son diez años sin internet, sin dinero y entre otras cosas más, y para todo tienen que pedir permiso, escuché que ahí tienen una dratza, pero sin el permiso no entras y punto. —Cuauhtémoc muerde el tamal —Me lo contó Gerardo, padre del vato que hizo el show de la foto cuando se separó de mi hija.

—Vaya, aunque no tuvimos la oportunidad de ir, es un honor que nuestros hijos vayan, me pregunto qué enseñará.

—La mayoría de las materias son interesantes, pero no entiendo porque pierden el tiempo con filosofía. —Michelle termina de cenar

—¿En serio dan filosofía?

—Pues en la cartilla de solicitud dice, doctor. —ella se lleva su plato al lavado

—Diez largos años en Patztlaniz, creo que extrañaré trabajar en el hospital. —Moctezuma ve al techo mientras que su madre llega y se sienta a su lado, Michelle regresa a su lugar

—¿De qué me perdí?

—De nada, solo reflexiono sobre el tiempo en el Calmécac, ¿Y qué planeas?

—Antes de entrar, primero venderé ese carrito porque ya no me sirve, y me consigo una troca grande para llevar de todo, luego prepararme para el concurso y participar.

—Interesante, todo este tiempo estaré ocupado en el hospital, espero no volverme loco estando encerrado en ese institución.

—Y a ver sino empieza otro desmadre en todo este tiempo antes que entren. —dice Cuauhtémoc

—Papá, no creo que suceda nada interesante.

—Por cierto, ¿Quién fue a la guerra?

—Nomás fui yo.

—¿Tú solita Michelle?

—Así es, Moctezuma, y tuve mi primer derribo.

—Me imagino que fue peligroso, no me quiero imaginar lo que es matar a alguien.

—No murió, simplemente se aventó en paracaídas cuando destruí su caza, pasé al lado y vi que estaba bien nervioso.

—¿No pensaste lo que sentiste en aquel momento?

—Solo pensé en salir viva de ahí… y además, sentía que tanto estrés que no pude ver al otro caza que iba tras mí, se sentía como si todo estuviera en cámara ultra lenta.

—Interesante, no tendré tanto acción como francotirador.

—Lo sé, sino pregúntale a mi mamá.

—¿En serio?

—Así es Moctezuma, solo es estar quieta esperando al próximo y que no te vean.

—¿Y cuando llena señora Aragón?

—15.

—Bueno, mamá, papá, doctor Xavier, Moctezuma y doña brujas, ya me regreso a Aztlán. — se levanta de la silla y comienza a irse —Luego nos vemos.

—Adiós. —todos lo dicen a excepción de Carolina, Michelle se sube a su carro y se va, después de un largo viaje de 5 días finalmente llega, se pasea por Côte d’Azur hasta llegar a su departamento, en la puerta escucha ruidos extraños, parecen risas y gemidos

—¿Qué estará pasando? —abre la puerta, una vez dentro recorre la sala, hay un brassier rosa en el sofá, lo agarra y lo analiza al detalle —Esto no me queda, es bastante pequeño para mi…

—¡Ahí no! —es una voz de mujer

—¿Ahora qué? —va corriendo directamente a su habitación, abre la puerta con fuerza y ahí están los dos —¿Con qué mucha diversión, verdad?

—Michelle, amor, no es lo que crees.

—Ah, sí, ¿Y esa vieja qué hace aquí?

—Hola, me llamo Karla Hernández Gómez. —la amante extiende la mano completamente desnuda

—Fuera de mi casa.

—Pero déjame ponerme mi ropa.

—No me interesa, fuera de aquí o la saco por la ventana. —le da un puñetazo en la cara

—Michelle, por favor cálmate.

—No lo haré hasta que ponga esas patas en la calle para volver nunca, y no pienso negociar. —tiene los puños listos y la amante se sale corriendo con una camisa grande que casi tapa todo olvidándose de sus cosas

—¿Qué quería que hiciera si nunca tienes tiempo para estar conmigo? Si siempre estás ocupada con mil cosas.

—¿Y?

—Es que…

—Es que nada, no quiero que esté aquí, así que para afuera.

—Pero esta es mi casa.

—Ja, si todo aquí está en mi nombre, entonces para afuera.

—Pero… —recibe un puñetazo fuerte como si fuera la patada de un elefante, luego recibe otro en el abdomen que lo dobla

—Se sale de una vez o lo saco como bolsa de basura.

—Por favor, déjame explicarte… —es agarrado por el brazo y arrastrado hasta la salida, termina afuera, se levanta —Por favor… —la puerta se cierra tan fuerte que resuena por todo el edificio

—¡Fuera de aquí! —los vecinos se quedan viendo, sale del edificio y que ella avienta sus cosas desde el balcón, solo le queda recogerlos en la calle e irse con la cola entre las patas, Michelle se encierra en la habitación —Maldito perro traidor, ojalá se vaya al infierno. —se tira en la cama —Me lleva el Diablo. —de sus ojos comienzan a salir lágrimas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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