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El Trono de las Bestias - Capítulo 56

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Capítulo 56: Capítulo 55: Deseo parte 3.

Capítulo 55: Deseo parte 3.

Durante la gran guerra, múltiples facciones lucharon entre sí, todas buscando conquistar cada uno de los continentes descubiertos y someter a las otras bajo su poder.

La inquisición del alba eclipsada, formada a través de la alianza de 3 iglesias distintas, no tuvo rival. Al nacer la inquisición, aplastaron a grupos enteros y erradicaron bandos sin dejar rastro alguno.

Continuaron ganando batalla tras batalla. De haber continuado sin ningún otro bando capaz de hacerles frente, estos hubieran conquistado todas las cordilleras enteras.

Por lo menos hasta el nacimiento de la resistencia.

Creada a partir de la alianza de los antiguos señores de la guerra, quienes habían logrado sobrevivir al primer asedio de la inquisición, fue la facción con una fuerza equiparable a la poderosa iglesia.

Poseyendo al caballero negro, ambas facciones se destruyeron la una a la otra durante cientos de años.

La destrucción fue tal que, a fin de conservar parte de la tierra que aún existía, decidieron hacer una tregua.

Recolta fue el epicentro de la santa sede de la cosecha, siendo el bando que durante la gran guerra logró conquistar más territorio. Sin embargo, como consecuencia de la tregua acordada, se vieron obligados a retirarse e instaurar su santa sede en los límites este del continente, dividiéndolo en 2 fragmentos.

Recolta del este y Recolta del oeste; con el tiempo, la gente empezó a llamar Recolta del oeste simplemente Recolta, al este lo bautizaron como la santa sede de la cosecha.

Daenerys, aunque era alguien ignorante hasta cierto punto, conocía lo básico de la historia, creciendo con las leyendas e historias que sus tíos le contaron años atrás.

—Esto significa que…

Si el interior del almacén contenía objetos o artefactos utilizados por la resistencia, su valor sería aún mayor al esperado.

Los artefactos utilizados por la resistencia debieron tratarse de objetos formados con materiales que hoy en día debían estar prohibidos o restringidos por la misma iglesia.

Daenerys observó a sus compañeros; estos se acercaron a la estatua del gran caballero negro en búsqueda de analizarla. Ciertamente se había construido en roca profunda y, aunque por sí misma la estatua poseía un costo probablemente incalculable, resultó lo suficientemente grande y pesada como para no poder llevársela.

—Bela—. Llamó Daenerys—. Tú me acompañarás a investigar, tenemos que encontrar una salida o algún artefacto lo suficientemente valioso como para podernos ir.

Aunque la codicia se encontraba bien arraigada en su corazón, no pudo permitirse dejarse llevar por ella; no tenían el tiempo ni los medios para llevarse algo demasiado valioso o importante.

Bela asintió, decidiendo continuar explorando junto con ella.

Sus pasos las guiaron hasta los límites de la habitación tras caminar varios minutos; pilares rocosos parecían sostener la estructura. En estos, grabados antiguos parecieron haber decorado el lugar, sin embargo ahora, 1,500 años después, solo eran pequeños fragmentos de lo que alguna vez fue una estructura.

El sitio pareció extenderse varias decenas de metros hasta mostrar un cambio relevante. En contraste con las estructuras cerradas a las que se estaban acostumbrando, el almacén pareció no tener ninguna habitación que se separase por sí misma, sino que, en su lugar, resultaba extenso y sin paredes.

«Aunque quizá llamarle almacén sea incierto, considerando aquella estatua, parece ser más un sitio simbólico.»

El sitio finalmente pareció alterarse. Daenerys pudo vislumbrar algo a lo lejos; buscando alguna confirmación, observó en dirección a Bela, la cual pareció entornar sus ojos en dirección a aquello lejano.

—Es otra estatua…— comentó, pareciendo algo incierta de sus propias palabras.

Daenerys frunció el ceño. ¿Otra estatua? Esperó para confirmar si era todo lo que Bela había visto y aquel pareció ser el caso.

¿Quizá se habían equivocado? No, debía haber algo más que simples estatuas en aquel sitio, aunque fuese una mísera pieza de estructura lo suficientemente intacta para ser vendida como una rareza.

Ella avanzó, alumbrando la estatua. Esta expuso un cuerpo menos grueso y robusto, con una altura significativa, inclusive mayor a la del infame caballero negro. Vestía túnicas y en una de sus manos poseía un libro; había sido labrada en piedra de montaña, grisácea, acompañada de una sensación gélida en sí misma.

Además de la estatua, no pareció haber rastro de algún conducto u objeto cercano, y por sí misma presentaba las mismas dificultades que la anterior.

«Solo espero que esto haya valido la pena.» pensó, cada vez más insegura de si sus actos y los sacrificios que había hecho por ellos valieron realmente la pena.

…

Silencio.

El único maldito problema.

Beltrán llevó varios minutos abrumado por la presión que le rodeaba. Si sus sentidos no fallaban, los cosechadores permanecían de pie, totalmente quietos, a excepción de un momento en el que parecieron cargar sus ballestas.

Sin embargo, había pasado casi un minuto y medio desde aquello.

«¿Qué estarán esperando?»

Llegados a un punto muerto, donde Beltrán no creyó ser capaz de emboscarlos o sorprenderlos por segunda vez, y ellos comprobando una verdad:

La impotencia de Beltrán.

Con uno de sus miembros desaparecido, la mente de Beltrán empezaba a impacientarse. No podía quedarse ahí toda la vida, pero salir era igual de riesgoso que permanecer.

Su instinto se encontró con su razonamiento, quedando ambas partes neutralizadas.

Usualmente la situación lo arrastraba a moverse, pensar y actuar tan pronto como fuese posible.

Pero en aquel momento, su desesperación aumentaba con cada segundo que pasaba.

Su cuerpo posó un poco más de peso sobre la pared rocosa, haciendo que un guijarro suelto cayese, chapoteando suavemente.

Crack.

El ruido de una saeta impactándose contra la piedra y desmoronándola levemente fue audible para todos los presentes en aquella zona del alcantarillado.

«Lo sabía, están esperando a que actúe o haga cualquier movimiento.»

Con dos cosechadores al pendiente de cualquier ruido y con ballestas cargadas, Beltrán no tenía la opción de moverse.

Incluso pareció que estos se habían coordinado para que solo uno disparara al mínimo ruido.

Lo peor era que Beltrán no supo cuánto más podía mantener esa situación.

Su mente lo empujaba cada vez más a moverse, probablemente incitado por el alba dorada.

Había sospechado que su mente y últimos pensamientos se encontraban siendo algo imprudentes o al límite.

El alba dorada nunca fue clasificada como un peligro absoluto, porque a fin de cuentas solo incrementaba el deseo que ya poseía la gente. La mayoría de la población no cometía delitos ni llevaba a cabo actos que mereciesen un castigo; solo se les instaba a mantenerse resguardados durante su duración.

Quizá porque poseía una clase como mago, o solo por estar consciente de ello, Beltrán creyó que había logrado mantener el hilo de raciocinio.

Aunque ahora se estaba sumiendo en desesperación.

«¿Por qué mierda terminé así? Pude haber dejado a la gente en esa plaza.» Beltrán se cuestionó sus propias acciones.

Le hubiese gustado decir que el alba le afectó o que, lejos de sus razones lógicas, realmente no le quedó de otra más que actuar.

Pero se estaría mintiendo a sí mismo.

Aún ahora, recordaba a aquella gente.

Recordaba sus rostros.

Desesperados porque algo los ayudara.

Como él durante la academia.

Eran presas, a punto de ser condenadas por la ley de la vida.

Quizá en parte sus sentimientos egoístas tuvieron que ver. No era un héroe ni mucho menos un salvador. Solo estaba cansado de ver y nunca tomar una decisión en base a sus deseos.

Ahora pagaba la consecuencia de sus actos.

Reducido a aquella clase de batalla psicológica, Beltrán se encontraba perdiéndola, o por lo menos eso creyó al no verlos actuar.

Muchos rumores circularon en relación a la plaga verde; algunos decían que se trataba de un virus o enfermedad de orígenes arcanos que transformaba en una clase de siervos hasta la muerte a cada seguidor.

Sus almas, putrefactas por la adoración, siendo su reflejo el claro estado de sus cuerpos físicos.

Por un instante, Beltrán creyó que realmente lo eran. No parecían cansarse y, a menos que sus cuerpos fuesen lesionados de gran manera, no parecían ceder ante ninguna herida.

Poseían una fuerza de temer y sus articulaciones eran lo suficientemente rígidas y flexibles como para no envidiarle nada a cualquier cuerpo funcional.

No parecían flaquear ante nada.

.

.

.

«Ante nada…»

Beltrán guardó silencio.

Y por primera vez en esa persecución, su mente e instinto se alinearon.

¿Cómo había podido ser tan ciego?

La respuesta estaba justo delante suyo todo aquel tiempo.

…

—Esta es la cuarta estatua que nos topamos. Y parece que llegamos a la esquina del sitio—. Dijo Bela, notándose más frustrada.

Su recorrido las llevó hasta el aparente final del lugar; en el trayecto, ambas jóvenes se encontraron con estatuas variadas, además de la del aparente mago y la del caballero negro.

Al fondo, y casi finalizando su recorrido, dos estatuas se dejaron ver.

Una poseía un cuerpo femenino esbelto, sus rasgos se asemejaban a los de un elfo, pero aún más finos, y vestía ropas de cuero junto con sedas llamativas.

La otra era una estatua del mismo estilo más salvaje: un hombre de cuerpo grande y robusto, el cual vestía con pieles de animales; parecía un humano, careciendo de armas más allá de sus propias manos.

Daenerys empezó a considerar que aquel sitio parecía más una clase de altar de adoración que un simple almacén. Las estatuas parecían estar hechas por artesanos expertos y, además de estas, el lugar parecía completamente vacío.

Siguieron el camino que llevaba hacia el lado faltante del sitio.

Sin muchas esperanzas, Daenerys captó algo que hizo que sus pupilas se dilataran.

—Es un túnel…

Labrado de un material distinto, con un patrón complejo que había perdurado durante todos aquellos cientos de años, un túnel se presentó delante suyo. Era enorme, del suficiente tamaño para que un carruaje entero pudiese pasar sin tener dificultades por el espacio.

Al acercarse, Daenerys observó cómo el túnel continuaba, dejando entrever al fondo una leve luz débil.

¿Luz?

—Eso que está al fondo parece ser una linterna.

Bela habló, estando a su costado; estuvo claro que fue capaz de observar mucho más de lo que Daenerys normalmente podía.

—Eso no tiene sentido; una linterna no pudo haber sobrevivido tanto tiempo.

Debido al estado del túnel, no parecía que alguien, además de ellas, hubiese pisado su interior aunque fuese una sola vez en por lo menos 100 años.

Bela no pareció tener palabras para explicarlo.

Fijándose en más detalle, aquella luz no poseía un color común; aunque era posible obtener linternas con colores singulares al utilizar combustible alquímico, algo en esta misma parecía encontrarse mal.

Sin mucho que agregar, y guiadas por su curiosidad, ambas chicas avanzaron, topándose con una gran reja.

Como el portón de una vivienda, la puerta de reja —igual de grande que el túnel— les impidió acercarse más. Esta misma poseía un extraño patrón.

Al costado del túnel, una secuencia de símbolos, rayas y formas se dejó apreciar. Era distinta al patrón; estos no se repetían con una secuencia simple o sencilla, sin simetría o alguna forma clara de descubrir su auténtica naturaleza.

—Genial, mal momento para no saber leer.

Daenerys reconoció lo que parecía ser un lenguaje, aunque no parecía tratarse de krathámico, el cual por lo menos podría entender en parte; y aun si lo fuese, ninguno de los suyos hubiese sido capaz de leerlo completamente.

Los gemelos, Jozh y Valar, eran los únicos capaces de leer; sin embargo, su educación se había limitado mucho a la alquimia. Podían leer y reconocer elementos básicos, pero textos extensos nunca habían sido su fuerte.

Daenerys suspiró; una pequeña nube de vapor emergió de su boca, consecuencia del descenso de temperatura en el sitio.

Aunque acostumbrados al frío, eso no significaba que le gustara permanecer en una zona gélida como aquella.

Daenerys alzó la cabeza, dejando que su mente viajara junto con sus pensamientos.

Aún quedaba una zona por explorar; sin embargo, en caso de no hallar ninguna pista sobre objetos o salidas relevantes…

Estarían muertos.

Ya fuesen los guardias o la propia cosecha, lo que les esperaría como mínimo sería ser colgados. Ella había apuñalado y lastimado a un guardia, además de que, con sus actos, habían faltado al respeto de la iglesia de la cosecha.

Observando la pequeña nube de vapor alzarse, Daenerys reflexionó.

¿Acaso este era el deseo de todos?

¿O solo los había arrastrado con ella?

—Daenerys, ¿estás bien?

Bela preguntó por detrás mientras se acercaba a ella.

No contestó por un instante; su mirada pareció mantenerse fija en la nada.

Por un momento, Bela esperó una respuesta; sin embargo, no pareció haberla. Cuando se cuestionó si debía preguntar de nuevo, los ojos de Daenerys se llenaron de audacia nuevamente.

—¡Eso es!

Bela observó a Daenerys abrir su linterna, alzando la rejilla caliente con cuidado; los gases salieron, alzándose como una pequeña nube de humo hasta el techo.

Bela no entendió su actuar, preguntándose si quizá Daenerys había perdido un poco la cabeza.

—¿Qué cosa es qué? No te estoy entendiendo.

Con fuerzas renovadas, Daenerys la tomó por los hombros, sonriéndole con los dientes, algo poco usual en ella.

—¡La salida! Y probablemente la razón del por qué no hemos encontrado nada. Asumimos que este es el final, pero solo es el inicio.

—¡Todo está arriba nuestra!

Entonces Bela siguió la mirada de Daenerys, justo arriba de ellas.

Ahí, fue cuando logró observarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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