El Último Portador - Capítulo 46
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Capítulo 46: El Abismo de los Cinco Mil Años
El viento en la Base Naval de Anadyer no solo arrastraba nieve; transportaba una premonición de ruptura.
Mikhail caminaba por la cubierta del Varyag. El casco, cubierto de placas oscuras y sellos antiguos, vibraba con una actividad contenida que no necesitaba ruido para imponerse. A su paso, los soldados mantenían formación. Nadie hablaba.
El puente no era el mismo.
—Estado —ordenó sin detenerse.
—Armamento al máximo —respondió Irina—. Sellos activos. Sin inestabilidad.
Mikhail asintió levemente.
—¿La flota?
—En proceso. Los segundos al mando ya están en sus puestos.
Una pausa breve.
Suficiente.
Entraron al puente.
Las pantallas no mostraban blancos definidos. Solo interrupciones, lecturas que aparecían y desaparecían antes de fijarse.
—Lectura —dijo Mikhail.
Irina cerró los ojos un instante. El brillo en sus pupilas aumentó apenas.
—Hay presencia —dijo—. No se mantiene bajo los parámetros. Entra y sale del marco.
—Distancia.
—Variable.
Abrió los ojos.
—Pero vienen en línea.
Mikhail miró al frente.
El horizonte estaba limpio… hasta que dejó de estarlo.
No fue una silueta.Fue una distorsión que no encajaba con el resto del mar.
—Integración completa —ordenó—. Atlas no basta.
—Transmitiendo.
Los sistemas comenzaron a solaparse. Lectura técnica. Lectura rúnica. Interferencias cruzadas.
—Artillería lista.
—Saturación de zona —dijo Mikhail—. No busquen impacto.
Las compuertas del Varyag se abrieron con un sonido grave. A lo largo de la línea, otras naves replicaron el movimiento.
Del otro lado, no hubo ajuste.
Las formaciones avanzaban sin variación.Sin dispersión.Sin ocultarse.
—Formación cerrada —dijo Irina—. Núcleo protegido. Avance directo.
Mikhail no apartó la vista.
—Mantienen trayectoria.
El primer disparo rompió la tensión.
No fue dirigido a un punto concreto.Fue una apertura sobre el agua.
Las detonaciones levantaron vapor y fracturas de hielo que se expandieron en anillos irregulares. Durante instantes breves, algunas estructuras se hicieron visibles dentro de esa distorsión.
—Ahora.
Las siguientes descargas fueron más precisas.
Algunos impactos encontraron superficie.
Otros atravesaron sin efecto.
La respuesta llegó sin aviso.
Una sección completa de una nave lateral desapareció.No explosión.No fuego.Solo ausencia.
El canal abierto se llenó de estática.
—El patrón no es constante —dijo Irina—. Cada impacto cambia la lectura.
—Ajusta sobre variación.
Los datos comenzaron a redistribuirse.
Otra descarga humana logró forzar una deformación visible en una de las estructuras enemigas. No colapsó. Pero dejó de ser estable durante un instante.
—Se fijó —dijo un operador.
—Por un momento —respondió Mikhail.
El avance no se detuvo.
—No reducen velocidad —dijo Irina.
—No la necesitan.
El intercambio se volvió más cerrado.
Lecturas incompletas.Impactos parciales.Daño en ambos lados.
—Hay ventanas —añadió ella—. Cuando cruzan zonas alteradas, la lectura mejora… y se pierde.
—Trabaja sobre esas ventanas.
El margen de reacción aumentó… apenas.
No era suficiente.
La marca en el brazo de Mikhail vibró.
El frío descendió sin aviso.
—Barrera de Escarcha Absoluta.
La orden recorrió la flota.
No hubo muro visible.El cambio fue más profundo.
El agua perdió movimiento.El aire se volvió pesado.El entorno comenzó a endurecerse.
—Propagación rápida —dijo Irina.
Las formaciones enemigas entraron en la zona.
Se deformaron.
No se detuvieron.
—Están atravesando.
Mikhail no respondió.
No hacía falta.
El combate continuó dentro del fenómeno.
Una nave Sevianko perdió la proa.Otra estructura enemiga quedó expuesta el tiempo suficiente para recibir múltiples impactos.
Nadie dominaba.
Nadie cedía.
—La lectura mejora cuando fuerzan la zona fría —dijo Irina—. Pero no se mantiene.
—No necesitamos que se mantenga.
Mikhail avanzó hacia la sección frontal.
El metal crujió bajo sus pasos.
—Si lo haces ahora, perdemos lectura —dijo ella.
—Ya no es prioridad.
El aire descendió aún más.
Entonces apareció.
El Tigre Siberiano emergió sobre el mar como una masa de luz y escarcha que no buscaba forma perfecta. Solo presencia.
El rugido atravesó sistemas y superficie al mismo tiempo.
Las lecturas colapsaron.La fase enemiga osciló.
Por un instante, todo se sostuvo en el mismo plano.
Las estructuras quedaron visibles.
No claras.Pero presentes.
—Ahora.
Las baterías dispararon.
Impactos directos.
Deformación real.
La respuesta fue inmediata.
El instante se rompió.
El avance continuó.
Más presión.Más colisión.
El Varyag absorbió el primer golpe directo sin perder posición. A su alrededor, la línea se cerró.
No había lectura completa.
No había control.
Solo continuidad.
Sostener.
No ceder.
Y mientras el rugido aún vibraba en el aire, Mikhail mantuvo la mirada al frente.
No porque entendiera lo que tenía delante.
Sino porque no había otra opción.
Avanzaban.
Y eso era suficiente.
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