El Último Portador - Capítulo 49
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 49: El arribo a las costas americanas
El viento del Pacífico golpeaba la costa de Chiapas con una fuerza que no correspondía a la estación. No era un temporal. Era presión.
En los acantilados de Puerto Chiapas, la mansión de la familia Aguilar dominaba la línea de costa. Muros antiguos recorrían el perímetro como venas luminosas. Dentro de ellos, un sistema de seguridad preparado para activarse al primer indicio de un ataque.
Victoria Aguilar sintió un pulso de energía antes que los sensores.
La marca en su antebrazo, un águila con las alas extendidas.
Vibró con un ritmo que no había sentido nunca.
—Padre… —dijo sin girarse—. Creo que ya están cerca de aquí.
Alexander Aguilar, que estaba a su lado con el traje de combate activo, respondió:
—Así es. Atlas lo acaba de confirmar.
Victoria clavó la mirada en el horizonte.
—Entonces nosotros seremos los primeros.
Un operador irrumpió desde el interior.
—¡Tenemos contacto satelital! ¡Múltiples distorsiones!
Y todos avanzan directamente hacia nuestras costas. Se espera que lleguen en unas cinco horas aproximadamente.
Se han detectado cuarenta firmas de energía, pero hay algo extraño: se están comenzando a dividir en dos grupos.
Puente de mando — Unidad Treiken (Frente Norte)
Morvak Hale observaba la proyección táctica.
—Objetivo principal identificado. Los sondeos muestran instalaciones con una gran cantidad de energía y defensas activas —informó un operador—. Lecturas energéticas en aumento. Barreras de tipo blindado. Seguro estas instalaciones son de gran importancia para los traidores.
Morvak inclinó la cabeza levemente.
—Bien.
—No rompan la formación. Seguiremos avanzando en esta misma dirección.
—¿Confirmar objetivos secundarios? —preguntó uno de los oficiales que monitoreaba los mapas orográficos de la costa.
—Aún no. De momento mantengámonos concentrados en esta pequeña base.
Miró la costa.
—¡Quiero medir su capacidad antes de atacarlos!
Costa de Chiapas — México
Las alarmas se activaron en toda la propiedad.
Torretas emergieron desde los acantilados. Plataformas ocultas en la selva liberaron cazas. Líneas de energía mágica se encendieron bajo tierra, formando un entramado defensivo que se extendía más allá de cinco kilómetros a lo largo de la costa.
Victoria, que se encontraba en la sala de comunicaciones, se dirigió a todos los agentes de la familia.
—Hermanos combatientes en posición. Hoy ha llegado el día que nuestros antepasados temían. Estoy segura de que todos crecimos escuchando las historias de lo cruel que fue la guerra de hace cinco mil años, de la cantidad de vidas que se perdieron para poder encerrar a los Kartnod. Sé que muchos de ustedes, al igual que yo en este momento, se sienten temerosos, pero quiero que recuerden que ellos no son dioses. Ya fueron vencidos una vez, así que nosotros podremos con ellos. Vamos a luchar para defender nuestra tierra y a todos los inocentes que han vivido estos cinco mil años en completa tranquilidad.
Así que todos a sus puestos y den todo. Ahora que ya se sabe a dónde se dirige la flota de los Kartnod, las familias de los Estados Unidos ya enviaron refuerzos, junto con las de Canadá, así que juntos derrotaremos a la flota de los Kartnod en nuestras costas.
Todos a sus estaciones y estén listos para entrar en combate en cualquier momento.
Las miradas de todos se cruzaron. Una gran energía se sintió en cada una de las estaciones de combate; el sello de poder había sido liberado.
—Mantengan las líneas. Prioridad: comunicaciones y núcleo de energía.
Victoria lo miró.
—Gran discurso. Los motivaste. Todos son grandes hombres y mujeres, pero soy consciente de a lo que nos enfrentamos.
En ese momento todavía no habían sido informados de que la base Sevienko había sido destruida.
Mientras tanto en la Mansión Orleans — Francia
El mapa mostraba el Pacífico con interferencias constantes.
—No han atacado —dijo Sophie—, pero siguen avanzando.
Noah observaba en silencio.
El pulso en su espalda era irregular.
—Están probando —murmuró.
Eleonor entró a la sala, ya más tranquila y estable.
—¿Qué está pasando? —preguntó.
—México. Unas veinte naves de los Kartnod están por atacar sus costas.
Base de Atlas — Petropavlovsk-Kamchatsky (Rusia)
Los sobrevivientes de las fuerzas de la familia Sevienko fueron trasladados a una pequeña base de montaña y enviados en aviones médicos a una de las bases de Atlas para ser tratados médicamente.
Irina se encontraba recostada en una cama. En sus manos sostenía una tableta que proyectaba imágenes satelitales y recibía, al mismo tiempo, informes de lo que estaba ocurriendo al otro lado del planeta.
Océano Índico — Flota principal Kartnod
Kaisel observaba las proyecciones ecográficas que mostraban el estado de las demás naves.
Uno de los oficiales lo interrumpió:
—Informe, señor: la flota Sevienko fue eliminada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com