EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 1
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1: EL INÚTIL DE LA LEGIÓN 1: EL INÚTIL DE LA LEGIÓN CAPÍTULO 1: EL INÚTIL DE LA LEGIÓN El sol de tres colores de la Colonia Gamma 7 iluminaba el patio de entrenamiento con un resplandor amarillo-verdoso.
Kael Valerius sostenía su rifle de plasma con las manos entumecidas, mirando cómo sus compañeros de la Legión Terrestre mostraban sus habilidades con una fluidez que él nunca alcanzaría.
—¡Valerius!
¿Otra vez mirando al espacio como si esperaras que caiga un milagro?
—gritó Teniente Riker, su voz resonando por el cemento pulido.
Todos los soldados se giraron para mirarlo, algunos con sonrisas de burla, otros con indiferencia.
Kael apretó el gatillo del arma.
No disparó.
No tenía por qué: su cuerpo no respondía a los comandos del Sistema de Combate Universal que todos los demás llevaban implantados en la nuca.
Mientras los demás veían datos, estadísticas y recomendaciones en su visión, él solo veía el objetivo frío y silencioso.
—Lo siento, teniente —murmuró, bajando la mirada.
—¿Lo siento?
—Riker se acercó hasta estar a un paso de él, su sistema proyectaba un resplandor azul claro alrededor del cuello—.
La Legión no necesita soldados que solo se disculpan.
Tú deberías haber sido dado de baja hace meses, pero el Comandante tuvo piedad de ti.
Dime, ¿cuándo vas a aceptar que no eres más que un lastre?
Los murmullos se escucharon entre los soldados.
“Inútil”, “El único sin sistema”, “No entiendo por qué sigue aquí”.
Kael conocía cada una de esas frases de memoria.
Había cumplido veinte años la semana pasada, y desde los catorce había intentado activar algún tipo de conexión con el sistema —sin éxito.
Su padre había sido un héroe de la Legión, muerto en la Batalla de la Nebulosa de Andrómeda.
Había dejado un legado de honor y una esperanza: que su hijo heredaría su sistema de alto nivel.
Pero la realidad fue diferente: los médicos dijeron que su cerebro no era compatible con ninguna implantación.
Un caso único en la historia registrada.
—¡Formación!
—gritó Riker, interrumpiendo sus pensamientos—.
Recibimos una orden directa del Alto Mando.
Hay informes de actividad anómala en el Sector 14, cerca del viejo cuartel abandonado.
Se trata de una misión de reconocimiento —hizo una pausa y miró a Kael con una sonrisa maliciosa—.
Valerius, tú irás con ellos.
Necesitas aprender lo que significa estar en una misión real.
Kael sintió cómo se tensaba su estómago.
El Sector 14 era conocido por los rumores de criaturas desconocidas, cosas que los sistemas no podían identificar.
Pero también sintió un destello de esperanza: quizás allí, lejos de los ojos de los entrenadores, podría demostrar que valía algo.
Mientras los demás soldados preparaban su equipo —sus sistemas les indicaban el equipamiento necesario, la ruta más segura y las tácticas a usar—, Kael revisaba su rifle a mano.
Contó las cargas de plasma, comprobó el sistema de refrigeración y ajustó su casco sin pantalla táctil.
—Oye, Valerius —dijo un voz suave a su espalda.
Se giró y encontró a Finn, un soldado que aunque tenía un sistema de nivel bajo, nunca lo había burlado—.
Cuidado en el Sector 14.
Dicen que hay cosas que ni siquiera los sistemas de élite pueden detectar.
—Gracias, Finn —murmuró Kael, apretándole el hombro.
Cinco minutos después, la pequeña unidad salía del cuartel en una nave de reconocimiento.
Los soldados charlaban entre ellos, sus sistemas intercambiando datos y planes.
Kael se sentó en la esquina, mirando por la ventana las ruinas del planeta abandonado que rodeaba la colonia.
—No te preocupes, Valerius —gritó Riker desde la cabina de mando—.
Si aparece algo peligroso, solo quédate atrás.
No queremos que te hagas daño…
o que pongas en peligro al resto.
Las risas resonaron por la nave.
Kael cerró los ojos y pensó en su padre.
¿Qué harías tú en mi lugar?
se preguntó.
Cuando la nave aterrizó en el Sector 14, el aire era pesado y cargado de polvo metálico.
Los soldados bajaron formando una formación defensiva, sus sistemas activando escudos y escaneando el área.
—Escaneo completo —anunció una soldado llamada Jazmin—.
No hay vida detectada.
Solo estructuras abandonadas y radiación residual.
—Mantengan la formación —ordenó Riker—.
Avancemos hacia el cuartel principal.
Valerius, cubre nuestra retaguardia.
Kael tomó su posición, sosteniendo el rifle listo.
El silencio era opresivo, roto solo por el zumbido de los sistemas de sus compañeros.
De repente, sintió algo que no podía explicar: un escalofrío que recorría su espalda, como si alguien lo estuviera observando desde la oscuridad.
Miró hacia una de las ruinas, pero no veía nada.
Intentó llamar la atención de Finn, pero justo en ese momento, un grito estruendoso resonó por todo el sector.
Una criatura enorme apareció de entre las sombras: tenía un cuerpo de insecto cubierto de escamas metálicas, y sus ojos eran dos luces rojas que parecían penetrar el alma.
Los sistemas de los soldados empezaron a pitear descontroladamente.
—¡No se identifica!
—gritó Jazmin, disparando su rifle sin lograr alcanzar el objetivo—.
El sistema no puede calcular su velocidad!
La criatura lanzó un rayo de energía negra que impactó contra el escudo de Riker, haciendo que este volara varios metros hacia atrás.
Los demás soldados dispararon al unísono, pero sus proyectiles rebotaban en las escamas del monstruo como si fueran nada.
—¡Retirada!
¡Retirada inmediata!
—gritó Riker, intentando ponerse de pie mientras su sistema intentaba reparar el daño.
Pero la criatura ya había cerrado la distancia.
Se abalanzó sobre un soldado que no pudo escapar a tiempo, y Kael vio cómo su cuerpo desaparecía en una nube de polvo y energía.
El miedo se apoderó de él, pero también algo más: una sensación de calma, como si su mente se abriera a algo que siempre había estado ahí.
De repente, no veía solo la criatura: veía líneas brillantes recorriendo su cuerpo, un patrón complejo de luz y sombra que formaba su estructura.
“Elimina el núcleo de energía en su pecho”, pensó, sin saber de dónde venía la idea.
Sin pensarlo dos veces, Kael cargó hacia adelante, esquivando los ataques de la criatura con una agilidad que ni siquiera él conocía.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, apuntó su rifle directamente al punto brillante en el pecho del monstruo y disparó con todas sus fuerzas.
El impacto fue tan fuerte que la criatura se tambaleó, y luego explotó en millones de fragmentos de metal y energía.
El silencio volvió a instalarse, roto solo por el jadeo de Kael y los gritos de sorpresa de sus compañeros.
Todos miraban hacia él con ojos abiertos de incredulidad.
Incluso Riker, que seguía en el suelo, tenía la boca abierta.
—¿Cómo…?
—murmuró Finn—.
Los sistemas no pudieron ni siquiera detectar el núcleo…
¿cómo lo hiciste tú?
Kael bajó el rifle, mirando sus manos como si fueran ajenas.
En ese momento, sintió un dolor agudo en la nuca, como si algo estuviera despertando dentro de él.
Al tocarse el cuello, sintió un resplandor cálido que no había sentido antes.
Mientras sus compañeros lo miraban sin entender, Kael vio algo que nadie más podía ver: un mensaje brillante que aparecía en su mente, escrito en letras que no conocía pero que entendía perfectamente.
“SISTEMA NATURAL ACTIVADO.
BIENVENIDO, PORTADOR.”
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