EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 2
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2: EL SECRETO DE LOS SISTEMAS 2: EL SECRETO DE LOS SISTEMAS CAPÍTULO 2: EL SECRETO DE LOS SISTEMAS El dolor en la nuca de Kael se intensificó hasta que tuvo que agarrarse a su rifle para no caerse.
Las letras brillantes seguían bailando en su mente, pero ahora empezaban a formar palabras más claras: “Nivel 1.
Capacidades: Visión de Estructuras, Manipulación Básica de Energía, Resistencia Aumentada.” —¡Valerius!
¿Estás bien?
—Finn corrió hacia él y lo apoyó por el hombro—.
Tu cabeza…
¡está brillando!
Kael se tocó la nuca de nuevo.
Sentía un calor intenso, y cuando se miró la mano, vio un resplandor dorado que se desvanecía lentamente.
Alrededor, los demás soldados seguían con la boca abierta, sus sistemas proyectando alertas rojas que parpadeaban sin cesar.
—¿Qué demonios es eso?
—gritó Riker, finalmente logrando ponerse de pie—.
No es un sistema estándar…
ni siquiera es compatible con nuestro protocolo.
—No sé, teniente —murmuró Kael, aún mareado—.
Solo…
sentí algo.
Vi el patrón de la criatura.
—Eso es imposible —intervino Jazmin, acercándose con su dispositivo de escaneo—.
Mi sistema no pudo identificar ni un solo detalle de esa cosa, y tú…
tú la viste como si fuera un libro abierto.
Antes de que Kael pudiera responder, el comunicador de Riker empezó a pitear con urgencia.
Una voz fría y metálica resonó por el dispositivo: —Unidad de reconocimiento Gamma 7-4, reporten inmediatamente.
Se ha detectado una actividad de alto riesgo en su ubicación.
Retirenlos de allí y lleven al soldado Kael Valerius directamente al Centro de Investigación Científica.
No permitan que interactúe con nadie más.
Orden de máxima prioridad.
La orden dejó a todos en silencio.
Riker miró a Kael con una mezcla de sospecha y curiosidad.
—Centro de Investigación…
—murmuró—.
Solo llevan ahí a los casos más…
especiales.
Media hora después, la nave los llevaba de regreso a la colonia, pero esta vez con un escolta militar de alto nivel.
Kael iba separado del resto, con dos soldados armados a su lado que no dejaban de mirarlo como si fuera una bomba a punto de explotar.
Cuando aterrizaron, una ambulancia científica los esperaba.
Kael fue llevado rápidamente a un vehículo blindado que se dirigió directamente al centro más seguro de la colonia: un edificio subterráneo con dobles puertas de acero y escaneos constantes.
Dentro, lo llevaron a una habitación blanca y aseptizada, donde le hicieron una serie de pruebas que ni siquiera entendía.
Máquinas le escaneaban el cuerpo desde la cabeza a los pies, pero cada vez que intentaban conectarse a su “sistema”, las pantallas se llenaban de códigos que nadie podía descifrar.
—Extraño —dijo una voz femenina detrás de él—.
No hay implante, no hay conexión a ninguna red…
parece que el sistema es parte de su propio ADN.
Kael se giró y vio a una mujer de pelo corto color plata, con gafas de marco negro y un bata blanca con el logo del Centro de Investigación.
Tenía unos ojos azules intensos que parecían ver más allá de su piel.
—¿Quién eres?
—preguntó Kael.
—Soy la Dra.
Lyra Chen —respondió, acercándose con una tableta en la mano—.
Soy la jefa del departamento de investigación en sistemas avanzados.
Y tú, Kael Valerius, eres el descubrimiento más importante de los últimos cincuenta años.
—¿Qué significa eso?
—preguntó, sentándose en la camilla donde lo habían puesto—.
Por qué de repente tengo esto…
este sistema en mi cabeza.
Lyra miró hacia la puerta, como si estuviera comprobando que no hubiera nadie más.
Luego bajó la voz y se acercó más: —Lo que te voy a decir es un secreto de estado mayor.
Si se descubriera que te lo he contado, ambos estaríamos muertos.
¿Entiendes?
Kael asintió, sintiendo cómo se tensaba el cuerpo.
—Todos creemos que los sistemas fueron creados para ayudar a la humanidad a sobrevivir en el espacio, para mejorar nuestras capacidades y protegernos de las amenazas del universo —empezó Lyra—.
Eso es lo que nos han dicho.
Pero la verdad es muy diferente.
Ella tocó su tableta y la pantalla se llenó de imágenes: planos complejos, registros antiguos y gráficos que mostraban flujos de energía.
—Los sistemas fueron diseñados por una raza alienígena que llegó a la Tierra hace más de cien años.
Se llaman los Arquitectos.
Nos dieron la tecnología como un “regalo”, pero en realidad es una forma de controlarnos.
Cada sistema está conectado a una red central que les permite extraer energía de nuestros cuerpos, de nuestras mentes.
Es por eso que los soldados más fuertes siempre terminan agotándose, enfermándose…
muriendo jóvenes.
Kael sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Su padre había muerto a los treinta y cinco años, con síntomas que los médicos nunca pudieron explicar.
—Y tú…
—continuó Lyra, mirándolo directamente a los ojos—.
Tú no tienes un sistema impuesto.
Tienes uno natural, creado por la evolución de la humanidad para defenderse de ellos.
Eres el primer caso que encontramos en toda la historia.
Eres la única esperanza que tenemos de librarnos de su control.
Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe.
Un grupo de hombres vestidos con uniformes negros sin emblemas entró en la habitación.
El líder, un hombre alto y serio con cicatrices en la cara, se dirigió directamente a Lyra.
—Dra.
Chen, su autorización para investigar este sujeto ha sido revocada —dijo con voz seca—.
El Consejo de los Arquitectos ha tomado jurisdicción sobre el caso.
El soldado Valerius será trasladado a una instalación segura para estudios adicionales.
Lyra se puso delante de Kael, protegiéndolo: —No puedo permitirlo.
Él es un ciudadano humano, no un objeto de estudio para ellos.
—Lo que usted puede o no permitir ya no importa —respondió el hombre, haciendo un gesto con la mano.
Dos de sus hombres se acercaron para agarrar a Kael.
Pero en ese instante, Kael sintió cómo su sistema respondía a la amenaza.
Las líneas brillantes volvieron a aparecer en su mente, y esta vez pudo controlarlas.
Extendió su mano hacia los hombres que se acercaban, y una ráfaga de energía dorada salió de su palma, derribándolos sin hacerles daño grave.
—¡Impresionante!
—exclamó el líder, sonriendo de forma siniestra—.
El poder es mayor de lo que esperábamos.
Los Arquitectos estarán encantados de tenerlo.
Kael se puso de pie junto a Lyra, listo para defenderse.
Pero ella le tomó la mano y le susurró: —No peleen.
No pueden ganar aquí.
Tengo un plan, pero necesitamos escapar ahora mismo.
Mientras los hombres en uniformes se preparaban para atacar de nuevo, Lyra tocó un botón oculto en la pared.
Una trampilla se abrió en el suelo, revelando un túnel oscuro.
—Por aquí —le dijo a Kael—.
Conozco un lugar donde podemos estar a salvo.
Allí te contaré todo lo que sé sobre los sistemas naturales…
y sobre lo que los Arquitectos realmente planean hacer con la humanidad.
Sin pensarlo dos veces, Kael la siguió bajando por el túnel, mientras detrás de ellos se escuchaban gritos y el sonido de alarmas que anunciaban su fuga.
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