EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 18
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18: LOS SECRETOS DE LOS PLANETAS OLVIDADOS 18: LOS SECRETOS DE LOS PLANETAS OLVIDADOS CAPÍTULO 8: LOS SECRETOS DE LOS PLANETAS OLVIDADOS El universo parecía haber entrado en un breve período de calma después de la batalla en el complejo de Los Antiguos.
Las naves aliadas se habían reagrupado en el hangar secreto de la Colonia Gamma 7, mientras los portadores preparaban sus energías para lo que vendría después.
—Todos los sistemas de comunicación están activos —informó Zephyr desde la cabina de mando de la nave principal, sus dedos volando sobre el teclado de su portátil modificado—.
Los portadores de las colonias Delta 9, Epsilon 3 y Theta 6 han confirmado su llegada en los próximos veinte minutos.
La ventana de oportunidad para avanzar hacia los planetas desconocidos se abre en diez minutos.
Kael se colocó junto a Tao y Lyra en la cabina de ataque, mientras su energía dorada envolvía sus manos con intensidad: —Mantengan la formación.
Marcus, tu grupo avanza primero.
Nosotros nos encargaremos de lo que venga después.
Las naves despegaron en formación, atravesando el espacio hacia los planetas que los escaneos habían marcado como “potencialmente habitables”.
A medida que se acercaban, pudieron ver su forma gigante y oscura flotando en el vacío, con luces de colores que parecían danzar en la superficie.
—Presencia de vida detectada —anunció el sistema de la nave—.
Formas desconocidas en el sector 12.
Tiempo de aproximación: 15 minutos exactos.
—Avanzen —ordenó Marcus desde su nave—.
Grupo Uno, vamos por los planetas olvidados.
Las naves penetraron el campo de energía que protegía los planetas antes de que los sistemas enemigos pudieran reaccionar.
Dentro de los complejos, las alarmas comenzaron a sonar con fuerza.
—Intrusión detectada —sonó la voz metálica de Los Antiguos por todo el espacio—.
Todos los sistemas de defensa activados.
Eliminar a los intrusos.
La nave de Marcus aterrizó en el planeta principal, donde docenas de estructuras desconocidas estaban listas para ser activadas.
Los voluntarios bajaron del vehículo disparando disruptores que neutralizaban los sistemas de las estructuras enemigas.
—¡Tenemos compañía!
—gritó uno de los voluntarios, señalando a un grupo de guardias que se acercaba corriendo.
Grog y su equipo aterrizaron en el nivel del centro de control de los planetas, encontrando una defensa aún más fuerte: soldados con sistemas de nivel 6 y dispositivos de manipulación de energía.
—¡Disparen a los generadores!
—ordenó Grog, mientras su sistema rojizo aumentaba su fuerza al máximo—.
Si logramos desactivar los generadores, las defensas colapsarán.
Mientras tanto, la nave de Kael aterrizó en el nivel superior, cerca de la entrada que llevaba al corazón de los planetas.
Al bajar, encontraron un camino despejado…
demasiado despejado.
—Cuidado —advirtió Tao, mientras su energía verde escaneaba el área—.
Hay algo más aquí.
No es de Los Antiguos ni de nadie que hayamos conocido.
Justo en ese momento, apareció una figura en el centro del cráter: era un ser de estatura imponente, con piel de tonalidades cambiantes y ojos que parecían ver hasta el alma.
Llevaba una armadura que reflejaba las estrellas, y emanaba una energía que no pertenecía a ninguna raza conocida.
—Kael Valerius, Tao —dijo con una voz que parecía provenir de todas partes—.
Los sistemas naturales siempre han sido nuestra única esperanza de supervivencia.
—Las razas no son tus herramientas —respondió Kael, mientras su energía dorada envolvía sus manos—.
Cada ser sintiente tiene el derecho a decidir su propio camino.
El ser avanzó con una ráfaga de energía que Kael y Tao tuvieron que bloquear con sus poderes combinados.
El impacto hizo temblar el terreno, y las estructuras comenzaron a desmoronarse.
—Lyra, ve hacia el corazón del planeta —gritó Kael, mientras luchaba contra la fuerza desconocida—.
Tao y yo nos mantenemos aquí.
Necesitas preparar el dispositivo para cuando lleguemos.
Lyra asintió y corrió hacia el interior, mientras los portadores aliados llegaban de todas las colonias.
Sus energías se unían en un flujo constante, creando un campo de protección que envolvía los planetas.
—He contactado con todos los grupos que no están bajo control —anunció Nova desde su nave—.
Están creando una red de apoyo en el centro de cada colonia para que reduzcan las fuerzas enemigas.
Pero necesitamos terminar rápido.
Mientras tanto, Grog y su equipo se enfrentaban a soldados con sistemas de nivel 6 y turretas automatizadas.
Sus armas de energía sinérgica desactivaban los sistemas enemigos sin causar daños permanentes.
—¡Disparen a los núcleos de control!
—ordenó Grog, mientras su sistema rojizo aumentaba su resistencia al máximo—.
Si logramos desactivar los núcleos, la amenaza desaparecerá.
Zephyr trabajaba en su portátil, conectándose a las redes enemigas: —¡Estamos infiltrándonos en sus sistemas!
—anunció—.
Pero solo durará unos minutos antes de que los detecten.
Kael cerró los ojos, conectándose con la sinergia de todos los portadores: —Necesitamos aumentar la potencia.
Unamos nuestras energías.
La nave de Kael avanzó hacia el corazón del planeta desconocido, donde la figura imponente esperaba.
Eran seres de diversas formas, con pieles de tonalidades variadas y ojos que reflejaban la luz de las estrellas.
No tenían implantes visibles, pero su energía emanaba de cada fibra de su ser.
—Somos los Guardianes del Vacío —dijo uno de ellos con voz profunda—.
Nuestras razas están a punto de desaparecer.
Solo la energía de los sistemas naturales puede salvar todos los mundos.
—Entonces trabajemos juntos —dijo Kael—.
La cooperación es el camino, no la imposición.
Los Guardianes intercambiaron miradas, mientras sus energías comenzaban a fluir en armonía.
Habían visto cómo las guerras habían destruido mundos enteros, pero ahora tenían la oportunidad de cambiar el rumbo.
—Estamos dispuestos a ayudar —dijo el líder de los Guardianes—.
Pero necesitamos tiempo para reconstruir lo que hemos perdido.
—El tiempo es lo que tenemos —respondió Kael—.
Y juntos construiremos un universo donde todas las razas puedan vivir en paz.
Mientras las flotas se preparaban en todos los rincones del sistema, los portadores se unían para coordinar sus poderes.
Kael miró hacia las estrellas, sabiendo que el camino sería largo y lleno de desafíos…
pero esta vez, no estaban solos.
El equipo avanzó hacia el corazón del planeta desconocido, listos para descubrir lo que había más allá.
Sabían que esta sería la oportunidad de construir un nuevo orden en el universo, donde todas las razas pudieran coexistir en armonía.
—El futuro está en nuestras manos —dijo Kael, mientras su energía dorada brillaba con intensidad—.
Y esta vez, construiremos un universo donde la cooperación sea la clave de la supervivencia.
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