EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 32
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Capítulo 32: LOS MUNDOS DE LA VIDA SALVAJE
CAPÍTULO 22: LOS MUNDOS DE LA VIDA SALVAJE
La nave Semilla Cósmica penetró en el sector conocido como “El Gran Crecimiento”. Lo que vieron al entrar superó cualquier expectativa: planetas enteros cubiertos de vegetación que crecía hacia el espacio, océanos de savia luminiscente y criaturas que parecían ser parte de la geología misma.
—La biodiversidad aquí es mil millones de veces mayor que en cualquier otro lugar conocido —informó Lyra, analizando las muestras—. Pero hay un desequilibrio terrible. La vida crece sin control, sin muerte, sin descanso. Es como un cuerpo con fiebre que no puede detenerse.
—Esto es obra de las “Entropías de la Vida” —explicó una antigua entidad guardiana que los acompañaba—. Son seres que olvidaron que la vida necesita tanto nacer como morir para mantener el ciclo. Se obsesionaron con la inmortalidad biológica y corrompieron los ciclos naturales.
Al descender en el planeta principal, el equipo fue recibido por una vegetación agresiva que intentaba envolver la nave. Sin embargo, Kael no ordenó atacar. En su lugar, activó los nuevos patrones matemáticos:
—No luchemos contra ella. Conectémonos con ella.
Cerrando los ojos, Kael sintió la voluntad frenética de ese mundo. Era un grito desesperado de miedo. Miedo a desaparecer, miedo al fin.
—Vosotros creéis que para vivir debéis consumirlo todo —les habló Kael a través de la conexión vital—. Pero la verdadera vida fluye. Da y recibe. Muere y renace.
—El fin es el mal —respondió una voz colosal, formada por el sonido de millones de hojas y ramas rompiéndose—. Nosotros somos la Inmortalidad Verde. Todo lo que no crece, muere. Todo lo que muere, es débil.
—La muerte no es el final —intervino Tao, proyectando la imagen de los ciclos de las estrellas—. Es solo una puerta hacia una nueva forma. Si no hay invierno, la primavera no puede llegar. Si no hay noche, el día no brilla.
La batalla no fue de fuerza bruta, sino de sabiduría. Los portadores tuvieron que enseñarle a ese mundo frenético el valor del descanso y el equilibrio. Usaron la armonía de los Harmonianos para calmar los ritmos desbocados y los patrones matemáticos para dar estructura al caos.
Poco a poco, el crecimiento frenético se detuvo. Las plantas dejaron de ser agresivas y florecieron en paz. De las profundidades de la tierra emergieron los guardianes originales de ese sector: seres mitad planta, mitad cristal, que habían estado dormidos durante eones.
—Habéis devuelto el ritmo a nuestros mundos —dijeron ellos con voz suave como el viento—. Nos habéis recordado que la perfección no está en nunca caer, sino en siempre levantarse.
Estos seres, los “Custodios del Ciclo”, se unieron a la Alianza aportando el conocimiento más preciado de todos: el secreto de la renovación celular, la capacidad de sanar cualquier herida y la armonía absoluta entre un ser y su entorno.
—Con su ayuda —dijo Lyra emocionada—, ya no tendremos que temer a las enfermedades o al envejecimiento. Podremos vivir vidas plenas, sabiendo que nuestra energía siempre regresará al flujo universal.
La Alianza Universal creció una vez más, integrando ahora el reino de la biología y la naturaleza salvaje. El multiverso se volvía más rico, más colorido y más sabio con cada paso.
Kael miró a su equipo, que ahora era una familia extendida de incontables seres.
—¿Qué sigue ahora? —preguntó Grog, cruzándose de brazos y riendo—. ¿El fuego? ¿El hielo?
—No —respondió Kael, señalando hacia un punto donde el espacio parecía brillar con una luz pura y blanca—. Allí donde no existe el tiempo. Allí donde todo es eterno. Vamos a buscar los Mundos del Tiempo.
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