EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 33
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Capítulo 33: LOS MUNDOS DEL TIEMPO ETERNO
CAPÍTULO 23: LOS MUNDOS DEL TIEMPO ETERNO
La nave Semilla Cósmica avanzó hacia la región conocida como el “Umbral de la Eternidad”. Al cruzar la frontera invisible que separaba este sector del resto del multiverso, las leyes de la física cambiaron drásticamente. El espacio ya no se medía en kilómetros o años luz, sino en momentos, recuerdos y probabilidades.
—Estamos entrando en la zona donde el tiempo no fluye en línea recta —explicó Zephyr, mientras sus instrumentos digitales se transformaban espontáneamente en relojes de arena y esferas de cristal—. Aquí, el pasado, el presente y el futuro coexisten como si fueran habitaciones diferentes de una misma casa. Podemos ver lo que fue, lo que es y lo que podría ser, todo al mismo tiempo.
Lyra observaba por la ventana con asombro. Vieron estrellas que nacían y morían en un parpadeo, civilizaciones que se elevaban y caían como olas, y mundos que existían en mil estados diferentes simultáneamente.
—La vida aquí no se mide por su duración —dijo Lyra—, sino por su intensidad y su conexión. Las razas que habitan estos lugares no envejecen como nosotros; ellos transcuran. Pueden visitar su propia infancia o su vejez como si fueran a otra habitación.
Mientras la nave se estabilizaba, una figura apareció flotando frente a ellos. No era una sombra, ni una luz, sino una manifestación pura de cronología. Era un ser que parecía tener mil edades a la vez: un bebé, un joven, un adulto y un anciano fundidos en una sola existencia armoniosa.
—Bienvenidos, viajeros del instante —habló la entidad, y su voz sonó como el eco de millones de años—. Soy Chronos, el Guardián del Flujo. Pocos son los que llegan hasta aquí sin perderse en sus propios recuerdos o sus miedos al mañana.
Kael descendió de la nave, sintiendo cómo su propia existencia se expandía. Podía sentir todas las versiones de sí mismo: el niño que fue, el líder que era y el sabio que se convertiría.
—Hemos venido no para controlar el tiempo —dijo Kael con calma—, sino para entenderlo. Sabemos que todo cambio es parte de un ciclo mayor. Queremos aprender a movernos con él, no contra él.
Chronos sonrió, y su rostro cambió mil veces en un segundo.
—Entonces debéis pasar la prueba. Muchos antes que vosotros intentaron detener el tiempo para ser inmortales, o acelerarlo para obtener poder rápido. Pero ellos olvidaron que el tiempo es la sangre del multiverso. Si lo detienes, todo muere. Si lo fuerzas, todo se rompe.
De repente, el entorno se distorsionó. Aparecieron las “Paradojas Temporales”, entidades oscuras formadas por errores y arrepentimientos. Eran versiones retorcidas de realidades que nunca debieron existir, creadas cuando seres intentaron manipular el tiempo para su propio beneficio.
—¡Volved atrás! —gritaron las Paradojas con voces quebradas—. Cambiad lo que hicisteis mal. Borrad el dolor. Detened el reloj.
—No —respondió Tao, manteniéndose firme en el centro del caos—. El pasado nos hizo quienes somos. Incluso el dolor nos enseñó a ser fuertes. No queremos borrar nada, queremos aceptarlo y sanarlo.
—¡Imposible! —rugieron las sombras del tiempo—. El arrepentimiento es eterno. La culpa no tiene fin.
—La culpa tiene fin cuando perdonas —respondió Kael, y activó todo el poder de la conexión unificada—. Nosotros no somos solo nuestro pasado. Somos también nuestro presente y nuestra capacidad de crear un futuro mejor.
La batalla fue extraña y hermosa. No hubo explosiones, sino una danza de momentos. Kael y su equipo mostraron a las Paradojas que podían integrarse en el flujo natural, que sus errores no eran cadenas, sino lecciones. Poco a poco, las entidades oscuras se calmaron, volviéndose líneas claras y ordenadas de tiempo bien vivido.
Chronos observaba todo con aprobación.
—Habéis demostrado que sois sabios. Entendéis que el tiempo no es un enemigo, sino un maestro.
El Guardián del Flujo les abrió las puertas de su ciudad, una maravilla arquitectónica que existía en todas las épocas a la vez. Allí conocieron a los “Cronianos”, una raza que vivía en perfecta armonía con el devenir del cosmos. Ellos no veían el futuro como algo escrito en piedra, sino como un árbol de infinitas ramas que podían cultivar juntos.
—Podéis viajar a cualquier momento —les explicaron los Cronianos—, pero nunca para cambiar el pasado, sino para comprenderlo mejor, o para llevar esperanza a quienes vivieron en tiempos oscuros.*
Zephyr integró este conocimiento en la red unificada:
—Ahora podemos crear “Puentes de Tiempo” —anunció emocionado—. No para viajar físicamente al pasado, sino para enviar energía curativa y consuelo a las generaciones que lo necesitaron, y preparar con sabiduría el camino para las generaciones venideras.
Lyra añadió:
—Y para las razas que enfrentan el fin de sus ciclos, ahora podemos enseñarles a trascender, a entender que su historia no termina, sino que se transforma y continúa en el tejido del universo.
Antes de partir, Chronos entregó a Kael un relicario de cristal que contenía un “Momento Puro”, un instante de perfección que podía ser usado cuando todo pareciera perdido.
—El tiempo lo cura todo, pero la conexión lo da sentido —dijo el guardián—. Id en paz, arquitectos de la eternidad.
La nave regresó a la sede de la Alianza, pero ahora el equipo sentía el tiempo de manera diferente. Ya no corrían contra el reloj; trabajaban en perfecta sincronía con él.
—Hemos entendido la mente, la energía, los sueños, la música, las matemáticas, la naturaleza y ahora el tiempo —resumió Kael ante el consejo—. Solo falta comprender una cosa más, la más grande de todas.
Miró hacia el límite absoluto del multiverso, donde la realidad misma se desvanecía en una luz cegadora y silenciosa.
—Allí está el origen de todo. La Fuente Original. ¿Están listos para conocer el verdadero propósito de nuestra existencia?
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