EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 5
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5: BUSCANDO AL SEGUNDO PORTADOR 5: BUSCANDO AL SEGUNDO PORTADOR CAPÍTULO 5: BUSCANDO AL SEGUNDO PORTADOR Los siguientes tres días pasaron en un torbellino de preparativos.
El almacén se convirtió en un centro de operaciones improvisado: Zephyr instaló una red de comunicaciones oculta, Grog organizó el armamento y los entrenamientos, Nova negociaba con contactos para conseguir equipo y documentos falsos, y Lyra analizaba los datos sobre los otros sistemas naturales.
—Aquí está —anunció Lyra una mañana, colocando un mapa estelar en una mesa improvisada—.
Según los registros, el segundo portador de un sistema natural debería estar en la Colonia Beta 4, en el planeta Xylos.
Es una colonia minera aislada, controlada indirectamente por los Arquitectos pero con poca presencia militar.
—Xylos…
—murmuró Nova, revisando unos papeles—.
Es un planeta peligroso, con tormentas de polvo radiactivo que hacen imposible el vuelo durante días seguidos.
Además, los mineros están sometidos a un control estricto de sus sistemas.
—Justo lo que necesitamos —dijo Kael—.
Un lugar donde los Arquitectos no prestan mucha atención.
Allí podremos movernos con más facilidad.
Zephyr tecleó en su portátil mientras comía una barra energética: —He conseguido unas credenciales falsas para todos.
Seremos un equipo de inspección técnica enviado para revisar los sistemas de la mina.
Es la excusa perfecta para estar allí y buscar pistas.
—Muy bien —dijo Grog, cargando sus armas en una mochila resistente—.
Preparo el vehículo todoterreno.
Tendremos que viajar por tierra hasta la mina, ya que los vuelos están restringidos.
Al día siguiente, el equipo partió de la colonia en una nave pequeña y discreta, pilotada por Lyra.
Llegaron a la atmósfera de Xylos justo antes de que comenzara una tormenta de polvo, por lo que tuvieron que aterrizar en un claro rocoso a varios kilómetros de la colonia minera.
—La tormenta durará al menos dos días —anunció Zephyr, después de escanear el ambiente—.
Tenemos que encontrar refugio y esperar, o avanzar con precaución.
—Avancemos —decidió Kael—.
Cuanto antes lleguemos, más tiempo tendremos para buscar al portador.
El vehículo todoterreno avanzó con dificultad por los caminos polvorientos.
Las tormentas de polvo naranja cubrían el cielo, reduciendo la visibilidad a pocos metros.
Kael sintió cómo su sistema adaptaba sus ojos para ver a través de la neblina, detectando rocas y desniveles que los demás no podían ver.
—Presencia de energía anómala detectada a 5 kilómetros al norte —anunció su mente—.
Coincide con los patrones de un sistema natural.
—Gira a la izquierda —dijo Kael al conductor—.
Hay algo allí que debemos ver.
Grog ajustó la dirección del vehículo, avanzando hacia un área con rocas más grandes.
Cuando llegaron, encontraron una cueva oculta detrás de un derrumbe de rocas.
Al entrar, el aire se hizo más fresco y limpio.
—Hay una fuente de agua aquí —comentó Lyra, encendiendo su linterna—.
Y huellas recientes.
Adentro de la cueva, encontraron a un joven sentado junto a un pequeño arroyo subterráneo.
Tenía el pelo corto y sucio, vestido con ropas de minero rotas, y a diferencia de todos los demás, no llevaba ningún signo de implante en la nuca.
Al verlos entrar, se puso de pie rápidamente, listo para defenderse.
—¿Quiénes son ustedes?
—preguntó con voz temblorosa pero firme—.
Si son de la mina, me voy.
Ya no voy a trabajar como esclavo.
—No somos de la mina —dijo Kael, acercándose despacio con las manos abiertas—.
Nosotros también estamos huyendo de los Arquitectos.
Me llamo Kael…
y soy como tú.
El joven frunció el ceño, pero entonces sintió algo: un pulso de energía que conectaba a Kael con él.
Sus ojos se abrieron de par en par: —¿Cómo…
cómo es posible?
Pensé que yo era el único…
—Este es Tao —dijo Lyra, después de escanearlo rápidamente—.
Seguro que es el segundo portador.
Su sistema es ligeramente diferente al de Kael, pero igual de potente.
Tao relajó su postura, mirando a Kael con incredulidad y esperanza: —Desde que tengo memoria, puedo sentir las cosas que los demás no pueden.
Sé cuándo habrá una tormenta, dónde encontrar minerales valiosos…
y también sé que los sistemas que usan los demás están controlando sus mentes.
Intenté contárselo a los otros mineros, pero me llamaron loco.
Terminaron encerrándome aquí cuando mi cuerpo rechazó el implante.
—Ven con nosotros —dijo Kael, extendiéndole la mano—.
No tienes que estar solo.
Tenemos un plan para detener a los Arquitectos y liberar a toda la humanidad.
Tao miró hacia la entrada de la cueva, luego hacia Kael y su equipo.
Por primera vez en mucho tiempo, sonrió: —¿De verdad tienen posibilidad de ganar?
—Hoy mismo demostramos que sí —respondió Grog, sonriendo también—.
Y con otro como nosotros, será aún más fácil.
Mientras tanto, Zephyr había estado escaneando la zona con su portátil: —Mala noticia —anunció—.
Los sensores de la mina han detectado nuestro vehículo.
Están enviando un equipo de seguridad para investigar.
Y según los datos, no son soldados normales…
son “enforzadores” con sistemas modificados.
—Nivel 4 alcanzado —dijo la voz en la mente de Kael—.
Capacidad nueva: Sinergia con otros Sistemas Naturales.
Kael sintió cómo la energía de Tao se conectaba con la suya, creando un flujo más fuerte y estable: —Entonces es hora de mostrarles lo que podemos hacer dos sistemas naturales juntos —dijo, mirando a Tao con determinación—.
¿Estás listo?
Tao asintió, cerrando los ojos por un instante.
Cuando los abrió, brillaban con un resplandor verde intenso, complementario al dorado de Kael.
—Soy más que listo —respondió.
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