EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 4
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4: LA BATALLA DEL ALMACÉN 4: LA BATALLA DEL ALMACÉN CAPÍTULO 4: LA BATALLA DEL ALMACÉN El impacto de las luces doradas y azules hizo temblar el suelo del almacén.
Los soldados enemigos retrocedieron un paso, sorprendidos por la potencia que desprendía Kael.
—¡Disparen!
—ordenó el líder con cicatrices—.
No dejen que su poder se propague.
Los rifles de plasma de los soldados enemigos empezaron a disparar ráfagas azules que cortaban el aire.
Grog se adelantó primero, levantando un escudo de energía rojiza que desviaba los proyectiles: —¡A la izquierda!
Hay cubículos detrás de las cajas —gritó, mientras su sistema aumentaba su resistencia al máximo.
Kael cerró los ojos por un instante, y su visión de estructuras le mostró el patrón de cada sistema enemigo: puntos débiles, conexiones a la red central, niveles de energía.
—Sistema enemigo: Nivel 3.
Puntos débiles en la base del implante y en el módulo de energía del rifle —anunció la voz en su mente.
—Zephyr —gritó Kael—.
Sus conexiones pasan por la frecuencia gamma-9.
Puedes cortarlas?
Zephyr rápidamente tecleó en su portátil, mientras luces LED de sus gafas parpadeaban a alta velocidad: —¡En marcha!
Estoy interfiriendo con su red, pero solo durará unos minutos antes de que la central los recupere —respondió, mientras algunos soldados enemigos empezaban a tambalearse, confundidos por la señal rota.
Lyra sacó un dispositivo que parecía un lanzador de granadas, pero con un diseño científico: —Estos son disruptores de energía —explicó, disparando uno contra un grupo de soldados—.
No hacen daño permanente, pero desactivan los sistemas por un rato.
Nova, por su parte, se movió con agilidad entre las cajas, sacando un pequeño comunicador de su cartera: —He contactado con algunos miembros del Consejo que no están bajo control —dijo mientras esquivaba un proyectil—.
Están intentando crear una distracción en el centro de la colonia para que reduzcan las fuerzas aquí.
Pero necesitamos terminar rápido.
Kael se lanzó hacia adelante, usando su capacidad de manipulación de energía a distancia para desviar los disparos enemigos.
Cuando estuvo cerca de uno de los soldados, extendió su mano y sintió cómo podía sentir el flujo de energía de su sistema: —Conectándose a sistema defectuoso temporal —dijo su mente—.
Modificando parámetros de control.
El soldado paró de disparar, mirando a su propio arma con confusión: —¿Qué…
qué está pasando?
No puedo controlarlo…
—No eres un esclavo —dijo Kael con calma—.
Ellos te están usando.
Mientras tanto, Grog enfrentaba a tres soldados enemigos a la vez, usando su fuerza aumentada para derribarlos sin causarles graves daños.
Su sistema rojizo brillaba con intensidad, y cada golpe era preciso y controlado.
—¡Cuidado arriba!
—gritó Zephyr, señalando al techo del almacén.
Una figura enorme descendió desde una trampilla oculta: era un soldado con un sistema de nivel 5, cubierto por una armadura negra que reflejaba la luz.
Sus ojos eran dos luces rojas intensas, y no mostraba ningún signo de confusión por la interferencia de Zephyr.
—Soy el Comandante Vorak —dijo con voz metálica—.
Los Arquitectos me han dado autorización para eliminar a todos los que se resistan.
Incluso a los soldados defectuosos.
Vorak lanzó un rayo de energía azul oscuro que destrozó el escudo de Grog, haciendo que este diera varios pasos atrás.
Kael se interpuso entre ellos, creando un escudo de energía dorada que detuvo el rayo: —Necesario aumentar potencia.
Consumiendo energía reservada.
El resplandor de Kael se intensificó, y su sistema le mostró el patrón completo de Vorak: era un humano modificado, su cuerpo casi completamente controlado por el sistema alienígena.
—Lyra —gritó Kael—.
Necesito que me ayudes a atacar su núcleo principal.
Está en la parte posterior de su cuello, protegido por un campo de energía.
Lyra asintió, apuntando su disruptor con precisión: —¡A tu señal!
Kael lanzó una ráfaga de energía dorada hacia el pecho de Vorak, distrayéndolo.
Mientras el comandante se defendía, Lyra disparó su disruptor directamente al núcleo de su cuello.
Hubo un estallido de luz azul y dorada, y el sistema de Vorak empezó a fallar.
—No…
no puede ser —gimió Vorak, mientras su armadura se apagaba—.
Los Arquitectos prometieron…
poder sin fin…
En ese momento, los comunicadores de los soldados enemigos empezaron a sonar con urgencia: —¡Retirada inmediata!
Se ha roto el control en el centro de la colonia.
Se requieren todas las fuerzas en la plaza principal.
El líder con cicatrices miró a Kael con ira y resignación: —Esta no es la última vez, Valerius.
Los Arquitectos nunca dejarán de buscarte.
Con un gesto, ordenó a sus hombres que se retiraran.
Vorak fue llevado entre ellos, todavía confundido por la falla de su sistema.
Cuando el almacén quedó en silencio, el equipo se reunió en el centro del espacio.
Todos tenían rasguños y estaban agotados, pero con una sonrisa de victoria en el rostro.
—Bien hecho, equipo —dijo Nova, limpiándose el polvo de su traje—.
La distracción funcionó, pero no durará mucho.
Los Arquitectos recuperarán el control en poco tiempo.
—He conseguido acceder a algunos de sus archivos mientras interfería en la red —anunció Zephyr, mostrando su portátil—.
La actualización global se activará en exactamente treinta días.
Y tienen un centro de control en la órbita del planeta…
es desde allí donde gestionan toda la red.
Kael sintió cómo su sistema se estabilizaba, y una nueva notificación apareció en su mente: —Nivel 3 alcanzado.
Capacidades nuevas: Modificación Temporal de Sistemas, Creación de Campos de Energía Estables.
—Entonces sabemos cuál es nuestro objetivo —dijo Kael, mirando hacia la ventana del almacén, donde se veía el brillo de las estrellas—.
Tenemos treinta días para llegar al centro de control orbital y detener la actualización.
—No será fácil —comentó Grog, revisando su arma—.
El centro está protegido por las mejores defensas de los Arquitectos.
—Lo sé —respondió Kael, mirando a cada uno de sus compañeros—.
Pero no estamos solos.
Hoy demostramos que los rechazados, los que no encajan en su sistema, somos los únicos que pueden salvar a la humanidad.
Lyra le puso una mano en el hombro: —Hay algo más que debes saber, Kael.
Según los archivos que encontré, tú no eres el único sistema natural.
Hay más…
dispersos por todo el universo.
Si podemos encontrarlos, tendremos una verdadera oportunidad de vencerlos.
Kael asintió con determinación.
El camino sería largo y peligroso, pero por primera vez en su vida, sabía exactamente lo que tenía que hacer.
—Entonces empecemos a prepararnos —dijo—.
Porque la batalla que acabamos de librar fue solo el comienzo.
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