EL ÚLTIMO SOLDADO DEL SISTEMA - Capítulo 7
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7: EL SECRETO DE LA MINA 7: EL SECRETO DE LA MINA CAPÍTULO 7: EL SECRETO DE LA MINA El equipo avanzó hacia la colonia minera con los ex-enforzadores a su lado.
Marcus les contó todo lo que sabía sobre los patrullajes y los puntos de control, permitiéndoles entrar sin levantar sospechas.
La mina era un complejo gigante de estructuras metálicas y túneles subterráneos, con centenares de mineros trabajando bajo el sol abrasador de Xylos.
Todos llevaban el implante en la nuca, sus rostros expresando cansancio y resignación.
—Los sistemas les mantienen en un estado de semi-control —explicó Marcus, señalando a los trabajadores—.
No son zombis, pero no pueden tomar decisiones importantes por sí mismos.
Solo siguen órdenes.
—Nuestro objetivo es el centro de control de la mina —dijo Lyra, revisando el mapa que Zephyr había preparado—.
Allí debería haber archivos sobre por qué eligieron este planeta como colonia minera.
Los datos que encontramos antes sugieren que no es solo por los minerales.
Zephyr conectó su portátil a la red local de la mina, usando las credenciales falsas para acceder: —He conseguido abrir la puerta del centro de control —anunció—.
Pero solo tenemos unos minutos antes de que detecten la intrusión.
El equipo entró en un edificio de tres plantas, con paredes de metal y cámaras de seguridad en cada esquina.
Zephyr las desactivó una por una mientras avanzaban hacia el sótano, donde estaba el núcleo de control.
Al llegar a la puerta final, encontraron a un hombre vestido con un traje blanco, con el logo de los Arquitectos en el pecho.
Tenía un implante más grande que los demás, y sus ojos mostraban una mezcla de arrogancia y miedo.
—Ya sabía que vendrían —dijo el hombre, sin intentar escapar—.
Me llamo Dr.
Reed.
Fui el científico encargado de estudiar los sistemas naturales en este planeta.
—¿Qué sabes sobre nosotros?
—preguntó Kael, acercándose con precaución.
Reed hizo un gesto hacia una pantalla grande que se encendió automáticamente: —Los Arquitectos no crearon los sistemas artificiales para reemplazar algo que no existía —explicó—.
Han estado tratando de copiar los sistemas naturales durante siglos.
Ustedes no son una anomalía…
son el futuro de la humanidad.
El futuro que ellos intentan detener.
La pantalla mostró imágenes antiguas: humanos con resplandores de diferentes colores, usando sus poderes para construir ciudades y proteger a su gente.
—Antiguamente, muchos humanos tenían sistemas naturales —continuó Reed—.
Pero los Arquitectos los vieron como una amenaza.
Usaron sus tecnologías para suprimir esos poderes y reemplazarlos con sus propios sistemas controlados.
La mina de Xylos no es solo para extraer minerales…
es para extraer el ADN antiguo que queda en el suelo, en los restos de las civilizaciones perdidas.
Tao sintió cómo su sistema respondía a esas palabras, mostrándole imágenes de un pasado que no recordaba: ciudades flotantes, gente trabajando en armonía con la naturaleza.
—¿Por qué nos estás contando esto?
—preguntó Nova.
—Porque estoy cansado de servir a ellos —respondió Reed con tristeza—.
He visto lo que hacen con la humanidad.
He visto cómo destruyen las mentes y los cuerpos de la gente por su propio beneficio.
Quiero ayudarles a detenerlos.
—¿Cómo?
—preguntó Grog.
Reed tocó la pantalla y apareció un plano detallado de la base orbital de los Arquitectos: —He estado trabajando en una forma de desactivar su red central —dijo—.
Pero necesitan una fuente de energía poderosa para hacerlo…
algo que solo los sistemas naturales pueden proporcionar.
Y hay algo más: en el centro de la base, hay un dispositivo que puede activar los sistemas naturales en toda la humanidad.
Si lo usan bien, pueden liberar a todos de una vez.
—Pero también es peligroso —añadió Zephyr, después de analizar los datos—.
Si no se controla bien, la energía podría ser demasiado fuerte y dañar a la gente.
Kael miró a su equipo, luego a Reed: —Entonces nuestro plan cambia un poco —dijo—.
No solo tenemos que detener la actualización global…
tenemos que activar el dispositivo que libera a todos.
—Pero para eso necesitan llegar al núcleo de la base —advirtió Reed—.
Y allí está el Arquitecto Principal.
El líder de su raza.
Es más poderoso de lo que pueden imaginar.
—No importa cuán poderoso sea —dijo Tao, con determinación en su voz—.
Ya no estamos solos.
Tenemos a todo un equipo, y pronto tendremos a más como nosotros.
En ese momento, las alarmas de la mina empezaron a sonar.
Zephyr miró su portátil con preocupación: —Los Arquitectos han detectado nuestra presencia —anunció—.
Han bloqueado todas las salidas y están enviando fuerzas de élite.
Tenemos que salir de aquí ahora.
Reed cogió una pequeña unidad de metal y se la dio a Kael: —Esto contiene todos los datos que he recolectado durante años —dijo—.
También tiene un programa que puede debilitar los escudos de la base orbital.
Cuídenlo.
—¿Y tú?
—preguntó Lyra.
—Me quedaré aquí —respondió Reed con una sonrisa triste—.
Tengo que crear una distracción para que ustedes puedan escapar.
Quizás así pueda redimirme por todo lo que he hecho.
Kael asintió con respeto.
No tuvo tiempo de decir más: los sonidos de pisadas pesadas se acercaban rápidamente.
—Vamos —dijo Grog, abriendo una puerta oculta que Marcus le había indicado—.
Esta vía lleva directamente al exterior de la colonia.
El equipo se apresuró a través del túnel, mientras detrás de ellos se escuchaban explosiones y el sonido de alarmas.
Cuando salieron al exterior, vieron cómo la mina se llenaba de soldados enemigos, pero Reed había cumplido su palabra: la distracción funcionaba.
—Tenemos que irnos de este planeta ahora —dijo Lyra, mientras corrían hacia donde habían dejado la nave—.
Los Arquitectos sabrán que estamos preparándonos para atacar su base.
Kael miró hacia la mina, luego hacia el cielo donde se veía el punto brillante que era la base orbital.
Tenía la unidad de Reed en su mano, y sentía la energía de todo su equipo fluyendo en armonía.
—El momento de la verdad se acerca —dijo en voz baja—.
Pronto sabremos si podemos salvar a la humanidad.
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