El viajero interdimensional - Capítulo 24
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Capítulo 24: Capitulo 24: Despertar
El receso había terminado, y un silencio expectante llenaba los pasillos de la Preparatoria Naranja mientras los estudiantes se dirigían a sus respectivas aulas. Koyuki Akashi caminaba con su postura habitual, erguida y serena, su mente ya procesando las tediosas lecciones que tendría que soportar en la siguiente clase. Su primer contacto con la educación formal había sido, en el mejor de los casos, una curiosidad antropológica, y en el peor, un ejercicio de paciencia infinita. Sin embargo, la tranquilidad se rompió de la manera más abrupta y molesta posible.
Una figura grande y sudorosa se interpuso en su camino, bloqueando la entrada a su salón. Era Goliath. Su respiración aún era pesada por la carrera matutina y la humillación acumulada, y sus ojos inyectados en sangre brillaban con una mezcla de arrogancia herida y desesperación.
“Tú,” resolló, señalando a Koyuki con un dedo grueso. “Akashi, ¿verdad? Tenemos que hablar.”
Koyuki se detuvo, sus ojos oscuros se posaron en él con la misma expresión con la que observaría un insecto particularmente persistente. No dijo nada, simplemente lo miró, esperando. Era la táctica que usaba con oponentes que consideraba por debajo de su nivel: dejar que se delataran con sus propias palabras.
Goliath, interpretando su silencio como interés o inseguridad, soltó un torrente de quejas y desprecios. “Mira, no sé qué juego estás jugando, ni de dónde saliste, pero estás cometiendo un error enorme. ¿Ruben González? En serio?” Escupió el nombre como si fuera veneno. “Ese perdedor, ese don nadie. No es más que un ratón de biblioteca flaco que se cree mejor que los demás ahora porque tuvo un golpe de suerte. Antes de eso, se arrastraba por estos pasillos, rogando por no ser notado.”
Koyuki no movió un músculo, pero en su interior, su narcisismo, ese núcleo de orgullo absoluto que la definía, empezó a hervir. Este gusano, esta nulidad que ni siquiera podía controlar su propia vida sin el dinero de su padre, se atrevía a menospreciar al hombre que ella, Koyuki Akashi, había elegido. Al guerrero que la había derrotado con honor, que había cruzado universos para buscarla, que poseía un poder y una determinación que este imbécil no podría ni comprender en mil vidas.
“Él no tiene nada,” continuó Goliath, acercándose un paso, creyendo que su tamaño la intimidaba. “Yo, en cambio, mi familia… tenemos influencia. Podemos darte una vida real, no esta farsa con un don nadie. Deberías reconsiderar y salir con alguien de tu… categoría.”
Esa fue la gota que colmó el vaso. La idea de que este patán se considerara de una “categoría” superior a la de Rubén, o peor aún, a la suya propia, fue un insulto tan profundo que traspasó toda su paciencia de guerrera. Su aura, reprimida por el Ten, pulsó con una intensidad que solo Rubén o otro usuario de Nen podrían haber sentido. El aire a su alrededor pareció enfriarse varios grados.
Goliath, cegado por su propia arrogancia, malinterpretó el frío glacial en sus ojos como duda. Dio otro paso, alargando la mano como para tocar su brazo. “Vamos, sé razonable…”
No llegó a completar el gesto.
Con un movimiento tan rápido que fue poco más que un borrón, Koyuki agarró la muñeca extendida de Goliath. No fue un agarre de adolescente; fue la presa de acero de una maestra de artes marciales que había destrozado bloques de piedra con sus manos. Sus dedos se cerraron como tenazas alrededor de su hueso, y con un tirón corto y devastadoramente preciso, usó su propio peso y momentum en su contra.
La técnica fue impecable. Un derribo de Aikido perfeccionado en cientos de combates reales. Goliath, que pesaba casi el doble que ella, fue lanzado como un fardo de paja sobre el duro linóleo del pasillo. El aire salió de sus pulmones con un sonido seco y agonizante, un “whoof” audible que resonó en el ahora silencioso corredor. Cayó de espaldas, aturdido, sin aliento, con una oleada de dolor punzante recorriendo toda su columna.
Koyuki se colocó sobre él, no con rabia, sino con una calma aterradora. Se inclinó ligeramente, su rostro, hermoso y sereno, era ahora la máscara de una diosa de la venganza. Su voz, cuando habló, era un susurro de hielo que cortó el alma de Goliath más profundamente que cualquier grito.
“Escúchame bien, gusano,” susurró, cada palabra cargada de una amenaza absoluta. “Rubén González es el hombre que yo he elegido. Es mi rival, mi amante, y es mil veces el guerrero que tú jamás podrás soñar ser. Si alguna vez,” apretó ligeramente su agarre en su muñeca, haciéndolo gemir de dolor, “vuelvo a oír tu voz miserable pronunciar su nombre con desprecio, si incluso lo miras de una manera que me desagrade, no te enviaré a la enfermería.”
Hizo una pausa, permitiendo que el peso de sus palabras se asentara. Los estudiantes a su alrededor estaban paralizados, sin poder creer lo que veían.
“La próxima vez,” continuó, su voz aún más baja, si era posible, “te aseguraré personalmente que nunca puedas tener una familia. ¿Entendido?”
El significado de la amenaza tardó un segundo en llegar al cerebro aturdido de Goliath. Cuando lo hizo, un terror primario, visceral, lo inundó. Palideció hasta volverse ceniciento, y un temblor incontrolable sacudió su cuerpo. Asintió frenéticamente, incapaz de articular palabra, sus ojos suplicando piedad.
Koyuki soltó su muñeca como si estuviera sucia. Se levantó, se sacudió levemente la falda del uniforme, y sin mirar atrás, entró a su salón de clases como si nada hubiera pasado. La puerta se cerró tras ella, dejando un pasillo en silencio absoluto y a un Goliath quebrantado en el suelo.
Tardaron varios minutos en reaccionar. Algunos compañeros, casi por obligación, lo ayudaron a levantarse. Jadeaba y se quejaba de un dolor agudo en la espalda. Cuando el profesor de educación física, el Sr. Tanaka, llegó, Goliath, muerto de miedo y de vergüenza, balbuceó que se había caído por las escaleras. El moretón que ya empezaba a formarse en toda su espalda era testimonio de un impacto severo. Fue enviado a la enfermería y, posteriormente, a casa para descansar. El rumor de su “caída” se extendió, pero los que habían presenciado la escena sabían la verdad. Y esa verdad los aterrorizaba.
Mientras tanto, en su propia aula, Rubén no era ajeno a los susurros, pero su mente estaba en otra parte. Hacía anotaciones esporádicas en su cuaderno, no sobre la lección, sino sobre posibles mundos a los que viajar. “Bleach para técnicas espirituales y de espadachín… pero el nivel de poder es alto. Tal vez One Piece primero, para mejorar el Rokushiki y obtener una Fruta del Diablo… pero la debilidad al agua es un riesgo…”. Sabía que su entrenamiento con Koyuki era invaluable, pero necesitaban la presión de combates de vida o muerte, de enemigos que los forzaran a superar sus límites una y otra vez. La escuela era una jaula de oro, un lugar para planificar, pero no para crecer de verdad.
El final de clases llegó, y Rubén encontró a Koyuki esperándolo en la entrada de su salón. No se dijeron nada sobre el incidente con Goliath; los rumores ya habían llegado a él, y una mirada entre ellos fue suficiente para entenderlo todo. Tomados de la mano, con una naturalidad que ahora parecía desafiante, caminaron hacia casa. Por una vez, la habilidad de Pervertido con Suerte parecía haberse tomado un descanso, permitiéndoles un momento de tranquilidad. Las miradas que recibían ya no eran solo de envidia o curiosidad, sino de un respeto mezclado con temor. La pareja más enigmática y peligrosa de la Preparatoria Naranja se retiraba por el día.
Al llegar a casa, fueron recibidos por el casi terminado caos de la remodelación. El 90% de la obra estaba hecha, y la casa de los González parecía más amplia y luminosa. Después de una cena familiar donde los padres comentaban entusiasmados los cambios, Rubén y Koyuki se retiraron al patio trasero.
La noche había caído, y el aire era fresco. Sin necesidad de palabras, activaron su Nen. Pero esta vez, hubo una diferencia. En el brazo izquierdo de Rubén, una luz carmesí tenue pulsó, y un guantelete etéreo, casi invisible de puro sutil, se materializó alrededor de su mano y antebrazo. La Boosted Gear, en su estado de Twice Critical, estaba activa.
El entrenamiento comenzó. No era un combate feroz, sino un ejercicio de control y potencia concentrada. Rubén se movía con su Soru, pero cada golpe, cada bloqueo, estaba imbuido con el “boost” del artefacto. Duplicaba la potencia de sus ataques, pero el esfuerzo de mantenerlo activo y controlar la oleada de poder era extenuante. Koyuki, por su parte, era la roca contra la que se estrellaba ese poder. Su Ten experto brillaba sutilmente mientras absorbía y desviaba los golpes potenciados, su Danza de la Garza Escarlata adaptándose para contrarrestar la fuerza bruta duplicada de Rubén.
Durante dos horas, el patio fue testigo de un ballet de fuerza sobrehumana. Los sonidos de impactos sordos, el silbido del aire cortado y el resplandor tenue del Nen y la luz carmesí de la Gear se mezclaban bajo la luz de la luna. No hubo palabras, solo jadeos controlados, miradas de concentración absoluta y la satisfacción silenciosa del crecimiento mutuo.
Cuando finalmente se detuvieron, agotados y sudorosos, Rubén consultó su estado.
BOOSTED GEAR (Estado: Twice Critical) – Progreso de Despertar: 83%.
Estaban cerca. Tan cerca. Un día más de entrenamiento tan intenso como este, y cruzarían el umbral. Ddraig despertaría.
Pero mirando el reloj, y sabiendo que al día siguiente les esperaban otra vez las aburridas aulas, supieron que tenían que descansar. La escuela era una obligación, una máscara que debían usar. Pero aquí, en la privacidad de su patio, bajo las estrellas, eran quienes realmente eran: guerreros forjando su leyenda, un paso a la vez. Y el próximo paso, el despertar del dragón, estaba a la vuelta de la esquina.
El día siguiente en la Preparatoria Naranja transcurrió con una calma tensa y predecible. La ausencia de Goliath era palpable; su silueta solía ocupar espacio, proyectando una sombra de intimidación que ahora se había disipado, reemplazada por el rumor de su “caída” y la certeza, para aquellos que presenciaron el evento, de que había sido derribado por la fría y silenciosa Koyuki Akashi. Ella y Rubén pasaron el receso juntos, como era su costumbre ahora, una isla de tranquilidad mutua en el bullicioso océano escolar. Su conexión era evidente para todos, un vínculo que iba más allá del simple noviazgo adolescente, forjado en un yunque de batallas interdimensionales y sueños compartidos.
La caminata a casa fue igual de serena, sus manos entrelazadas. La habilidad de Pervertido con Suerte seguía en un inusual y bienvenido receso, permitiéndoles disfrutar de la simple compañía del otro sin interferencias cósmicas embarazosas. Pero debajo de la superficie de esa normalidad, una efervescencia de poder se acumulaba.
Al llegar a casa, después de una cena rápida con sus padres, quienes comentaban lo cerca que estaba la remodelación de terminar, Rubén y Koyuki se dirigieron al patio trasero con un propósito singular y urgente. El aire de la noche parecía cargado de electricidad estática, como si la realidad misma supiera que un umbral de poder estaba a punto de ser cruzado.
Sin preámbulos, Rubén activó su Nen. El familiar resplandor de su aura lo envolvió. Luego, concentrándose, invocó la Boosted Gear. Apareció primero en su estado de Twice Critical, el guantelete etéreo y tenue que duplicaba su poder. Pero esta vez, se sentía diferente. Era como agarrar un cable pelado; la energía fluía de manera más salvaje, más viva, ansiosa por liberarse.
“Está lista,” dijo Rubén, su voz un poco tensa por el esfuerzo de contener la marea creciente de poder. “Puedo sentirlo. Hoy es el día.”
Koyuki asintió, adoptando su posición de guardia. “Entonces no esperemos más.”
El entrenamiento comenzó. Fue más intenso que nunca. Rubén no se contuvo. Cada golpe, cada patada, cada uso del Soru, estaba imbuido con el “boost” de la Gear, pero ahora no era solo duplicación. Era como si la propia esencia del artefacto estuviera respirando, latiendo con él, aprendiendo de sus movimientos. Sudaba profusamente, sus músculos protestaban, y su reserva de estamina bajaba a un ritmo alarmante. Koyuki era un muro implacable, su Tekkai y su Danza de la Garza Escarlata desviando y contrarrestando cada ataque potenciado, forzándolo a ir más allá, a exprimir hasta la última gota de potencial del artefacto dormido.
A mitad del entrenamiento, durante un intercambio particularmente feroz, sucedió. Rubén lanzó un directo cargado con todo el poder que podía reunir. El guantelete etéreo de Twice Critical parpadeó violentamente, las líneas de energía carmesí se volvieron cegadoras y luego, de repente, colapsaron hacia dentro.
Un destello de luz carmesí envolvió su brazo izquierdo, tan brillante que Koyuki tuvo que proteger sus ojos. Cuando la luz se disipó, ya no había un guantelete etéreo.
En su lugar, un brazalete de un diseño antiguo y poderoso ceñía su muñeca, de un metal de un rojo oscuro y brillante como sangre coagulada. De él, escamas del mismo color, duras y orgánicas, se extendían por su antebrazo y el dorso de su mano, formando una protección natural que se fundía con su piel sin parecer incómoda. En el centro del dorso de su mano, incrustada en la “piel” de dragón, había una gema de un verde profundo y pulsante, como el ojo de una bestia ancestral. Era la Boosted Gear en su verdadera forma, un artefacto vivo y respirante.
Ruben jadeó, mirando su brazo transformado. La sensación era abrumadora. Ya no era una herramienta externa; era una parte de él. Un flujo constante de poder, bestial y primordial, circulaba desde la gema verde a través de todo su cuerpo. Accedió a su estado con asombro.
ARTEFACTO/LEGADO: BOOSTED GEAR (Estado: Despierto)
Portador: Rubén González. Anfitrión de Ddraig, el Dragón Emperador Rojo.
Habilidad Principal: Boost.
Efecto: Incrementa el poder del usuario en un 100% cada 10 segundos. El efecto se acumula.
Coste: 30 puntos de Estamina por cada activación de Boost.
Estado Actual del Usuario:
Estamina Máxima: 169
Boosts Disponibles (antes de agotarse): 5 (30 x 5 = 150 estamina, dejándolo al borde del agotamiento).
Habilidades Futuras: Balance Breaker (Juggernaut Drive) – BLOQUEADO (Requiere mayor sincronización y poder).
Descripción: El alma del Dragón Divino de la Supremacía Rojo reside en ti. Cuida de ese poder, muchacho. La destrucción y la gloria aguardan en tu camino.
Los números eran claros y brutales. Cinco boosts. Ese era su límite actual. Cinco explosiones de poder duplicado que podrían cambiar el curso de una batalla, pero que lo dejarían vulnerable, exhausto. Necesitaba desesperadamente aumentar su reserva de estamina o encontrar formas de recuperarla más rápido durante el combate. Los bonus pasivos de sus relaciones serían clave.
Su mirada se desvió a la pestaña de Relaciones de Caminante de Umbrales. Allí, junto a Koyuki Akashi (Rival Amante – Máximo) y sus padres, había una nueva entrada.
Ddraig (El Dragón Emperador Rojo) – Relación: Conocido (5%)
Bonus Pasivo por Relación: +5% Estamina Máxima, +5% Fuerza Física.
Era un comienzo. Un pequeño, pero significativo, aumento que ya estaba integrado en su estadística total de 169 de estamina. El potencial de esta relación era enorme. Si podía ganarse la confianza y el respeto del dragón, los beneficios podrían ser monumentales.
Koyuki se acercó, observando la Boosted Gear con ojos de guerrera y científica. “Es… magnífica,” murmuró, sin poder ocultar su admiración. “Se siente vivo. El flujo de energía es completamente diferente. Más denso, más antiguo.”
“Es Ddraig,” explicó Rubén, sintiendo el nombre extraño en su lengua. “El dragón sellado dentro. Está despierto.”
Ella asintió, comprendiendo la magnitud del momento. Se habían propuesto despertar el artefacto, y lo habían logrado. En un gesto espontáneo de orgullo y felicidad por él, se levantó de puntillas y le plantó un beso suave pero lleno de significado en los labios. “Lo lograste, Ruben.”
Él le devolvió el beso, un peso enorme levantándose de sus hombros. “Lo logramos,” corrigió, acariciando su mejilla. “Sin ti, no habría sido posible.”
Con el poder del dragón ahora plenamente manifiesto y su cuerpo al límite, decidieron terminar el entrenamiento. La fatiga los venció rápidamente, y esa noche, Rubén cayó en un sueño profundo e inquieto casi de inmediato.
No soñó con la escuela, ni con la Torre Celestial, ni con Koyuki. Soñó con un vacío. Un espacio infinito y oscuro, pero no amenazante. Y entonces, una voz resonó, no en sus oídos, sino en lo más profundo de su ser. Era una voz grave, poderosa, cargada de eones de sabiduría, orgullo y un poder que hacía temblar las mismas costuras de la realidad.
«¿Así que eres tú, mi nuevo anfitrión?»
Ante él, en la nada, una forma comenzó a materializarse. No era un dragón alado y escamoso como hubiera esperado, sino una inmensa presencia conceptual, una silueta de energía carmesí y plateada que evocaba la idea de “supremacía”, de “poder absoluto”. Dos ojos, del mismo verde brillante que la gema en su mano, lo observaban con una intensidad que podía desintegrar almas.
“Soy Rubén González,” respondió, su voz soñada firme a pesar del asombro. “Y tú debes ser Ddraig.”
«Así es. El Dragón Emperador Rojo. He observado tu sueño, tu mente. He visto los fragmentos de tu existencia.» La voz de Ddraig era como un terremoto mental. «Eres… un caso interesante. Un caminante de mundos. Un coleccionista de habilidades. Has forjado tu cuerpo y tu voluntad en una torre de locos, y has encontrado una compañera digna.»
Rubén sintió que sus memorias, sus experiencias en la Torre Celestial, su primera vida, su reencarnación, su habilidad, todo era escudriñado por esa presencia ancestral. No había invasión, solo una evaluación profunda y total.
«Disciplina. Determinación. Un potencial de crecimiento que trasciende los límites de un solo universo…» Ddraig pareció reflexionar. «Durante milenios, he estado sellado en este artefacto, pasando de un anfitrión a otro. Algunos fueron dignos, otros… patéticos. Tú… apruebo.»
Esas dos palabras, pronunciadas con el peso de una montaña, resonaron en el sueño. No eran un elogio vacío; eran un reconocimiento, un sello de aceptación de una de las entidades más poderosas de la existencia.
En ese instante, una notificación silenciosa apareció en la conciencia de Rubén, incluso en sueños.
RELACIÓN ACTUALIZADA: Ddraig.
Nivel Anterior: Conocido (5%)
Nivel Actual: Compañero (20%)
Bonus Pasivo Actualizado: +10% Estamina Máxima, +10% Fuerza Física.
El bono se actualizó instantáneamente. Rubén pudo sentir la diferencia, incluso en su forma onírica. Un nuevo manantial de resistencia y poder se abría dentro de él.
«Tu habilidad para viajar… es la clave,» continuó Ddraig, su voz ahora con un dejo de anticipación. «Hay mundos allá fuera con enemigos que harían que los dioses tiemblen. Mundos donde podremos poner a prueba este poder, donde podrás alcanzar el Balance Breaker, y quizás… incluso más allá. Descansa, Rubén González. Nuestra asociación acaba de comenzar. El camino por delante será largo y sangriento, pero promete una gloria que pocos pueden imaginar.»
Con esas últimas palabras, la presencia de Ddraig comenzó a desvanecerse, fundiéndose de nuevo en la oscuridad del sueño. Los ojos verdes se cerraron, dejando solo un eco de poder en el aire.
Ruben se despertó suavemente, justo antes del amanecer. No se sintió cansado, sino revitalizado. Miró su brazo izquierdo, donde la Boosted Gear descansaba invisible, pero la sentía, latiendo en sintonía con su propio corazón. Revisó su estado mental. La relación con Ddraig estaba efectivamente en 20%, y los bonos del 10% estaban aplicados.
Luego, su mirada se posó en el temporizador de su habilidad principal.
SISTEMA: CAMINANTE DE UMBRALES (Nv. 3 – 40%)
TIEMPO PARA RECARGA DE UMBRAL: 4 días.
Cuatro días. Solo noventa y seis horas lo separaban a él, a Koyuki y ahora al espíritu de un Dragón Celestial, de su próxima aventura interdimensional. El mundo de Dragon Ball Z era su base, pero ahora eran cazadores de poder, y el multiverso era su coto de caza. Con la Boosted Gear despierta y Ddraig como un aliado en su alma, Rubén González miró por la ventana el cielo que se aclaraba, y supo que nada volvería a ser igual. La escuela, los bullies, la vida normal… todo era solo el interludio entre actos de una epopeya que estaba escribiendo con cada elección, con cada batalla, con cada umbral cruzado. Y el siguiente acto estaba a punto de comenzar.
Estamos de regreso despues de una semana de descanso por enfermedad, vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
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