El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Vireen la Ciudad que Olvida Parte II – Las Pruebas del Agua
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11: Capítulo 11: Vireen, la Ciudad que Olvida (Parte II – Las Pruebas del Agua) 11: Capítulo 11: Vireen, la Ciudad que Olvida (Parte II – Las Pruebas del Agua) El mar mental de Vireen no tenía superficie.
Kael no supo cuándo había cruzado el umbral, ni cuánto tiempo llevaba sumergido.
El agua no era fría ni cálida, no se respiraba ni se tragaba.
Se sentía.
Como un recuerdo hecho líquido.
Como un sueño con peso.
—¿Rho?
—preguntó en su mente, pero no hubo respuesta.
Estaba solo.
La primera prueba llegó como un susurro.
Una sala se formó alrededor de Kael, hecha de agua suspendida.
El suelo era memoria sólida.
Las paredes eran escenas de su infancia, moviéndose lentamente.
En el centro, una figura lo esperaba: él mismo, pero más joven.
—¿Recuerdas esto?
—dijo la figura.
Kael asintió.
Era el día en que su hermano lo salvó de caer por un barranco en las afueras de la colmena.
Rael se lastimó, pero no lo dejó caer.
—¿Qué aprendiste ese día?
—Que no podía protegerme solo —respondió Kael.
La figura sonrió, luego se deshizo en agua.
“Aceptar la fragilidad te da fuerza.
Negarla te ahoga.” La segunda prueba fue más cruel.
Kael vio a su madre.
No como la recordaba, sino como era en sus últimos días: enferma, frágil, en una cama sin más palabras.
Pero esta vez… hablaba.
—¿Por qué me olvidaste primero?
—le preguntó, sin odio.
Kael cayó de rodillas.
—¡No te olvidé!
Solo… tuve que guardarte para no quebrarme.
—¿Y si me borras en Vireen, Kael?
¿Quién serás sin mí?
El agua subió hasta su pecho.
“No puedes luchar por el mundo si no recuerdas por quién luchas.” Kael alzó la urna.
El cristal brilló.
Su madre se disolvió en luz.
La recordaría.
Mientras tanto, en otro rincón de Vireen, Erion caminaba entre espejos que no reflejaban su cuerpo, sino sus errores.
Vio a su hermana gritando su nombre antes de perderse entre las mazmorras.
Vio la sangre en sus manos tras su primera cacería sin control.
Vio la mirada de un Buscador que lo suplicó… y al que él no escuchó.
—No puedes protegerla, Erion.
Nunca pudiste —dijo una voz que parecía suya.
—No lo sé —respondió él—.
Pero aún puedo proteger lo que ella creía.
En el núcleo de la ciudad, las pruebas convergieron.
Kael y Erion emergieron al mismo tiempo en una sala redonda, sostenida por columnas de agua pura.
En el centro, flotaba una esfera líquida.
No ardía.
No brillaba.
Solo palpitaba.
El Fragmento del Agua.
Pero antes de acercarse, una figura emergió de la esfera: una mujer sin rostro, con el cuerpo cubierto de corrientes transparentes.
Su voz era suave, eterna.
—Ambos han sido probados.
Ambos han olvidado algo… y salvado otra cosa.
Solo uno puede llevarme.
Kael y Erion se miraron.
Por primera vez, no compitieron.
Habían sentido la pérdida.
Habían ganado claridad.
—Divídete —dijo Kael.
—¿Otra vez?
—preguntó Erion.
La figura asintió.
—La llama los hizo luchar.
El agua los ha hecho fluir.
La esfera se dividió lentamente, y parte de su energía penetró las urnas de ambos.
No con violencia.
Con aceptación.
Ambos se arrodillaron.
Y entonces la mujer sin rostro susurró: “Quien recuerde, reconstruirá.
Quien olvide, destruirá sin saberlo.” La sala se derrumbó.
La ciudad liberó sus aguas.
Y Vireen los dejó partir… más vacíos, pero más claros.
Fuera, al pie del río, Rho y Kalzen los esperaban.
Sus ojos decían todo: Habían cambiado.
—¿Qué perdiste?
—preguntó Kael.
—Mi segundo nombre —dijo Erion—.
Y con él, algo de orgullo.
¿Y tú?
Kael miró la urna.
—No lo sé.
Pero si fue importante, sé que me encontraré con ello de nuevo.
Y entonces… lo recordaré.
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