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El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 Vireen la Ciudad que Olvida Parte I – El Descenso
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10: Capítulo 10: Vireen, la Ciudad que Olvida (Parte I – El Descenso) 10: Capítulo 10: Vireen, la Ciudad que Olvida (Parte I – El Descenso) El río estaba muerto.

O eso parecía.

Sus aguas eran negras, densas como tinta, pero reflejaban el cielo con claridad inquietante.

No había corriente ni sonido de corriente.

Solo un murmullo sordo, como si el agua respirara.

Kael y Erion llegaron a la orilla justo cuando el sol artificial de las tierras étericas comenzaba a declinar.

Rho olisqueaba el aire con nerviosismo.

Kalzen caminaba de lado, inquieto.

—¿Seguro que es aquí?

—preguntó Erion, mirando el agua inmóvil.

Kael asintió, sacando la Urna de Recuerdo del bolso.

—Aelya dijo que la entrada no era visible, sino sentida.

El fragmento del agua duerme en una ciudad sumergida… y esa ciudad elige a quién dejar pasar.

Como si respondiera a sus palabras, el agua comenzó a ondular.

No como cuando el viento sopla, sino como si una mente líquida se agitara desde las profundidades.

El suelo tembló.

Y desde el centro del río, una torre emergió lentamente.

Era circular, sin ventanas, cubierta de runas en espiral que brillaban en azul pálido.

El agua no la tocaba.

Parecía flotar dentro de ella.

—Esa es la puerta —murmuró Rho—.

Pero cruzarla es aceptar el precio.

Los cuatro subieron por una plataforma curva que surgió de la tierra.

Al llegar a la torre, colocaron sus urnas en unos nichos tallados.

Las puertas se abrieron con un sonido acuático: como una lágrima cayendo en un pozo profundo.

El interior era una espiral descendente de piedra húmeda, iluminada por luces tenues que se movían como peces.

Cada paso hacia abajo era más silencioso.

No porque no hubiera ruido.

Sino porque el sonido mismo parecía olvidar cómo sonar.

—¿Ya lo sientes?

—preguntó Kael.

—Sí —respondió Erion, tocándose la sien—.

Como si mis recuerdos se estuvieran desordenando… como libros que se caen de una estantería.

Pasaron junto a murales tallados en las paredes.

Representaban figuras humanas con rostros borrosos, entregando esferas de agua a estatuas sin nombre.

Algunos tenían bestias a su lado.

Otros estaban solos, hundiéndose lentamente.

En una sala intermedia, se encontraron con su primer signo del olvido.

Una mujer.

O lo que quedaba de ella.

Estaba sentada en una esquina, con el cabello pegado a la cara y la piel arrugada como pergamino húmedo.

Sostenía una piedra y murmuraba: —¿Kael?

¿Rael?

¿Erion?

¿Mamá?

¿Dónde están mis recuerdos?

¿Por qué no me devuelven mis recuerdos?

Ninguno de ellos respondió.

Rho bajó la cabeza.

—Es una Buscadora —dijo en voz baja—.

Una que no protegió lo suficiente.

Vive… pero no sabe por qué.

Kael sintió una punzada en el pecho.

Erion apretó los puños.

Más abajo, comenzaron a aparecer puertas selladas, cada una con un símbolo elemental grabado.

Algunas estaban abiertas.

Dentro, solo oscuridad.

Pasaron una que mostraba la runa del viento… y Kael se detuvo.

—¿Estás bien?

—preguntó Erion.

—No… pero sí.

Es extraño.

Acabo de recordar algo… y no sé si es mío.

—¿Qué?

Kael cerró los ojos.

—Un nombre: Thayra.

Pero no sé quién es.

Solo… siento que alguna vez fue importante.

Rho lo miró con gravedad.

—La ciudad ya ha comenzado a cobrar su precio.

—¿Y si no lo escribí en la urna?

—Entonces quizás Thayra se perderá para siempre.

Siguieron bajando.

Y bajando.

Las paredes ya no eran de piedra, sino de agua sólida.

Se veían dentro de ellas escenas difusas: niños entrenando con bestias, personas despidiéndose, guerras antiguas.

Al llegar al último umbral antes del núcleo, las luces se apagaron… …y una voz habló en el silencio.

No era humana.

No era bestia.

Era la ciudad misma.

“No deben entrar con certezas.

Aquí solo se sobrevive si aceptan olvidar.

¿Qué están dispuestos a sacrificar… para recordar lo que importa?” La puerta se abrió.

Y lo que había más allá no era una sala.

Era un mar.

Pero no uno que se nadara.

Uno que se cruzaba con el alma.

—¿Entramos?

—preguntó Kael.

Erion asintió.

—Pero antes… recordemos por qué vinimos.

Y ojalá eso sea lo que permanezca.

Los dos cruzaron el umbral.

Y Vireen los tragó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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