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El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 Eco Invertido
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15: Capítulo 15: Eco Invertido 15: Capítulo 15: Eco Invertido El amanecer apenas despuntaba cuando Kael, Erion y Naia cruzaron el paso de las Montañas del Susurro, un corredor angosto que los acercaba al Templo del Aire.

Los tres avanzaban en silencio, sintiendo el viento cambiar de dirección más veces de lo normal.

—Esto no es natural —susurró Naia, tensando la cuerda de su ballesta.

—El aire nos está guiando —dijo Erion, ajustando la lanza—.

O alguien lo está usando contra nosotros.

Rho se adelantó, olfateando la bruma que cubría el camino.

Kalzen, el león de fuego, gruñía bajo.

De pronto, el silencio se rompió.

Un sonido metálico, como un cristal quebrándose, resonó entre las montañas.

—Demasiado tarde —dijo Naia, girando de inmediato—.

¡Nos encontraron!

Desde las sombras surgió una figura alta y delgada, cubierta por una capa hecha de trozos flotantes de espejo.

Su máscara fractal reflejaba múltiples rostros… pero ninguno era el suyo.

A su lado, una bestia imposible: un lobo y un águila fundidos, con alas rotas que flotaban separadas del cuerpo y ojos sin pupilas.

Su presencia hacía que el aire se deformara, como si la gravedad estuviera rota.

—Fragmentados… —la voz del Heraldo era un eco múltiple—.

El Maestro los quiere enteros… pero no me importaría romperlos un poco antes.

Kael atacó primero, activando Sombra Espejo.

Dos réplicas suyas se lanzaron contra el Heraldo desde flancos opuestos.

Pero cuando las sombras se acercaron… se detuvieron en seco, congeladas en el aire.

—¿Qué…?

—jadeó Kael.

El Heraldo movió un dedo y las sombras se deshicieron como vidrio triturado.

—Vacío Gravitacional —susurró Naia—.

¡No lo enfrenten de frente!

Erion avanzó, lanzando una llamarada combinada con Kalzen.

Las rocas del paso se derritieron bajo el fuego… pero el Heraldo solo levantó la mano.

La llamarada fue absorbida en un remolino oscuro.

Desapareció.

—Toda esa fuerza… desperdiciada —dijo el Heraldo, girando la muñeca.

El fuego reapareció detrás de ellos, explotando contra la montaña.

Naia reaccionó rápido, usando a Zeyr, su halcón de viento, para desatar ráfagas cortantes.

Los vendavales rompieron el manto de espejos del Heraldo, revelando brevemente una figura humana cubierta de cicatrices negras, como quemaduras antiguas.

—¡Ahora, ataquen juntos!

—gritó Naia.

Kael y Erion asintieron.

Ambos corrieron hacia el Heraldo, mientras Rho y Kalzen atacaban desde abajo.

Durante unos segundos, la coordinación funcionó: la lanza de Erion atravesó uno de los espejos flotantes, Rho desgarró la pierna del monstruo bestial, y Kael logró una estocada que cortó el aire.

Pero el Heraldo no sangró.

En cambio, sonrió tras la máscara fractal.

Con un chasquido, activó su habilidad más letal: Eco Invertido.

El mundo se distorsionó.

Kael parpadeó… y frente a él apareció una copia perfecta de Rael, su hermano perdido, con una espada igual a la suya.

Erion vio a su hermana, con los mismos ojos llenos de determinación.

Naia vio a sí misma, cuando aún era miembro de la Orden, con la misma lanza manchada de vacío.

Las copias atacaron al unísono.

Kael dudó.

Su sombra falló al bloquear.

La copia de Rael le cortó el brazo.

Erion gritó al intentar no herir a la ilusión de su hermana.

Naia se paralizó.

—¿Cómo peleas contra lo único que deseas salvar?

—rió el Heraldo, mientras la bestia invertida se lanzaba sobre ellos.

Solo Rho reaccionó.

El lobo sombra se plantó frente a Kael, liberando la Tercera Fase.

—¡Kael, escucha!

—rugió—.

Esto no es tu hermano.

¡Es tu miedo!

Kael apretó los dientes.

Miró a la ilusión y, por primera vez, la atravesó sin piedad.

La copia explotó en cristales negros.

Erion, inspirado, hizo lo mismo con la ilusión de su hermana.

Naia destrozó a su eco invertido.

Las copias se deshicieron.

El Heraldo se tambaleó.

—Interesante… —murmuró—.

No están del todo rotos.

Antes de que pudieran contraatacar, la bestia del Heraldo creó una grieta en el aire.

Una puerta de vacío se abrió, y ambos desaparecieron entre la nada, dejando solo ecos resonando en el paso.

Kael cayó de rodillas, jadeando.

Naia y Erion apenas podían mantenerse de pie.

Sus bestias estaban heridas y el suelo destrozado.

—Eso… no fue ni la mitad de su poder —dijo Naia, limpiando la sangre de su lanza—.

Y hay siete Heraldos más… sin contar al Maestro.

Erion apretó los puños.

—Si no nos hacemos más fuertes, no duraremos ni un fragmento más.

Kael miró la montaña lejana donde se encontraba la Mazmorra del Aire.

Por primera vez, bajó la espada.

—Antes de seguir… debemos entrenar.

No solo subir de nivel.

Necesitamos aprender a pelear contra el Vacío mismo.

O la próxima vez… no habrá próxima vez.

El viento se llevó sus palabras mientras el sol caía.

Y la sombra del Vacío seguía creciendo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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