El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 El Guardián del Eco Perdido
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16: Capítulo 16: El Guardián del Eco Perdido 16: Capítulo 16: El Guardián del Eco Perdido Tras la brutal batalla con el Heraldo del Vacío, Kael, Erion y Naia se refugiaron en un valle oculto entre las Montañas del Susurro.
Allí, el viento no rugía con violencia ni cargaba con ecos del Vacío.
Era un aire puro, extraño… como si el lugar no perteneciera del todo al mundo fragmentado.
Naia los guió hasta una grieta estrecha cubierta de runas antiguas.
—Aquí vive alguien que la Orden cree muerto —susurró—.
Pero yo sé que no.
Dentro, encontraron una caverna iluminada por cristales flotantes y agua suspendida en el aire.
En el centro, sentado sobre una roca, había un hombre de cabellos blancos, piel marcada por cicatrices de éter, y un bastón hecho de metal vivo.
A su alrededor, flotaban fragmentos de armas oxidadas, como si el tiempo se negara a dejarlas caer.
El hombre los miró sin sorpresa.
—Así que la sombra original ha vuelto… y no viene sola.
—Su voz era profunda, calmada, pero cargada de una fuerza oculta—.
Soy Maelik, antiguo Guardián del Eco Perdido.
Antes del Desgarro… fui maestro de vínculos.
Kael dio un paso al frente.
—Necesitamos ser más fuertes.
Los Heraldos del Vacío… nos destrozan sin esfuerzo.
Maelik sonrió levemente.
—Eso es porque aún son Buscadores… pero no Vinculadores.
***** El entrenamiento del Vínculo Durante semanas, Maelik los sometió a un entrenamiento distinto a cualquier mazmorra.
No se trataba de escalar niveles ni recolectar fragmentos, sino de fusionarse más profundamente con sus bestias.
Kael y Rho: Aprendieron la técnica de “Oscuridad Viva”, una habilidad para envolver el campo de batalla en sombras que confunden los sentidos del enemigo, haciendo imposible copiar sus emociones.
Además, Rho alcanzó la Cuarta Fase, proyectando múltiples cuerpos físicos desde la misma esencia.
Erion y Kalzen: Maelik les enseñó la técnica de “Llama Purificadora”, capaz de quemar la energía corrupta del Vacío y sellar heridas de vínculo.
Kalzen evolucionó, cubriendo su melena con fuego azul, señal de que había tocado el Éter puro.
Naia y Zeyr: Redescubrieron el “Corte Celeste”, una habilidad perdida que permitía al viento atravesar dimensiones, útil para escapar de las cárceles gravitacionales de los Heraldos.
Maelik no solo entrenó sus cuerpos, sino sus mentes.
Cada noche los obligaba a entrar en trances de eco, viajes a través de recuerdos olvidados para entender quiénes eran y qué los ataba a sus bestias.
Kael revivió la voz de Rael; Erion enfrentó la sombra de su hermana; Naia volvió a ver su traición a la Orden… y su redención incompleta.
***** El límite de la fuerza Un mes después, durante la última prueba, Maelik los enfrentó a una ilusión colectiva: un Heraldo del Vacío completo, mucho más fuerte que el que habían visto.
Aunque pelearon con todo lo aprendido, aunque sus bestias brillaron con nuevos poderes, fueron derrotados.
Maelik los observó mientras se recuperaban.
—Ahora entienden —dijo—.
La fuerza del vínculo puede igualar a los Heraldos… pero no romperlos.
—¿Entonces qué nos falta?
—preguntó Kael, con frustración.
Maelik levantó su bastón.
—Necesitan el Artefacto de los Fragmentados, una reliquia creada antes del Desgarro.
Forjada para unir armas y bestias en un solo flujo de Éter.
Sin ella… ni siquiera con todos los fragmentos podrán desafiar al Maestro del Fin.
Naia apretó los puños.
—¿Dónde está?
—Perdida en las Forjas de Umbrael, una mazmorra que nadie pisa desde hace siglos —respondió Maelik—.
Para alcanzarla, primero deben fortalecer sus armas actuales, pues el artefacto solo se revela a quienes demuestren ser dignos de desfragmentar la corrupción del Vacío.
Maelik golpeó el suelo con el bastón.
Los cristales flotantes brillaron, y en el aire apareció una imagen: un yunque hecho de luz, custodiado por un coloso de metal y fragmentos.
—Encuentren el artefacto.
Funden sus armas y vínculos en uno solo.
Entonces… y solo entonces… podrán enfrentar la tormenta que viene.
Mientras partían del valle, el viento cambió.
En la distancia, se escuchaba un rugido metálico.
Las Forjas de Umbrael los esperaban… y con ellas, el primer paso para desafiar al Vacío.
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