El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 El Eco de la Primera Sangre
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2: Capítulo 2: El Eco de la Primera Sangre 2: Capítulo 2: El Eco de la Primera Sangre El silencio que siguió al combate fue más pesado que la batalla misma.
Las llamas sombrías se apagaban lentamente, consumidas por el último aliento del Éter Fragmentado.
A sus pies, Kael temblaba, con la espada aún extendida y el brazo sangrando.
Rho estaba a su lado, su pelaje de sombra chispeando con energía residual.
—Lo hiciste —dijo la bestia, su voz más suave, casi respetuosa.
Kael no respondió.
Su mirada estaba clavada en el lugar donde había aparecido el reflejo de su hermano.
Rael… ¿era solo un eco?
¿O una advertencia?
Un zumbido comenzó a llenar la cámara.
Los cristales de éter que decoraban las paredes comenzaron a latir, como si el mismísimo corazón de la mazmorra despertara.
Desde el centro del altar destruido, emergió una esfera flotante: pura, cristalina, pulsante.
Un Fragmento de Éter.
Rho se adelantó sin pedir permiso.
Con un leve movimiento de su zarpa, empujó el fragmento hacia Kael, quien lo atrapó entre las manos con cuidado reverencial.
El calor del fragmento era intenso, pero no quemaba.
En cambio, invadía su pecho como un recuerdo.
Su mente se inundó de visiones: el rugido de una bestia ancestral, la caída de una torre, y el sonido de miles de vínculos quebrándose a la vez.
—¿Qué es esto…?
—susurró Kael.
—Una memoria del mundo antes del Desgarro —respondió Rho—.
Cada fragmento contiene una verdad olvidada.
Pero también… un precio.
Kael se tambaleó.
La energía lo recorría por dentro como si cada célula de su cuerpo estuviera siendo reescrita.
Vio su brazo herido curarse en segundos.
Sintió el filo de su espada volverse más ligero.
Y al mirar a Rho, comprendió algo que antes no podía ver: una parte de su alma ahora palpitaba dentro de la bestia.
Estaban más unidos.
Más peligrosamente unidos.
—Has subido al Nivel Uno —dijo Rho solemnemente—.
A partir de ahora, el vínculo será más profundo.
Compartiremos dolor, hambre, sueños… y muerte, si uno cae.
Un ruido metálico interrumpió el momento.
Kael giró instintivamente, con la espada lista.
Una figura encapuchada descendía por la espiral del túnel.
No llevaba bestia visible, pero en su brazo brillaba un brazalete rúnico de ascenso.
Un Buscador.
—Vaya, vaya… no esperaba que alguien como tú activara esta cámara —dijo la figura con voz femenina—.
Pero ya que hiciste el trabajo sucio, espero que no te moleste que me quede con el fragmento.
—Ni lo sueñes —gruñó Kael.
La figura chasqueó los dedos, y del túnel emergió una criatura alada hecha de luz azul.
Una Bestia de Aire.
Ágil.
Letal.
—Te lo advertí —dijo Rho—.
La ascensión atrae sangre.
Kael se preparó.
La batalla aún no había terminado.
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