El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 Umbrael – La Prueba del Viento
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21: Capítulo 21: Umbrael – La Prueba del Viento 21: Capítulo 21: Umbrael – La Prueba del Viento Naia apenas sintió sus pies tocar el suelo cuando la columna de luz la liberó.
Un silencio extraño la envolvió.
Cuando abrió los ojos, estaba de pie sobre una plataforma suspendida en el cielo, sin nada a su alrededor más que nubes infinitas.
El viento soplaba en todas direcciones, a veces suave, a veces tan violento que casi la arrojaba al vacío.
A lo lejos, alas gigantes se movían como sombras entre las nubes, observando sin acercarse.
Zeyr, su halcón de viento, apareció planeando a su lado.
Las corrientes lo sostenían con facilidad, pero incluso él parecía nervioso.
Una voz metálica, con ecos familiares, rompió el silencio: —Naia Virel… la desertora.
Frente a ella, una ráfaga de aire tomó forma humana.
Era Naia… pero más joven, vestida con la armadura negra de la Orden del Vacío, con una lanza oscura en mano y una expresión fría.
—Eras su mejor cazadora —dijo la figura, con desprecio—.
Obedecías sin dudar.
Capturaste fragmentados, rompiste vínculos… ¿Y ahora pretendes redimirte?
Naia apretó los dientes, con el viento azotando su cabello.
—No pretendo nada.
Solo… dejé de servir a la nada.
La sombra sonrió con burla.
—¿O simplemente huyes?
Porque sabes que la oscuridad aún vive dentro de ti.
El suelo tembló.
De las nubes surgieron cientos de ecos de sus antiguas víctimas: fragmentados encadenados, bestias agonizantes, armas corrompidas.
Todas sus sombras la rodeaban, susurros acusadores: “Traidora… verdugo… desertora…” Zeyr chilló, intentando cortar los ecos con ráfagas de viento, pero cada golpe solo los multiplicaba.
La voz de Umbrael resonó: “El viento no huye… se eleva sobre lo que arrastra.
Para forjar tu vínculo… debes liberar tu propia tormenta.” Naia cayó de rodillas, las manos temblando.
—Nunca podré borrar lo que hice… nunca podré… Zeyr aterrizó frente a ella, mirándola con ojos firmes.
Un vínculo silencioso la atravesó: “No olvides… pero vuela más alto.” Naia respiró profundamente.
Se puso de pie, la lanza en sus manos brillando por primera vez con una luz clara.
—No borraré mi pasado —gritó al viento—.
Lo llevaré conmigo… para que nadie más caiga en la misma oscuridad.
Saltó al vacío.
El viento rugió, intentando devorarla.
Pero en lugar de caer, alas de luz plateada surgieron de su espalda, creadas por la unión con Zeyr.
Sus ecos se desvanecieron, disipados por una ráfaga tan poderosa que partió las nubes y reveló un cielo azul desconocido.
Cuando Naia despertó, estaba de pie frente al yunque.
Su ballesta ya no existía: en su lugar flotaba una lanza etérea, ligera y afilada, que vibraba con el poder del viento.
Zeyr volaba a su alrededor, sus alas dejando destellos de plata.
La voz de Umbrael habló: “Viento y portadora, inseparables.
La tormenta ya no esclaviza… ahora libera y corta las cadenas del vacío.
Has despertado la habilidad: Tormenta Celeste.” Naia tomó la lanza.
Podía sentir cómo el aire mismo la obedecía: podía abrir portales de viento, cortar la gravedad y moverse con libertad absoluta en medio de la batalla.
Miró a Zeyr y sonrió por primera vez desde que traicionó a la Orden.
—Ya no corro… ahora vuelo.
Zeyr respondió con un chillido triunfal que resonó en toda la forja.
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