El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 Umbrael – La Prueba de la Llama
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20: Capítulo 20: Umbrael – La Prueba de la Llama 20: Capítulo 20: Umbrael – La Prueba de la Llama Erion sintió el suelo desaparecer bajo sus pies cuando la columna de luz lo arrastró lejos de la sala principal.
Cuando volvió a respirar, estaba rodeado por un mar de fuego azul.
Llamas que no ardían, sino que parecían cantar, danzando en espirales infinitas.
Kalzen apareció junto a él, su melena brillando con destellos anaranjados.
El león gruñía, pero no por miedo: sabía que el juicio estaba a punto de comenzar.
Una voz femenina, suave y temblorosa, resonó desde las llamas.
—Erion… ¿me recuerdas?
Del fuego surgió la figura de una joven: cabello rojo, ojos llenos de sueños.
Era su hermana, exactamente como la última vez que la vio antes de perderla en las mazmorras.
Su corazón se rompió de nuevo.
—Lys… —susurró, con la voz quebrada.
Ella lo miró con tristeza.
—Me prometiste que estaríamos juntos en la búsqueda… pero cuando todo se derrumbó, solo yo me perdí.
Y tú… tú sigues cargando mi sombra sin perdonarte.
Erion cayó de rodillas.
Las llamas se cerraron sobre él, apretando su pecho como un peso insoportable.
—¡No pude salvarte!
—gritó—.
¡No pude protegerte… y cada fragmento que tomo me recuerda que fallé!
Kalzen rugió, lanzando llamaradas para romper el círculo de fuego, pero cada intento era absorbido por la voz de Lys.
—No puedes salvarme, Erion… —dijo ella—.
Pero puedes salvarte a ti mismo.
Las llamas se tornaron doradas.
Kalzen se adelantó y posó su gran cabeza en el hombro de Erion.
Su vínculo ardía con fuerza, exigiendo una decisión.
La voz de Umbrael habló desde lo alto: “La llama no destruye, transforma.
Para forjar tu vínculo… debes dejar arder la culpa y aceptar el renacimiento.” Erion apretó la lanza con ambas manos.
Miró a Lys una última vez, lágrimas ardiendo en sus mejillas.
—No puedo traerte de vuelta… pero puedo honrarte.
Prometo que mi fuerza será para proteger, no para huir del dolor.
Con un rugido conjunto de Erion y Kalzen, la culpa ardió.
Lys sonrió por primera vez en años… y se deshizo en fuego puro que envolvió a Erion y a su bestia.
Cuando despertó, Erion estaba de pie frente al yunque de Umbrael.
Su lanza flotaba en el aire, envuelta en un fuego azul brillante.
Kalzen, ahora más grande y majestuoso, tenía una melena dorada que iluminaba toda la forja.
La lanza descendió lentamente y Erion la tomó.
En cuanto lo hizo, sintió que el fuego se fusionaba con sus venas, conectándolo para siempre con Kalzen.
La voz antigua resonó: “Llama y portador, inseparables.
El fuego ya no consume… ahora purifica y renace.
Has despertado la habilidad: Llama de Renacimiento.” Kalzen rugió, liberando una llamarada azul que no quemaba, sino que llenaba el aire de energía sanadora.
Ahora podían canalizar el fuego para curar heridas, purificar corrupción y desatar ataques ardientes devastadores.
Erion levantó la lanza, mirando a Kalzen con una mezcla de orgullo y humildad.
—Ya no cargo tu pérdida, Lys… Ahora llevo tu fuerza.
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