El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 El Latido Bajo la Piedra
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27: Capítulo 27: El Latido Bajo la Piedra 27: Capítulo 27: El Latido Bajo la Piedra La grieta no parecía natural.
No era una simple fractura en la montaña.
Era una herida abierta, profunda, que descendía en espiral hacia la oscuridad.
Sus bordes no eran irregulares, sino curvos… como si algo desde dentro hubiera empujado la tierra hacia afuera.
Kael fue el primero en acercarse.
El aire desapareció a medida que descendían.
No viento, no eco.
Solo un silencio pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
—Esto… no se siente como una mazmorra —murmuró Naia, descendiendo con cuidado.
—No lo es —respondió Rho—.
Es más antiguo.
Erion apoyó su lanza contra la pared rocosa.
Esta vibraba levemente.
—Late.
Los tres se quedaron en silencio.
Era cierto.
Un pulso.
Lento.
Profundo.
Como un corazón enterrado.
El descenso tomó horas.
Las paredes cambiaron poco a poco: de roca negra a piedra gris, y luego a una superficie lisa, casi pulida.
Runas antiguas comenzaron a aparecer, talladas con una precisión imposible.
Kael pasó la mano por una de ellas.
—Esto no está erosionado —dijo—.
Es como si hubiera sido hecho ayer.
—O como si el tiempo no lo tocara —añadió Naia.
Rho se detuvo en seco.
—Esperen.
Todos lo sintieron al mismo tiempo.
Presencias.
No como los Portadores del Vacío.
Más… estables.
Desde las sombras emergieron figuras.
No llevaban máscaras.
No estaban corrompidos.
Eran humanos.
Pero sus ojos brillaban con una luz tenue, marrón dorada.
Sus cuerpos estaban cubiertos por grietas de piedra viva, como si la tierra los hubiera reclamado.
Uno de ellos avanzó.
—No debieron descender —dijo, con voz grave—.
Este lugar no pertenece a los fragmentados.
Erion tensó su lanza.
—Y ustedes sí, ¿no?
El hombre lo ignoró.
Su mirada estaba fija en Kael.
—Tú… —murmuró—.
Llevas demasiados fragmentos.
Kael dio un paso al frente.
—Buscamos el Fragmento de la Tierra.
El silencio se volvió más pesado.
Las figuras intercambiaron miradas.
—Entonces han venido a morir —respondió el hombre.
La pelea fue inmediata.
Los guardianes de piedra no se movían rápido… pero cada paso que daban hacía temblar el suelo.
Uno de ellos golpeó con el puño y una onda de choque recorrió la caverna, obligando a Kael a cubrirse.
—¡Son como Titanocernos… pero humanos!
—gritó Erion.
Kalzen rugió, lanzándose con fuego azul.
Las llamas impactaron, pero no quemaron.
Solo… se absorbieron.
—No funcionan los ataques directos —advirtió Naia.
Zeyr descendió en picada, cortando con viento.
Apenas logró agrietar la superficie de uno de ellos.
Kael cerró los ojos.
—No es fuerza… Activó Sombra Vinculada.
Su sombra se deslizó por el suelo… y al tocar a uno de los guardianes, sintió algo.
No hostilidad.
Dolor.
—¡Deténganse!
—gritó Kael.
Erion apenas alcanzó a frenar su lanza.
—¿Qué haces?
Kael se acercó lentamente a uno de los guardianes.
Este no atacó.
Solo lo observó.
—Ustedes no son enemigos… —dijo Kael—.
Están… protegiendo algo.
El hombre de piedra inclinó la cabeza.
—Finalmente… alguien escucha.
El combate se detuvo.
Las figuras se relajaron, aunque no bajaron la guardia.
—Somos los Custodios del Núcleo —dijo el líder—.
Fragmentados antiguos… que eligieron no ascender.
Naia frunció el ceño.
—¿Eligieron quedarse?
—No —corrigió—.
Elegimos resistir.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Resistir qué?
El guardián extendió la mano hacia el abismo.
—El despertar de la Tierra.
Los guiaron más abajo.
El camino se abrió hacia una caverna inmensa.
En el centro, suspendido sobre raíces gigantes de piedra, flotaba el Fragmento de la Tierra.
No brillaba como los otros.
Era pesado.
Denso.
Imponente.
Cada latido hacía temblar toda la caverna.
—No busca ser tomado —dijo el guardián—.
Busca ser contenido.
Erion miró el fragmento.
—Todos los fragmentos quieren ser reclamados.
—No este.
El guardián lo miró fijamente.
—Este fue el primero en caer… cuando el mundo se rompió.
Silencio.
Kael sintió su espada vibrar… pero no con ansia.
Con rechazo.
—¿Qué pasará si lo tomamos?
—preguntó.
El guardián no respondió de inmediato.
Luego dijo: —Despertará algo más.
El suelo tembló.
Más fuerte que antes.
Las raíces de piedra se tensaron.
El fragmento latió… una vez.
Dos.
Tres.
Y entonces… una grieta se abrió debajo de él.
Desde las profundidades, una mano gigantesca, hecha de roca y éter comprimido, emergió lentamente.
No era un guardián.
No era una bestia.
Era algo más antiguo.
—Demasiado tarde… —susurró el líder de los Custodios.
La mano se cerró sobre el vacío… y una segunda comenzó a emerger.
—Han venido justo a tiempo —dijo—.
Para presenciar el despertar del Guardián Primordial de la Tierra.
Kael apretó la espada.
Erion sonrió, aunque estaba agotado.
Naia alzó la lanza, el viento girando a su alrededor.
—Perfecto —murmuró—.
Ya me estaba pareciendo muy fácil.
La caverna rugió.
La criatura comenzó a levantarse.
Y con ella… la verdadera prueba apenas comenzaba.
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