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El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 26

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  3. Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 La Tormenta Bajo la Máscara
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26: Capítulo 26: La Tormenta Bajo la Máscara 26: Capítulo 26: La Tormenta Bajo la Máscara La salida de la Torre de los Cielos Fragmentados no fue silenciosa.

El torbellino que los expulsó se disipó con violencia, lanzando a Kael, Erion y Naia sobre una ladera de roca oscura.

El viento, antes libre, ahora estaba pesado… contaminado.

Rho fue el primero en reaccionar.

Su sombra se extendió de inmediato, detectando presencias.

—No estamos solos —gruñó.

Kael se incorporó, aún sintiendo el eco del fragmento del aire vibrar en su pecho.

Entonces los vio.

Las montañas estaban cubiertas.

Decenas de Portadores del Vacío avanzaban desde todas las direcciones, moviéndose como sombras vivas entre las grietas.

Y más arriba… tres figuras flotaban, inmóviles.

Tres Heraldos.

—Esto es una emboscada —dijo Naia, tensando su lanza.

Uno de los Heraldos descendió lentamente.

Su máscara blanca estaba fragmentada por grietas negras, y siete anillos oscuros flotaban a su alrededor, girando con una calma inquietante.

—Así que ustedes son los fragmentados del aire —dijo con voz tranquila—.

Pensé que serían… más impresionantes.

Kael dio un paso al frente.

—Ya derrotamos a uno de ustedes.

—Lo sé —respondió el Heraldo—.

Era débil.

Erion sonrió con cansancio.

—Entonces ven y compruébalo tú mismo.

—Vael Kyr —dijo la figura—.

Recuerden ese nombre… si sobreviven.

Uno de sus anillos salió disparado.

Kael apenas alcanzó a alzar la espada.

El impacto lo lanzó varios metros hacia atrás.

Sintió un tirón extraño en su brazo, como si su arma exigiera más de lo que podía dar.

—¡Ahora!

—gritó Erion.

Kalzen rugió, liberando Llama de Renacimiento.

El fuego azul impactó contra otro anillo, logrando desviarlo, pero no destruirlo.

La energía rebotó, obligándolo a retroceder.

Naia ascendió con Tormenta Celeste, lanzándose directo hacia Vael.

Su lanza atravesó su torso… …pero no había cuerpo.

—Demasiado predecible —susurró una voz detrás de ella.

Una onda invisible la golpeó.

Naia cayó de rodillas, llevándose la mano al pecho.

—¡Naia!

—gritó Kael.

—Silencio Eterno —advirtió Rho—.

Está rompiendo su vínculo con Zeyr.

Zeyr chilló, desorientado.

Erion no dudó.

Se lanzó con Kalzen envuelto en fuego azul, obligando a Vael a retroceder por primera vez.

Kael aprovechó el momento.

Cerró los ojos.

Activó Sombra Vinculada.

La oscuridad se expandió, cubriendo el terreno.

Esta vez no buscó atacar… sino revelar.

—Allí —susurró.

Rho emergió en tres direcciones.

Vael bloqueó dos ataques, pero el tercero lo obligó a moverse.

Kael apareció frente a él y lanzó un corte de sombra y viento que destruyó uno de los anillos.

Vael retrocedió un paso.

—Interesante… Naia respiró con dificultad.

El vínculo con Zeyr comenzaba a regresar.

—No puedo quedarme fuera —murmuró.

Cerró los ojos, sintiendo el viento.

Luego se levantó.

—Zeyr… ahora.

El halcón descendió en espiral y la rodeó.

La conexión volvió de golpe.

Naia alzó su lanza.

—Tormenta Celeste.

El viento se comprimió… y estalló en una línea cortante que atravesó el campo, rompiendo dos anillos más.

Vael dejó de sonreír.

—Ya veo.

Entonces levantó ambas manos.

Los Portadores del Vacío avanzaron.

Decenas de ellos.

—No podemos con todos —dijo Naia.

—Entonces abrimos camino —respondió Kael.

Erion clavó la lanza en el suelo.

—Perfecto.

Liberó una explosión de fuego azul que arrasó la primera línea.

Kalzen rugió, empujando a los Portadores hacia atrás.

Kael avanzó entre las llamas, fusionándose con Rho, cortando sombras huecas con precisión brutal.

Pero entonces ocurrió.

Un tirón.

Un vacío.

Kael se detuvo en seco, llevándose la mano al pecho.

—¿Qué…?

—La espada —dijo Rho—.

Está consumiendo más de lo que das.

Las palabras del guardián de Umbrael resonaron en su mente: “El Artefacto no forja… consume.” Naia lo cubrió con una barrera de viento.

—No pueden usar todo al mismo tiempo —dijo—.

Sus armas aún no están estables.

—Entonces terminemos esto rápido —gruñó Erion.

Pero el cielo se oscureció.

Los otros dos Heraldos descendieron.

Uno portaba una lanza negra cubierta de raíces muertas.

La otra, una mujer con cadenas flotando alrededor de sus brazos.

El aire se volvió pesado.

—Esto ya no es pelea —murmuró Naia—.

Es ejecución.

Kael respiró hondo.

Miró a Erion.

Luego a Naia.

Ambos entendieron.

Sin palabras.

Clavaron sus armas en el aire al mismo tiempo.

El sello del Juramento de Umbrael apareció sobre ellos, brillando con fuerza.

Vael dio un paso atrás.

—¿Qué están haciendo?

—Improvisando —dijo Kael.

El sello estalló.

Sombra, fuego y viento se fusionaron en una sola descarga que barrió la montaña.

Los Portadores salieron despedidos, la presión del vacío se rompió… incluso los Heraldos fueron obligados a cubrirse.

Pero el precio fue inmediato.

Kael sintió cómo algo dentro de él se apagaba.

No dolor.

Ausencia.

Erion cayó de rodillas.

Naia perdió altura por un instante.

—No podemos repetir eso… —jadeó ella.

—No… —respondió Kael—.

No podemos.

La montaña tembló.

Una grieta se abrió al este, separando el campo de batalla.

Un pulso profundo emergió desde las entrañas de la tierra.

Vael observó la fractura.

—La tierra ha despertado.

Miró a Kael.

—Nos veremos allí.

Los Heraldos se retiraron, llevándose a los Portadores.

El silencio que quedó fue pesado.

Kael respiró hondo.

Algo faltaba.

—Rho… —dijo en voz baja—.

Perdí algo.

—Lo sé —respondió el lobo—.

Lo siento… pero no puedo verlo.

Kael apretó la espada.

Miró la grieta.

—Entonces lo recuperaré abajo.

Erion se levantó con dificultad.

—Perfecto.

Más problemas.

Naia sonrió levemente, aunque estaba agotada.

—El siguiente fragmento nos espera.

Kael dio el primer paso hacia la oscuridad.

—Entonces descendamos.

Y en lo profundo de la tierra… algo antiguo comenzó a despertar.

El Fragmento de la Tierra los estaba llamando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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