El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 6
- Inicio
- El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter
- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 El Templo que Arde Sin Llamas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: Capítulo 6: El Templo que Arde Sin Llamas 6: Capítulo 6: El Templo que Arde Sin Llamas El viaje desde Umbra duró tres días y dos noches, aunque el tiempo parecía fluir de forma extraña en aquellas tierras corroídas por el éter.
Kael y Rho atravesaron bosques quemados, planicies de vidrio negro y una grieta que exhalaba vapor sulfuroso.
Todo indicaba que se acercaban a una zona de antiguo poder.
Finalmente, al amanecer del cuarto día, lo vieron.
El Templo de Fuego no estaba en ruinas, como Kael había imaginado.
Flotaba.
Suspendido sobre una caldera de roca líquida, sostenido por columnas de obsidiana que no tocaban el suelo.
El edificio tenía forma de estrella de seis puntas, y cada una ardía con llamas de distinto color: rojo, naranja, blanco, azul, negro… y una que no era color en absoluto.
Solo vacío.
—Lythan… —susurró Rho—.
El Guardián que desafió el alma humana.
Su fragmento no concede poder… lo purifica.
Y no todos sobreviven al fuego que revela su esencia.
Kael tragó saliva, pero no se detuvo.
Caminó por el único puente natural: una pasarela de piedra caliente que parecía cantar al ser pisada.
A cada paso, escuchaba sus propios pensamientos más oscuros.
Su miedo a fracasar.
Su culpa por la pérdida de su hermano.
Su odio hacia sí mismo.
Al llegar a la puerta del templo, un sello de fuego bloqueaba la entrada.
No era físico.
Era una barrera que reaccionaba a la voluntad.
Kael cerró los ojos y colocó la mano sobre el símbolo ardiente.
—No vine a quemar el mundo.
Vine a reconstruirlo.
La puerta se abrió sin ruido.
El interior del templo era un laberinto vivo.
Las paredes se movían, las antorchas flotaban, y el calor no venía solo del fuego: venía del éter mismo, latiendo como un corazón desbocado.
Kael caminó por pasillos que crujían bajo sus pies, cruzó puentes de brasas suspendidas y evitó trampas ilusorias hechas de memorias ardientes.
Rho estaba inquieto.
Por primera vez, el lobo sombra parecía sudar.
—Este lugar fue creado para probar la resistencia del vínculo —dijo—.
Pero también… su verdad.
De pronto, el camino se abrió hacia una cámara circular.
En el centro, flotaba una esfera de magma contenida por anillos de piedra runada.
A su alrededor, cinco estatuas humanas, todas con expresiones de dolor… o arrepentimiento.
Y frente a la esfera, había alguien.
Un joven de cabellos rojizos, con una lanza al hombro y una bestia a su lado: un león de fuego, rugiente, envuelto en llamas eternas.
—No pensé que otro hubiera llegado tan pronto —dijo el joven, sin voltear.
Kael levantó la espada lentamente.
—No busco pelea… aún.
El joven se giró, sonriendo con arrogancia.
—Entonces has venido a quemarte junto a mí.
Porque el fragmento de Lythan no se comparte… y solo uno saldrá con él.
Rho gruñó, y el león de fuego respondió con un rugido que hizo temblar el templo.
—Mi nombre es Erion Kaas, y mi vínculo ha ardido desde antes del Desgarro.
¿Estás listo para fundirte… o quebrarte?
Kael no contestó.
Dio un paso al frente.
El calor ya no le dolía.
Porque estaba listo para arder por lo que creía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com