El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 Arder sin Consumirse
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7: Capítulo 7: Arder sin Consumirse 7: Capítulo 7: Arder sin Consumirse El león de fuego rugió con furia, y el suelo de la cámara tembló.
El aire se volvió irrespirable, saturado por éter ardiente.
Las estatuas alrededor del Fragmento comenzaron a agrietarse, y los anillos de piedra que lo protegían giraban lentamente, como despertando.
Kael apenas tuvo tiempo de rodar hacia un lado antes de que una llamarada cayera como una lanza del cielo.
—¡Rho, ¡espejo ya!
—gritó.
La sombra de Kael se duplicó en el suelo, y su técnica Sombra Espejo se activó.
Dos versiones suyas aparecieron al instante, una corriendo por el flanco derecho y otra por la izquierda, mientras la real se desvanecía entre humo oscuro.
—Bonito truco… —dijo Erion, girando su lanza con una sonrisa feroz—.
Pero veamos qué haces con esto.
El león de fuego abrió sus fauces, y de ellas brotó una lluvia de brasas vivas —criaturas menores con forma de aves incandescentes que ardían con intención.
No solo quemaban: perseguían pensamientos inseguros.
Una habilidad llamada: “Fulgor Mental”.
Una de las sombras de Kael fue alcanzada.
Se desintegró al instante.
—¡No las enfrentes con duda!
—advirtió Rho—.
Esa magia devora emociones inestables.
Kael respiró hondo.
Se concentró.
Sintió el vínculo vibrar más profundo que nunca.
No podía ganar con fuerza.
Necesitaba avanzar… más allá de sí mismo.
—Rho —dijo con voz grave—.
Libera la Tercera Fase.
Los ojos de Rho brillaron con plata líquida.
Su cuerpo de humo se solidificó en un instante, tomando una nueva forma: Lobo Quimérico, una versión más corpórea, con patas flameantes y una cola que se deshacía en cuchillas de sombra.
Su nueva habilidad: “Oscuridad Cortante”.
Saltó hacia el león con una velocidad sobrenatural, atacando desde tres ángulos al mismo tiempo con sus proyecciones.
El león respondió con rugidos explosivos que hacían vibrar la cúpula.
Ambos se enfrentaban no como bestias… sino como antiguos ecos del Vínculo Primigenio.
Mientras tanto, Kael y Erion luchaban cuerpo a cuerpo.
Espada y lanza.
Fuego y sombra.
Magia contra voluntad.
Hasta que… ambos detuvieron su golpe final al mismo tiempo.
Las armas se cruzaron.
Ninguno empujó.
—¿Por qué no sigues?
—preguntó Erion, sudando, el brazo tembloroso.
—Porque no vine a destruirte —dijo Kael, jadeando—.
Vine a proteger esto.
Señaló el fragmento.
Erion bajó la lanza.
Respiró hondo.
Su bestia se detuvo también, retrocediendo.
En sus ojos ardía otra cosa: recuerdo.
—Yo también perdí a alguien en una mazmorra —dijo—.
Mi hermana.
Ella fue una de las primeras en intentar absorber dos fragmentos a la vez… y fue consumida.
Kael asintió.
Por primera vez, vio en Erion no un rival… sino un reflejo.
Ambos miraron el fragmento.
Los anillos que lo protegían se abrieron.
Lentamente.
Y la esfera ardiente se dividió en dos, como si entendiera el acuerdo.
Cada uno tomó una mitad.
Al contacto, ambos fueron rodeados por llamas que no quemaban, sino que revelaban.
Vieron el rostro de Lythan.
El rugido de su dragón.
La caída de las torres del sur.
Y una frase que ambos escucharon en su mente: “Quien porta la llama, no ilumina el camino.
Lo incendia.” Cuando el fuego se apagó, Kael y Erion se miraron.
—No tienes que venir conmigo —dijo Kael—.
Pero si alguna vez quieres algo más que venganza… —Ya la quiero —interrumpió Erion—.
Esta vez, buscaré respuestas.
No solo enemigos.
Ambos salieron del templo juntos.
No como aliados.
Aún no.
Pero tampoco como enemigos.
El vínculo estaba creciendo.
No solo entre humano y bestia… sino entre los fragmentados.
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