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El Yerno Millonario - Capítulo 15

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15: El Jardín Colgante 15: El Jardín Colgante Al salir de Tierra Rara, Charlie no se fue directo a casa.

Tenía planes más grandes.

Quería darle a su esposa una sorpresa completa el día de su aniversario.

El collar de jade era sólo el principio.

También quería compensarle la boda que nunca tuvieron.

En su momento, el patriarca Willson los había apresurado a sacar el acta de matrimonio, y la ceremonia quedó pendiente.

El anciano tenía intención de buscar una fecha favorable y organizar algo digno, pero poco después de que firmaron los papeles cayó gravemente enfermo y fue hospitalizado.

La boda se postergó indefinidamente.

Y cuando el patriarca falleció, Charlie ya era persona non grata en la familia Willson.

La boda pasó a ser un tema muerto.

Pero ahora tenía dinero.

Y estaba decidido a darle a Claire la boda que se merecía.

Lo primero que se le vino a la mente fue el Jardín Colgante del Hotel Shangri-La.

El Shangri-La era el mejor hotel de Aurous Hill por mucho.

Extensas instalaciones, decoración de lujo, y dentro un enorme centro comercial de primer nivel.

El Jardín Colgante ocupaba el piso más alto del centro comercial.

Su nombre no era exagerado: construido con cristal templado y adornado con flores frescas traídas en vuelo desde el extranjero, era literalmente un jardín suspendido en el aire.

El salón de banquetes más grandioso y exclusivo de toda la ciudad.

Una boda ahí costaba varios millones sin parpadear.

Varios millones.

Una cantidad que ya no le quitaba el sueño.

Si con eso ponía a sonreír a Claire, valía cada centavo.

Así que se plantó frente al Shangri-La dispuesto a reservar el Jardín Colgante.

Lo que no sabía era que el hotel operaba con sistema de membresías.

Comer, hospedarse, celebrar un evento: todo requería tarjeta de socio.

Y los servicios variaban según el nivel: Los socios ordinarios tenían acceso al comedor general y habitaciones estándar.

Los socios plata, a privados y cuartos de lujo.

Los socios oro, a privados exclusivos y suites.

Los socios platino, al Jardín Colgante y a las suites de alto nivel.

Y por encima de todos: los socios diamante.

Sólo ellos podían hospedarse en la suite presidencial.

Sólo ellos podían reservar el Jardín Colgante completo para eventos privados.

Además, a partir del nivel oro, la membresía no se obtenía con dinero: se requería un estatus social suficiente.

Charlie llegó a la entrada y dos hombres de negro lo detuvieron de inmediato.

—Disculpe, ¿su tarjeta de socio?

Charlie, con su pants Adidas de cuatro rayas que no valían doscientos pesos, desentonaba visiblemente entre los huéspedes que entraban y salían.

—Vengo a hablar con el gerente de cuentas para hacer una reservación.

—Lo sentimos, señor.

Sin tarjeta de socio no puede ingresar.

—¿Puedo tramitar una aquí?

—Las membresías requieren referencia de un socio activo.

No es posible tramitarlas directamente.

Charlie frunció el ceño.

Qué complicado.

Estaba pensando cómo resolverlo cuando le vino un recuerdo: cuando el patriarca Willson lo inscribió en la Universidad de Aurous Hill para que cursara el último año junto a Claire, tuvo una compañera de clase llamada Sabrina Lee.

¿No trabajaba ella en un hotel?

Sacó el celular y la llamó.

Le explicó la situación en pocas palabras y Sabrina respondió de inmediato: —Delegado Wade, deja ese asunto en mis manos.

Ahorita voy.

Charlie colgó con alivio y un poco de gratitud.

Sólo habían coincidido un año en la universidad, pero la amistad había sobrevivido.

Tendría que corresponderle el favor en algún momento.

Unos minutos después, la puerta del hotel se abrió y se escuchó una voz femenina: —¡Ay, delegado Wade!

Charlie levantó la vista.

Una mujer salía contoneándose, muy arreglada, con traje de oficina ajustado y maquillaje de película.

Le costó un segundo reconocerla.

¿Sabrina?

¡Cómo había cambiado!

Los dos guardias de la entrada se cuadraron al verla: —Buenas tardes, jefa Sabrina.

Charlie sonrió: —Sabrina, cuánto tiempo.

¿Ya eres jefa aquí en el Shangri-La?

¡Qué bárbara!

Sabrina se encogió de hombros con una sonrisa: —Tampoco te emociones tanto.

Soy jefa de área en recursos humanos.

Mandos medios, nada más.

—Eso ya es mucho.

El Shangri-La es muy exigente.

¡Felicidades de verdad!

Sabrina sonrió satisfecha.

Luego volteó hacia los dos guardias con el gesto endurecido: —¿Ustedes dos le cerraron la puerta a mi delegado de universidad?

Los guardias intercambiaron una mirada nerviosa.

Uno de ellos respondió: —Jefa Sabrina, no sabíamos que era conocido suyo.

Estábamos siguiendo el reglamento…

Sabrina chasqueó la lengua: —Las reglas son para los que no saben pensar.

¿Eso no lo aprendieron?

Charlie, incómodo, intervino: —Sabrina, no les eches la culpa a ellos.

Estaban haciendo su trabajo.

Sabrina lo miró un momento.

Y entonces algo cambió en su expresión.

La sonrisa se esfumó y fue reemplazada por algo más parecido al desprecio.

—¿Sabes qué, delegado Wade?

Creo que te estás tomando muy en serio.

¿De verdad pensaste que iba a meterme en problemas con mis empleados por hacerte un favor?

Charlie frunció el ceño: —¿Qué quieres decir con eso?

—¿No es obvio?

—Sabrina se cruzó de brazos con una sonrisita—.

Que alguien como tú no tiene nada que hacer en el Shangri-La.

Nunca.

¿Quedó claro?

Charlie apretó los puños: —¿Qué te pasa, Sabrina?

—¿Qué me pasa?

—Ella soltó una risita—.

¡Que me acordé de todo lo que me hiciste aguantar en la universidad!

Siempre con tu cara de delegado responsable, corrigiéndome los trabajos, haciéndome notas en mis calificaciones…

¡Y tú, que eras el don nadie más grande de la facultad, sin un centavo ni para comprarte un bolillo con todo!

¿Con qué autoridad te metías conmigo?

¡Por favor!

Charlie la miró en silencio un momento y luego dijo con calma: —Sabrina, creo que nunca te hice nada.

¿Por qué tanta rabia?

Fin del Capítulo 15

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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